El comunicado de la cancillería de La Habana
Elías Amor Bravo, economista
En una entrada anterior de este blog ya se señaló que de la
Orden presidencial de Trump al régimen castrista, mucho más que las consecuencias
económicas del arancel por el suministro de petróleo, lo que verdaderamente preocupaba era el magnífico texto incluido en la Sección 1, donde se expone el
auténtico rostro del castrismo y la amenaza que supone para Estados Unidos y la
sociedad occidental.
Y después de algunos escarceos y ataques, buscando apoyos internacionales
que no han llegado, la cancillería de La Habana ha reaccionado este 1 de febrero a la Sección 1 de
la Orden presidencial de Trump con un Comunicado que tiene que ser contrastado en su
justo término.
A modo de resumen, el régimen comunista cubano anuncia su condena
al terrorismo a la vez que reafirma su cooperación en materia de seguridad y
lucha contra el lavado de dinero, así como una supuesta colaboración en diversas áreas con el
vecino del norte.
¿Tiran la toalla? ¿Acaso una oferta real de negociación a la Casa
Blanca para lograr algo? ¿Es la reacción lógica a la falta de apoyo internacional? ¿Hasta qué
punto el régimen de los hermanos Castro está tocado y casi hundido?
Hay que leer el comunicado de exteriores de Cuba, tanto entre
líneas como la debida profundidad, para concluir que, si La Habana condena
ahora de manera inequívoca el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones es
evidente que está intentando dar una respuesta conciliatoria a la Sección 1 de
la Orden presidencial, quizás para prevenir e intentar evitar una extracción
quirúrgica en La Habana como la practicada a Maduro el pasado 3 de enero. Debe
existir terror en la dirigencia comunista de Cuba de que ocurra algo parecido
que muestre de forma definitiva, la debilidad interna.
Otra línea del comunicado que se tiene que leer con detenimiento
es la que hace referencia a la reafirmación del compromiso del régimen comunista
cubano a cooperar con los Estados Unidos y otras naciones para fortalecer la
seguridad regional e internacional.
En cualquier otra época anterior, este comunicado sería
papel mojado y carecería de la más elemental credibilidad para justificar las
actuaciones internacionales del régimen, pero después de lo ocurrido en
Venezuela, y con los barcos de la sexta flota dando vueltas por el Caribe, el
hecho de que el régimen de La Habana declare categóricamente que no alberga, no
apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas, parece
más un reclamo agónico que cualquier otra cosa.
Frente a la verborrea tradicional de ataques encubiertos y
hostigamiento a Estados Unidos, el comunicado de la cancillería es mucho más
modesto e insiste que “nuestro país mantiene una política de tolerancia cero
frente al financiamiento del terrorismo y el lavado de dinero, y está
comprometido con la prevención, detección y enfrentamiento de actividades
financieras ilícitas, en consonancia con los estándares internacionales”.
Un sistema político y económico que ha implosionado se agarra
a cualquier tronco flotante con tal de ganar tiempo, pero la oferta de ser
cierta tiene muchos activos que Estados Unidos puede aprovechar en la lucha que
ha emprendido contra el narcotráfico a escala mundial.
Y para justificar la larga data del régimen con este tipo de
actividades se señala que “cualquier interacción pasada que haya involucrado a
personas posteriormente designadas como terroristas ocurrió únicamente en
contextos humanitarios limitados, vinculados a procesos de paz reconocidos
internacionalmente, a solicitud de sus respectivos gobiernos, de manera
plenamente transparente” lo cual se debe interpretar como un pliego de
descargos en toda regla, que el régimen quiere presentar a la Casa Blanca para
superar el articulado de la Sección 1 de la Orden presidencial.
Lo que pasa es que este tipo de argumentos tropiezan una y
otra vez con lo sucedido en la realidad, y por eso, el comunicado no dice la
verdad cuando afirma que “Cuba no alberga bases militares o de inteligencia
extranjeras y rechaza la caracterización de ser una amenaza para la seguridad
de los Estados Unidos. Tampoco ha apoyado ninguna actividad hostil contra ese
país ni permitirá que nuestro territorio se utilice contra otra nación”.
Sin embargo, la guinda del pastel llega un poco más adelante
y lo hace con un tono que difícilmente se recuerda en otros comunicados anteriores.
De hecho, el titular de la cancillería, en una de sus primeras declaraciones,
fue mucho más contundente y crítico. Ahora, y para que quede constancia para la
posteridad, La Habana declara estar “dispuesta a reactivar y ampliar la
cooperación bilateral con los Estados Unidos para hacer frente a amenazas
transnacionales compartidas, sin renunciar jamás a la defensa de su soberanía y
la independencia”. Si, y este mensaje no es para Obama, sino para Trump, lo que
no deja de ser más significativo.
¿En qué áreas pretende el régimen comunista renovar la
cooperación técnica con los Estados Unidos? Pues ni más ni menos que en áreas
que incluyen “la lucha contra el terrorismo, la prevención del lavado de
dinero, el combate al narcotráfico, la ciberseguridad, la trata de personas y
los delitos financieros”. Menudo regalo, añadiendo que se está en condiciones
de “fortalecer un marco jurídico para respaldar estos esfuerzos, consciente de
que cuando ha existido voluntad de las partes, se ha podido avanzar en estos
frentes”.
La Habana ha apostado por un comunicado conciliatorio de
alto nivel que tiene muchas aristas y que se debe interpretar con inteligencia
estratégica por la Casa Blanca. Al margen de que estamos asistiendo a una partida
de póker donde los jugadores son expertos en faroles de alto nivel, la
proclamación del régimen comunista diciendo que “el pueblo cubano y el pueblo
estadounidense se benefician del compromiso constructivo, la cooperación
conforme a la ley y la coexistencia pacífica” parece un giro de 180º en lo que
ha sido el devenir histórico de los últimos 67 años.
Y así, el comunicado finaliza proclamando, ni más ni menos,
que “Cuba reafirma su disposición a mantener un diálogo respetuoso y recíproco,
orientado a resultados tangibles con el Gobierno de los Estados Unidos, basado
en el interés mutuo y el derecho internacional”.
Al margen de que cada uno puede creer lo que quiera de este
tipo de enunciados grandilocuentes, el cambio experimentado en la comunicación
es muy significativo y así, de un tono beligerante, acusatorio y agitador que
apostaba en los primeros instantes por construir una base internacional de
apoyo al régimen cubano contra Estados Unidos, los mismos dirigentes comunistas
se han pasado a este descargo de 1 de febrero, en el que La Habana suplica a
Washington un espacio para hablar y pide la exoneración de sus responsabilidades. Cuidado con estos vaivenes.
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