El BCC sigue jugando al monopoly
Elías Amor Bravo, economista
No deja de ser curioso que la prensa oficial comunista nos entregue
un panfleto destacando las “experiencias positivas en operaciones con nuevas
emisiones monetarias”. Que nadie espere un artículo crítico, porque no lo
habrá. Pero es que incluso con este panegírico que nos regalan, haciéndonos creer
que ha sido un éxito la emisión de los billetes de alta denominación, es fácil
encontrar defectos que, obviamente, no se señalan en el artículo publicado
en la prensa oficial.
Como saben los lectores de este blog, porque fueron puntualmente
informados tan pronto como se conoció el anuncio por parte del Banco Central de
Cuba BCC, desde el 1 de abril ya circulan por la Isla, además de los billetes
que ya existen, otros de valor nominal superior, en concreto de 2.000 y 5.000
pesos respectivamente. Las autoridades justificaron la decisión, ciertamente
inesperada, por lo conveniente que podía ser contar con más opciones de papel
moneda para realizar las transacciones de mayor volumen en el cono monetario
cubano, al tiempo que se reforzaban los elementos de funcionalidad y seguridad.
Lo primero, como ya se expuso, tenía su origen en la persistente
inflación de dos dígitos, que ha multiplicado el IPC por 5 desde que se comenzó
a publicar en 2010 y por 9 en el componente de Alimentos. Los precios se han incrementado de forma notable y para
realizar determinados pagos se necesita un gran volumen de billetes de las denominaciones
más bajas.
Si solo fuera la inflación la responsable de esta decisión
del BCC ya habríamos acabado, pero hay más líos en todo este proceder. Y si no,
que pregunten al deteriorado peso cubano, en caída libre frente a las
principales divisas, que se ha depreciado un 95% desde 2021 cuando se fijó el
cambio ya olvidado de la tarea ordenamiento de 1 dólar US por 24 pesos. Solo
pensar que el billete de 5.000 pesos cubanos actual equivale a 10 dólares (al
cambio más reciente de 1 por 500) se tiene una idea de lo cortas que se quedan
las nuevas denominaciones planteadas por el BCC.
Y cómo no hay dos sin tres, la tercera pata de este desastre
monetario se encuentra en el agujero del déficit público que según el reciente
plan económico del gobierno se ha fijado en 74.500 millones de pesos, algo así
como el 7% del PIB, una diferencia entre ingresos y gastos del estado que se
tendrá que atender con la emisión de papel moneda (para esto pueden servir los
billetes de alta denominación, en todo caso, atender necesidades de estado).
Por ello, ante un escenario de grave crisis humanitaria y de
fracaso absoluto del modelo económico como el actual, fue realmente una sorpresa que el BCC se
lanzara a esta nueva aventura que, desde luego, va a tener mucho menos
recorrido que la tarea ordenamiento, por ejemplo.
No obstante, los dirigentes se han dado prisa en cumplir la
normativa y ya desde el pasado 1 de abril, varias sucursales del Banco
Metropolitano (Banmet), incluso las que no tienen electricidad para atender el
funcionamiento de los cajeros, empezaron a entregar a los clientes los nuevos
billetes de 5.000 pesos cubanos “como parte de su flujo diario de efectivo, formando
parte de las operaciones cotidianas en muchas instituciones bancarias cubanas”.
El tono de normalidad con que se quiere presentar esta medida contrasta con las
características que presenta.
El BCC de Cuba, en una nota, divulgada por la prensa oficial,
se auto felicita de la medida, y resalta “las expectativas, satisfacción o
comprensibles aprehensiones de la ciudadanía sobre el destino y efecto del
nuevo papel moneda se hacen sentir en las redes, foros especiales de debate y
en la conversación social cotidiana”, pero en modo alguno se refiere a qué
porcentaje representa cada uno de estos sentimientos colectivos. Mucho nos tememos que quienes muestran “expectativas
o satisfacción” acaben alcanzando porcentajes de incidencia social inferiores s
los que sienten algún tipo de rechazo por la aparición de estos billetes que,
para muchos cubanos, pueden llegar a ser intrascendentes. El rechazo está servido,
otra cosa es que el BCC o la prensa oficial lo reconozcan.
De momento, lo que parece que está sucediendo, y así lo
refleja el BCC en su nota, es que la gente conserva de forma mayoritaria “las
antiguas denominaciones más pequeñas de billetes” un comportamiento que muestra
la racionalidad y la prudencia de los cubanos a la hora de enfrentarse con las “aventuras”
de sus dirigentes bancarios, que casi siempre acaban mal, muy mal. Las
relaciones de los cubanos con el sistema bancario han sido traumáticas desde
las nacionalizaciones de los años 60 y de que el Che Guevara instaurase el
primer “corralito” de América Latina. Del mismo modo, la gente hace bien al
desconfiar de los “procesos de desarrollo y fiscalización de pagos digitales
dentro de la sociedad” mientras no se resuelvan los continuos apagones, y eso lo hacen de manera espontánea, según dice la nota
del BCC (y no yo) “manifestando alarmas ante la posible desaparición o
desatención de estos factores”.
