¿Para qué sirven las remesas que llegan a Cuba?

Elías Amor Bravo economista 

El presidente Biden ha dado la orden a su Administración para que se realice un examen preciso de las remesas que se envían desde Estados Unidos a Cuba. El objetivo es determinar de qué forma pueden los residentes en Estados Unidos enviar dinero al país sin beneficiar con ello las estructuras del régimen comunista. La idea es que las remesas sirvan para proporcionar una mejor calidad de vida a los cubanos y no al régimen, una idea que tropieza con los hechos incuestionables.

La economía cubana está completamente controlada e intervenida por el estado, los factores de producción son de propiedad estatal y los resquicios que existen para el ejercicio privado son muy estrechos y complejos porque exigen recurrir a los mercados informales, por otra parte, en el punto de mira de la seguridad del estado.

En tal caso, este Grupo de Trabajo de Remesas creado por Biden, lo tendrá complicado para resolver el sudoku que permita "identificar la forma más efectiva de hacer llegar las remesas directamente al pueblo cubano", sin pasar por el control del régimen. Otros lo han intentado antes, y han acabado tirando la toalla.

De lo que no cabe duda es que las remesas que los cubanos residentes en Estados Unidos envían a sus familiares en la Isla se han convertido durante la pandemia, en el principal sostén de divisas de la economía cubana. Sin turistas, sin petróleo de Venezuela para reexportar, con los ingresos médicos estabilizados, sin inversiones extranjeras y exportaciones de bienes, el régimen ha ideado una serie de medidas para drenar ese flujo de remesas hacia las arcas del estado.

A cada paso dado por los mecanismos de control establecidos por la Administración de Estados Unidos para asegurar un correcto destino de las remesas, el régimen respondía con duras bofetadas, mostrando su absoluta oposición a perder el control del dinero que entra en el país por esta vía. Han sido meses de intenso pugilato, en el que nadie ha salido vencedor. Tan solo el pueblo de Cuba que tiene familiares en el extranjero se ha visto perjudicado por las medidas que se han adoptado, tanto de un lado como otro del estrecho de la Florida.

El tema de las remesas es bien conocido en la literatura económica y sus efectos, también. Por eso, el grupo de trabajo del presidente Biden haría bien en realizar una lectura previa de todos los trabajos publicados por The Havana Consulting Group en los últimos años, donde se da cuenta de la dinámica de los procesos económicos que se encuentran detrás de esta financiación.

A modo de resumen, les adelanto algunas conclusiones. Las remesas son necesarias para salir de situaciones de miseria para muchas familias cubanas, no se pueden capitalizar y/o destinar a negocios salvo casos contados, tampoco es fácil dedicarlas a la vivienda, porque no existe un marco jurídico para ello.

Las remesas tienden a ser gastadas en bienes de primera necesidad en las tiendas en MLC, y cuando alcanzan un cierto nivel, las familias las destinan a darse algún placer adicional, en restaurantes u hoteles de gestión privada, pero titularidad estatal. En general no suponen mejoras en los equipamientos domésticos, en el índice de motorización ni siguiera ayudan a financiar préstamos bancarios, por los precios y la inseguridad que genera su compra, casi siempre asociada a explicar de dónde sale el dinero.  Por todo ello, buena parte del dinero de las remesas se mueve en los mercados informales, tanto cambiarios como de bienes. Incluso en estas condiciones, el estado ejerce su control.

El ejemplo más evidente es que la economía comunista de Cuba ha sido preparada por el gobierno para detraer y drenar las remesas que llegan a los cubanos, pero es incapaz de generar valor añadido con las mismas. Por eso, las remesas en Cuba no han significado una mejora del desarrollo económico, del bienestar o desarrollo de la población, como ocurre en otros países, sino que generan un círculo vicioso de dependencia que, en absoluto, se puede considerar positivo para la economía nacional.

De lo expuesto, se puede concluir que el 80-90% de las remesas que llegan a Cuba acaban en manos del régimen recicladas para sus operaciones, casi siempre de gasto corriente improductivo. Es inevitable. El dueño de los activos productivos del país lo único que tiene que hacer es abrir sus manos para que le caigan los dólares. El control que ejerce el gobierno comunista sobre el sistema financiero y bancario es absoluto, los bancos de hecho funcionan como oficinas del estado con vínculos directos con la seguridad del estado como agentes de información.

Por otra parte, las comunicaciones y las nuevas tecnologías están igualmente bajo control estatal, porque igualmente son de su propiedad. Enviar dinero a Cuba por medio del sistema financiero y las nuevas tecnologías es colocarlo de manera directa en las arcas del estado, al que Biden no quiere beneficiar con las remesas. Si otros han fracasado en este empeño, ¿Qué posibilidades hay ahora de que el dinero de los cubanos que un día decidieron huir del país en que no querían vivir, sirva para el sostén del gobierno autoritario?

Las protestas que han sacudido la isla desde el 11 de julio pueden ser un argumento válido para avanzar en esta cuestión. La escasez crónica de productos básicos, las restricciones a las libertades civiles y el manejo deficiente por el gobierno de la Tarea Ordenamiento, unido al rebrote del coronavirus, ha incrementado los niveles de malestar social a cotas insospechadas, y el gobierno lo sabe. Su reacción, violenta y descontrolada, no ha sido la más indicada ante fenómenos de protesta social que se encuentran plenamente justificados por la situación económica. Ceder en posiciones numantinas en materia de reservas está al alcance de la mano porque el régimen las necesita.

Sin embargo, si nada se espera de un gobierno acostumbrado en 63 años a salirse con la suya, tal vez podría ser interesante un poco más de proactividad. Suspender las remesas por un tiempo hasta que se identifiquen los responsables de la represión de las manifestaciones, o detener cualquier envío hasta que no abandonen la prisión los más de 500 detenidos tras las protestas, puede ser una buena forma de empezar a jugar con pulso firme una partida que el régimen comunista tendría perdida de antemano.

Su dependencia de las remesas en las condiciones actuales en que Venezuela ya no puede cumplir sus compromisos es crítica. Vincular la continuidad de las remesas a unos pasos que el régimen nunca daría por iniciativa propia, puede ser una buena lección para que todos entiendan qué es lo primero y más importante en el marco de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.  Es la doctrina del palo y la zanahoria, que a los regímenes autoritarios poco dados a reformas les viene como anillo al dedo. Después ya habrá tiempo para facilitar un supuesto desarrollo de relaciones diplomáticas y consulares entre los dos países.

Si la Casa Blanca tiene éxito en su cometido, bienvenido sea. Todo lo que en este momento pueda contribuir a facilitar a los cubanos una transición a la democracia, las libertades y los derechos humanos, es fundamental. Alguien podría decir que las remesas son fundamentales para los cubanos que las reciben y tendría toda la razón. Pero la libertad, la democracia y el pluralismo político son fundamentales para todos los cubanos. Y ese es el mensaje que se tiene que trasmitir a la tiranía. A ver si lo quieren entender.  

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