Seis años de parque científico y tecnológico de La Habana: nada que celebrar

Elías Amor Bravo, economista

Estamos cansados de leer en la prensa comunista cubana panfletos que hablan con tono grandilocuente de la innovación y los proyectos que se desarrolla en los parques científicos y tecnológicos. Pero lo cierto es que, ni siquiera estas actividades de alto valor añadido, sirven para mejorar las condiciones de vida de los cubanos de a pie, que contemplan todas estas informaciones como propaganda de escasa eficacia y eficiencia.

Surge inmediatamente una cuestión ¿Por qué la innovación en Cuba se encuentra limitada en sus efectos? Muy fácil. Porque el régimen solo permite que se atienda al sector estatal y público, y una pequeña cuantía al empresarial público. El resto de los agentes económicos que operan en el país ni se enteran de nada.  

Una nota en Granma se dedica a describir la actividad del Parque Científico Tecnológico (PCT) de La Habana, que según dicen, cerró 2025 con resultados que superaron las expectativas trazadas al inicio del periodo. Todo muy general y abstracto, aunque se reconoce que “el contexto económico del país anticipaba un escenario complejo”. Además, el Parque Científico de La Habana cumple este 4 de febrero su sexto aniversario y en Granma se le atribuye su papel de “pilar de la transformación digital en Cuba”.

Vayamos por partes que no es para tanto.

En ausencia de indicadores estadísticos fiables, cualquier información publicada en la prensa estatal comunista se debe interpretar en su justo término. Por eso, las declaraciones del presidente del Parque, Rafael Torralbas Ezpeleta, relativas al “sobrecumplimiento de los objetivos previstos” y la celebración por “alcanzar indicadores históricos para el Parque” se tienen que poner en cuarentena antes de dar credibilidad alguna.

Un primer dato, el Parque en seis años ha movilizado solo 128 proyectos de investigación. Si mal no calculamos, eso significa una media de 1,7 proyectos al mes. ¿Mucho, poco, sobrecumplimientos? Es igual. El problema es que toda esta tarea ha sido dirigida en exclusiva al sector estatal, público y empresarial, que es donde se acumulan los niveles más elevados de ineficiencia y baja productividad de la economía. De modo que el efecto tractor que estos proyectos tienen en la economía es nulo.

Segundo, de los 128 proyectos, tan solo 40 completaron su ciclo de ejecución y entregaron soluciones concretas, con resultados que, según dicen, "están generando impactos reales en la gestión de las entidades beneficiadas". ¿Y el resto? Pues ya se lo puede imaginar el amable lector de este blog, engavetado en cualquier sitio.

Lo cierto es que si algunos de estos proyectos (que incluyen, entre otros, soluciones para la “informatización de la Salud Pública” por el Centro de Informática Médica (Cesim), o en su caso, el proyecto “hogar inteligente de SMaBiT”, o igualmente la “plataforma web de comercio electrónico para la empresa Transtur” por Laberinto Tech, la automatización de la “línea de llenado de bolsas de soluciones para hemodiálisis” en la Empresa de Sueros y la modernización de un “fermentador en el Instituto Finlay de Vacunas” por EMSI FARMA S.R.L.) se hubieran canalizado hacia el sector privado, y no al estatal público, el impacto multiplicador de los mismos habría sido muy superior. Sería interesante saber cuantos puestos de trabajo se han creado con estas innovaciones y que retribuciones se pagan a los empleados, y seguro que los resultados tendrían otro color.

Tercero, otro de los logros según Granma es “la exportación de servicios, una línea estratégica para el Parque, que concretó en 2025 unos 15 proyectos en ejecución con clientes extranjeros, distribuidos en varios mercados”. Si pretenden ingresar más divisas con esta línea de actividad, es evidente que 15 proyectos no parecen un resultado a destacar y que se deberían potenciar más, haciendo los esfuerzos necesarios para ello. Nada se sabe del valor de las exportaciones, ni tampoco con qué entidades del exterior se han formalizado los negocios.

Cuarto, otro eje del trabajo del Parque durante 2025 ha sido la incubación de empresas de base tecnológica, conocidas como startup en otros países. Actualmente hay solo 40, una cifra insignificante, en este caso, la mayoría pertenecientes al sector privado, lo cual siendo relevante, tal vez no sea la opción más inteligente y adecuada, toda vez que esas empresas presentan una elevada mortandad en sus primeras fases y en este caso, una colaboración pública y privada habría sido una opción más interesante que permitieran sostener y desarrollar estas soluciones en el tiempo, para lo que se requiere que existan organizaciones que hagan sostenibles y escalables a esas startup y en Cuba, por desgracia, nada de eso existe.

Según Granma, las empresas “incubadas” en el parque reciben tres grandes beneficios. El primero incluye incentivos fiscales y tributarios, así como la exención del impuesto sobre utilidades durante los primeros cinco años, y la liberación de aranceles para la importación de bienes y servicios. 

El segundo comprende la infraestructura inmobiliaria y tecnológica, que pueden aprovechar las empresas que funcionan en el Parque y las que, sin asentarse allí, mantienen una relación funcional desde otros espacios de La Habana. En todo caso, este beneficio desaparece en el momento en que la empresa vuela libremente, y no parece que sea eso lo que buscan las autoridades del Parque.

El tercer beneficio incluye servicios de valor añadido, como la asesoría jurídica, la gestión de recursos humanos y la contabilidad y finanzas, o el caso de la representación comercial, con la que el Parque acompaña a las empresas en su inserción en los mercados nacional e internacional.

Y a pesar de todo esto, solo han surgido 40 empresas. Es evidente que hay algo que no funciona.

La razón es obvia. El Parque desarrolla funciones que no son propias de estas instalaciones en otros países, como "facilitar la captación de clientes, generar mayores niveles de confianza y asumir procesos complejos vinculados a la contratación, la legalidad de los mercados, la legitimidad de los clientes, la gestión de pagos y eventuales litigios". El Parque acaba siendo la mano del régimen que controla y dirige la dinámica de las empresas radicadas que, de este modo, difícilmente podrán ser libres y funcionar sin ataduras. En tales condiciones, el interés de las empresas puede ser limitado, nulo.

Y como cabría esperar, ¿sabe usted amable lector lo que el Parque se propone perfeccionar y diversificar en 2026? Si, usted lo sabe, pretenden apoyar el “modelo de acompañamiento a las empresas” antes descrito, que se puede calificar como intervencionista y castrista, ajeno a las necesidades reales de las empresas, y dirigido a controlar y dirigir a aquellas que superan su fase inicial y comienzan a posicionarse mejor en el mercado.

Esa vocación injerencista y controladora del Parque también se manifiesta en el objetivo de “impulsar el nacimiento de nuevas empresas de base tecnológica, incluidas aquellas que puedan surgir a partir de equipos de desarrollo existentes, con el objetivo de que determinados productos o servicios puedan evolucionar de manera independiente y sostenible”. Una vez más, los principales beneficiados de la actividad del Parque serán el sector público y estatal, y las empresas vinculadas a este conglomerado. Todo queda en la casa marxista y castrista. Nada nuevo.

De modo que La Habana cuenta con un Parque científico y tecnológico, pero no sólo por su bajo nivel de actividad, sino por su vocación intervencionista y controladora, solo ha logrado 128 proyectos en seis años y 40 empresas maniatadas. Nada que celebrar.

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