Las "ocho ideas" de Díaz Canel para los cuadros de las empresas

Elías Amor Bravo economista

Andando por Santiago de Cuba, Díaz Canel aprovechó para lanzar sus consignas relativas a la política de cuadros de las empresas y las organizaciones. Y dijo al respecto, “hemos sido críticos con el tema de los cuadros, pues se dan posibilidades de autonomía empresarial, pero son excepcionales los directivos que asumen una actitud creativa e innovadora para aplicarlas”. Lo mismo de siempre, culpando a otros de las torpezas y los errores propios.

Y, no contento con este tipo de mensajes, Díaz Canel expuso una serie de ideas que han sido recogidas por Granma y que vienen a confirmar que, con estos dirigentes y sus ideas, la economía cubana difícilmente saldrá del agujero en que se encuentra. ¿Por qué decimos esto? Vamos a ver las “ideas” de Díaz Canel para los cuadros. Cualquier estudiante de los primeros cursos de ciencias empresariales podría cuestionar fácilmente estas “ideas” del dirigente comunista.

Primera idea: “un director de empresa debe ser integral y dominar los pilares de Gobierno: ciencia e innovación, transformación digital y comunicación social”.

No. Un directivo tiene que ganar dinero de forma honrada, mediante un plan de negocio que responda a las directrices de un consejo de administración profesional y comprometido, y después, debe hacer viable y sostenible ese proyecto empresarial y actuar como líder hacia el interior y el exterior, para lo cual recibirá una recompensa económica previamente establecida en un contrato. Para todo lo demás, tiene equipos externos e internos que pueden ayudar.

Segunda idea: “un director de empresa tiene que ser exigente, con él mismo en primer lugar, y ser innovador, para que la empresa avance”.

Si y no. Será exigente consigo si existe algún motivo para ello. Si se pasa de exigencia consigo mismo, no revolucionará la organización, se quedará quieto esperando a ver y eso es malo. El empresario tiene que saber ir a la misma velocidad que la empresa, porque es él quien la conduce. Esa es la exigencia principal para innovar.

Tercera idea: “darles seguimiento a los jóvenes para formarlos como cuadros: esa es una responsabilidad de los directores de las empresas”.

Lamentablemente, Díaz Canel parece ignorar que el problema de cualificación más grave en estos tiempos que corren está en los trabajadores senior que tendrán que adaptar sus competencias a la digitalización y la cuarta revolución industrial, y en estos temas, los jóvenes están más cualificados. Para los jóvenes que aspiren a ser directivos o empresarios, lo esencial es la empleabilidad, poder emprender con libertad y sin trabas, y que se les ofrezcan carreras atractivas y bien pagadas.

Cuarta idea: “los directores de empresas deben tener capacidad para comunicarse con los jóvenes. No se les puede ver como un freno. Escuchémoslos, como las tan importantes personas que son en nuestra sociedad”

Si. Y también, por supuesto, deben comunicarse con todos los stakeholders de la empresa. Hay que escuchar a todo el mundo. Es pura demagogia hacerlo solo con los jóvenes. Además, Díaz Canel parece que no sabe que la política de comunicación de la empresa se tiene que especializar y segmentar para los públicos, internos y externos.  No todos los jóvenes piensan igual. Escuchar, sí, pero comunicando cosas que sean interesantes y útiles. Sobre todo a los jóvenes, sí.

Quinta idea: “los jóvenes son el futuro de la dirección del país. Hay que dejar que vivan sus epopeyas”.

Las epopeyas las viven todas las personas en Cuba, todos los días para poder comer algo o llegar al día quince del mes. Los jóvenes deben tener un horizonte claro para que no incurran en la tentación de huir del país. Sin ellos no hay futuro, ni tampoco dirección, ni nada que se parezca, pero no se les retiene dejando que vivan sus epopeyas. Eso es banal y absurdo.

Sexta idea: “necesitamos cuadros que sean proactivos y creativos, y no que esperen orientaciones «de arriba» para trabajar; cuadros con inquietud y sensibilidad revolucionarias”.

Lo que se necesita es gente que quiera realmente trabajar, porque al hacerlo tendrán la recompensa adecuada a su esfuerzo. Es decir, nadie hará nada si no está motivado. Quitar la obediencia ciega al de arriba sin más, provoca caos. Hay que definir de qué dependerá la productividad, lo que no se podrá hacer de forma general, sino específico para cada empresa y organización. Hay que ir olvidándose de boberías, como la “sensibilidad revolucionaria” que no llevan a ningún sitio.

Séptima idea: “no pueden existir cuadros apáticos, por eso ha sido tan importante vincular las empresas a los barrios: es parte de su responsabilidad social.

Pues claro que no. La apatía es el daño antropológico más grave que ha creado el régimen comunista cubano, pero no se corrige atendiendo a los barrios. Eso es un parche. La apatía de los cuadros se elimina fijando un sistema de responsabilidades basado en la autonomía y que avance hacia la consolidación de un marco jurídico estable para los derechos de propiedad privada.

Octava idea: “una empresa, para ser socialmente responsable, debe cuidar el medio ambiente y atender las vulnerabilidades de sus trabajadores”.

Y por supuesto, hacer muchas más cosas, y desde luego, funcionar y tomar decisiones sin que nadie diga lo que tienen que hacer, sino tomando aquellas decisiones que estimen convenientes en función del cumplimiento de su plan de negocio a corto, medio y largo plazo. Después, cuando las empresas ganen dinero y sean solventes, entonces hablaremos de la responsabilidad social.

Las ocho “ideas” de Díaz Canel para los cuadros no tienen desperdicio. Lo que es lamentable es que Granma las publique destacando. Alguien podría perder su empleo con este tipo de cosas. Viendo lo que dice el dirigente comunista cubano, no es extraño que la economía no funcione en la base, que son sus empresas, directivos y cuadros. Hay mucho que reformar en esa maraña que se ha creado en 60 años de marxismo leninismo. Casi nada sirve.

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