Y ahora, ¿por qué no hay frazadas de piso en Cuba?

Elías Amor Bravo economista 

Hace unos días, este blog se hacía eco de una noticia en Granma que se refería a la falta de refrescos de lata en el país. Ahora publican otra información, en la que se da cuenta de la falta de frazadas de piso. ¿Y qué más da, si falta de todo o casi todo? La información de Granma sobre la escasez de este instrumento de limpieza fundamental para la higiene del país, vuelve de nuevo a utilizar como justificación que la mayor parte de la materia prima que utilizan las fábricas es importada, y dada la situación financiera de la nación, se impidió contratar las cifras de hilaza acostumbradas.

Otro ejemplo de la absurda centralización comunista de la economía. ¿Qué sentido tiene que una fábrica de frazadas de piso tenga que depender del gobierno para que le asignen divisas para comprar en el exterior su materia prima? ¿A quién se le ocurrió esa centralización absurda de las divisas en las arcas del estado, para que este luego decida en qué gastarlas y cuánto? ¿Cuándo se darán cuenta de que este sistema es absurdo y es el que provoca situaciones de carestía como esta, relacionada con las frazadas?

Pues esto es lo que representa el modelo económico comunista para la sociedad cubana. Una injerencia totalitaria sobre la actividad de los agentes económicos, estatales y no estatales, que impide a las fuerzas productivas de la nación prosperar.

¿Por qué no hay hilaza para fabricar frazadas de piso? Porque no hay divisas para comprar la materia prima que, además, viene toda del exterior.

Vayamos partes. Alguien podría plantear ¿Por qué no se producen las hilazas en la economía nacional? ¿Qué sentido tiene recurrir a productores de otros países para un insumo necesario en el país? ¿Es que acaso la hilaza es una tecnología tan avanzada que Cuba no puede acometer? ¿No habíamos quedado que Díaz Canel quiere innovación y desarrollo en todos los sectores? Entonces, ¿Qué impide que en la economía cubana se fabriquen las hilazas y por qué nadie, por ejemplo,  se ha acordado de incorporar en la cartera de oportunidades de la inversión extranjera algún proyecto de capital privado que resuelva esta carencia?

Muy sencillo. Nadie está pensando en este tipo de cosas. Y como consecuencia, las frazadas, que dependen de esas hilazas, desaparecen del mercado. Ya no es como resultado de precios topados, sino de falta de divisas para comprar la materia prima. Responsables identificados del desastre: la dirección del Grupo Empresarial de la Industria Ligera (Gempil); la Empresa Luis Augusto Turcios Lima, conocida por Sarex, entidad mayor productora de frazadas del país;  a la Empresa Universal del territorio y a algunas entidades municipales del Comercio.

Al parecer, las cuatro entidades que en la actualidad fabrican frazadas de piso en la nación: Sarex, en Villa Clara; la unidad empresarial Texoro, en Granma; la Hilandería Inejiro Asanuma, en Gibara, Holguín; y la Textilera Celia Sánchez Manduley, de Santiago de Cuba, alcanzan en su conjunto, en condiciones de plena capacidad, entre cinco y seis millones de unidades, de los cerca de 30 millones que demanda el país. Dicho de otro modo, la producción potencial de estas empresas apenas atiende un 20% de la demanda. Es decir, el sistema económico no se plantea alcanzar el mercado potencial que precisa el país sino que, en el mejor de los casos, dejará insatisfecho el 80% de la demanda. Increíble, el planteamiento.

Entonces vienen las justificaciones y pasar la pelota de unos a otros, sin que nadie ponga solución. Al parecer en 2021 “debido a la difícil situación económica que vive el país a causa de la pandemia y del recrudecimiento del bloqueo”, cómo no, el bloqueo es la culpa de todo, resultó que “de un plan de tres millones de frazadas, solo se lograron producir 2,4; de los cuales se entregó al Ministerio del Comercio Interior (Mincin) para la venta a la población, la exigua cantidad de 1.035.200”. La culpa es del bloqueo. A nadie se le ha ocurrido que la culpa es de un plan que, de forma sistemática, fracasa de año en año, por su pésima elaboración y peor ejecución. Sin el plan, las cosas podrían ir mucho mejor.

Y entonces, viene la segunda derivada. No solo el plan es deficiente y calcula mal las necesidades de la economía, sino que “la mayor parte de la materia prima que utilizan las fábricas es importada; y dada la situación financiera de la nación impidió contratar las cifras de hilaza acostumbradas”. Y todo el mundo se queda tan tranquilo con esta justificación absurda, desde el ministerio a la última de las empresas. 

En el fondo, nadie tiene qué preocuparse de nada. Si se tira hacia arriba en la jerarquía, llegarán las exigencias de responsabilidad a los dirigentes intocables, que están a salvo de cualquier responsabilidad, y después, siempre tendrán el bloqueo, que todo lo paga. Menos mal que en Granma han dicho algo que no debe pasar desapercibido y es que la producción no alcanza los niveles como consecuencia de la “obsolescencia tecnológica de todas las plantas, que tienen equipos que datan, en su mayoría, de la década de los 70 del siglo pasado”. 

Por aquí deberíamos haber empezado. Medio siglo de atraso tecnológico en plantas productivas puede provocar cualquier cosa. No es extraño que en la actualidad las tres fábricas de la región oriental están paralizadas, y solo produce la entidad villaclareña, y para colmo a esta empresa han adjudicado un plan de 900.000 frazadas para este año que no se sabe si podrá cumplir.

Y cuando toda la responsabilidad de lo que está ocurriendo toca a los máximos dirigentes del país, alguien dice que entre salud o educación y frazadas de piso, hay que “priorizar” la asignación de divisas, porque “la revolución está para atender las necesidades de los vulnerables y bla, bla, bla”. Y todo el mundo, tranquilo. En ausencia de empresarios privados que nunca  permitirían un atraso tecnológico como el descrito, y que gestionarían de forma eficiente las divisas obtenidas con sus empresas, los dirigentes comunistas se cruzan de brazos a esperar que las cosas mejoren, aunque saben que la oferta estará muy lejos de la demanda.

El escenario no puede ser más demoledor. Fábricas paralizadas, otras que tienen materia prima pero a las que les faltan otros insumos y no pueden producir, otras que se encuentran haciendo gestiones para comprar esos insumos, algunas que no saben qué hacer para atender los pedidos, en fin, una situación parecida al caos, en la que todo lo que ocurre y lo que puede ocurrir tiene un solo factor explicativo: el modelo económico social comunista. Mientras tanto como ocurría con los refrescos de lata, no hay frazadas de piso ni siquiera en las tiendas en MLC. No hay suficientes para atender la demanda y no pasa nada, los dirigentes asumen que si no se puede limpiar, ese es el menor de los problemas que tienen.

Ni innovación tecnológica, ni producción nacional de insumos, ni separación de funciones para que las empresas puedan gestionar sus propios recursos, ni libertad económica para no depender de los dirigentes comunistas; no hay el menor movimiento para resolver el problema. Solo queda la queja y culpar al bloqueo de todos los problemas, y así con cualquier producto o servicio de la economía. Lo peor de todo es que los comunistas creen que esto se puede arreglar con “la participación activa de los diversos actores económicos, en alianza con los gobiernos locales”. Lo que faltaba. Cuán equivocados están.


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