Como cabría esperar, la prensa oficial no escatima su papel de propaganda
a favor del régimen, aunque sabe del rechazo social, y justifica que “otras
publicaciones en esos espacios, en contraste, resaltan los beneficios de contar
con más opciones dentro del actual cono monetario cubano, sus valores desde el
punto de vista gráfico y simbólico al centrar de forma inédita, dentro de la
numismática nacional, la imagen de patriotas cubanas y la funcionalidad, más
que todo, para nuevos actores económicos con manejo de grandes volúmenes de
efectivo y operaciones”. El tono grandilocuente de siempre, al que solo falta añadir
que, con estos nuevos billetes de alta denominación, se acabará derrotando el
embargo. Todo se andará.
Algunos testimonios recabados reflejan la animadversión de
la gente a este tipo de juegos de monopoly del BCC.
Se tiene la impresión de que esta emisión de billetes de
alta denominación no se ha calculado de forma acertada y puede haber más
demanda que oferta. Un testimonio recogido en la sede del BCC de O´Reilly
esquina Compostela, señala que “de los volúmenes dispensados para esa etapa
inicial dentro de la unidad, casi la totalidad había sido circulada en apenas
la mañana y el saldo general de nuestra pesquisa fue de positivo, por parte de
trabajadores bancarios y la población”. En todo caso, no se produjeron las "colas" a las que aspiraba el régimen, como ejemplo de una gran demanda social para los nuevos billetes. La asistencia de clientes, realmente, dejó mucho que desear en estos primeros instantes.
Un banquero de línea informó que, en su experiencia en el
primer día de manejo de las nuevas emisiones, observó a la población “aceptar
el billete bastante bien, sobre todo por quienes trabajan en mipymes, dados los
precios elevados que existen y los volúmenes de efectivo que se manejan”.
Parece que el régimen quiere que las mipymes van a ser el principal cliente de estas nuevas
emisiones monetarias pero parece evidente que, para el conjunto de la población, van a ser de
poco interés y no van a resolver los problemas.
Sobre todo, para aquellas personas que reciben unos ingresos en salarios o
pensiones muy bajos y teman dificultades para comprar productos de menor
precio. Lo que parece evidente es que, en la economía real cubana se sigue trabajando con billetes de valor nominal inferior, que son más que suficientes para atender los precios. Sin embargo, el testimonio del banquero se dirigió a resaltar lo
positivo de la medida, “reconozco que se simplifican mucho las operaciones, no
tienen las máquinas que contar grandes pacas de billetes constantemente. Todo
es más ágil para cajeros y clientes. Depende del tipo de cliente para aceptarlo
más o menos”. ¿Seguro que para clientes? Y los cajeros que cuentan los billetes,
si se va la luz, ¿Qué hacen?
El banquero también destacó las medidas de seguridad de los
nuevos billetes ya que “el papel se siente más ligero que en los antiguos
billetes, pero marcas de agua, hilos de seguridad, el elemento de la flor
nacional con efecto arcoíris, el relieve de la imagen central, le dan mucha
fuerza y valor a esta emisión”.
Un segundo testimonio recabado por la nota oficial, una
diseñadora, señaló que las nuevas denominaciones pueden ayudar a "agilizar las
operaciones bancarias", un criterio coincidente con las proyecciones del BCC. En
realidad, lo que opina la diseñadora no tiene nada que ver con “facilitar las
transacciones de efectivo, responder a las necesidades reales de la economía
(que demanda altas cantidades de dinero en circulación) y reducir los costos en
la logística y las operaciones monetarias”, que son los objetivos macroeconómicos
del BCC.
Mas sorprendente aún es que reconozca que los nuevos
billetes pueden ser una ventaja “para cajeros y contadores, porque un billete
de denominación alta implica menos manejo de efectivo, más rapidez en la
operación que se realiza y menos tiempo en el banco para el cliente”. No cabe duda que la diseñadora conoce bastante de la operatoria bancaria, sin duda alguna. Sin
embargo, hechas estas declaraciones, también dijo que “los billetes acaban de
salir y es muy pronto para decir qué efecto tendrán en la economía”.
Un tercer testimonio es el de una trabajadora de La Habana
Vieja, que dijo que “es una opción más para hacer trámites que antes no
teníamos y eso está bien. Quizá alguien lo encuentre incómodo a la hora de
efectuar compras sencillas y cotidianas, pero para una mipyme y otros negocios
puede ser beneficioso”. De nuevo, la mipyme como principal destinatario de la medida. También
la entrevistada resaltó, sorprendentemente, la seguridad. “La seguridad que
tienen los billetes es mayor en comparación a los que ya existían. Eso lo veo
bueno también, porque evita la falsificación y se logra un mayor control de
todo el efectivo”. Otra persona con amplios conocimientos de sistema bancario
que incluso señala que “creo que la campaña para divulgar esas características
entre la población funcionó muy bien y eso ha sido un elemento valioso para que
se puedan entender estas medidas”. ¿Qué campaña? ¿Qué características?
La nota del BCC en la prensa oficial concluye que esta no es “una medida rígida ni estática, por lo cual tendrá continuidad en los análisis que se realicen sobre su aplicación” y que “se extenderá por todo el país de forma gradual, por lo que el camino hasta ver su efecto absoluto en la dinámica monetaria actual a nivel de nación se conocerá más adelante, aunque desde ya aspira a efectos positivos para todos los actores”. Bueno, ya se verá, de momento no ha supuesto una gran expectativa, ni siquiera con los testimonios blanqueados por la nota oficial.
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