Las mipymes no deben caer en la trampa de las asociaciones del Decreto 114
Elías Amor Bravo, economista
Ha entrado en vigor el Decreto Ley 114, que establece el
marco para la regulación de las asociaciones entre entidades empresariales
estatales y no estatales. En este blog ya se dedicó una entrada al análisis de
esta norma y en ella se tuvo la ocasión de exponer con detalle los motivos por
los que no va a funcionar y acabará siendo un fracaso más. La afirmación principal
es que no es posible introducir reformas parciales en la economía comunista de
Cuba (y esta de las “asociaciones” lo es) si no se modifica el marco jurídico
general que rige las decisiones económicas y que está sancionado como único en
la constitución comunista de 2019.
Y como parece que los dirigentes comunistas son ajenos a esta
idea y siguen erre que erre creyendo que pueden lograr cambiar el entorno económico,
Marrero publicó en la red X un mensaje en el que reafirma que esta medida tiene
“el propósito de dinamizar la economía y propiciar una mayor articulación entre
los diferentes actores económicos”. Ni él se lo cree.
Apostar por asociaciones entre entidades
empresariales estatales y no estatales es no querer entender algunas cuestiones que se
establecen en la constitución de 2019.
Primera, artículo 27 que sanciona la absoluta primacía de la
empresa estatal socialista, entendida como “sujeto principal de la economía
nacional. Dispone de autonomía en su administración y gestión; desempeña el
papel principal en la producción de bienes y servicios y cumple con sus
responsabilidades sociales. La ley regula los principios de organización y
funcionamiento de la empresa estatal socialista”. Un enunciado que marca una
clara asimetría entre las empresas estatales socialistas y las no estatales, de
tal modo que estas, en cualquier asociación para crear nuevas modalidades de
negocios, siempre van a tener un papel de inferioridad y sumisión a la estatal.
Mal comienzo para avanzar en un proyecto de negocio.
Segundo, la norma reconoce que el sector privado de la
economía ha ido ocupando un lugar nada despreciable. Actualmente, las mipymes
suman 9.994 unidades mientras que las empresas estatales se han quedado en poco
más de 2.174. La diferencia es muy importante y denota un comportamiento desigual
entre unas y otras. Las mipymes generan
negocios rentables en todos los sectores de la economía, aunque no se les permite
crecer y escalar sus dimensiones. Las empresas estatales sobreviven a duras penas
con pérdidas y estructuras de ineficiencia desde la tarea ordenamiento. A ver a
quién en su sano juicio se le ocurre que ambas entidades avancen en su
integración con dentro del sistema empresarial. ¿No sería más razonable y eficiente auspiciar
la asociación entre las entidades no estatales para propiciar su crecimiento?
Tercero, el Decreto 114 no garantiza nada, ni mucho menos
que entidades estatales y no estatales se enlacen “de forma armónica y con la
mira puesta en el desarrollo del país y del sector estatal, prioritario y
principal en la economía”. Los gobernantes consideran que el sector no
estatal se debe conformar, en todo caso, con las migajas de desempeñar "un papel
más visible y una evolución gradual" que nunca llegará y se someterá a todo tipo
de controles y trabas. En realidad, y la experiencia lo indica, las dos entidades
en juego se mueven en espacios distintos, se dedican a actividades muy
diferentes, y la idea de que puedan ocupar un espacio “que deba ir gradualmente
siendo más sistémico, con la generación de alianzas y evitando las
discordancias” es solo un objetivo político que carece de experiencias
concretas en el ámbito económico. Forzar decisiones de esta naturaleza por la
vía de publicaciones en la gaceta oficial es una mala praxis del régimen comunista
cubano, y así le va.
En cuarto lugar, y volviendo de nuevo a la constitución de
2019, el artículo 18 establece los fundamentos económicos del sistema de la
economía socialista, basado en la propiedad del pueblo sobre los medios
fundamentales de producción como la forma de propiedad principal, y la
dirección planificada de la economía, que tiene en cuenta, regula y controla el
mercado en función de los intereses de la sociedad.
Con esos ejes básicos, una vez más al producirse la
interacción entre las distintas formas de propiedad estatal y no estatal en una
supuesta condición de similitud, no cabe esperar que ambos logren condiciones
similares y de equilibrio, con una preeminencia de los actores económicos
pertenecientes al ámbito estatal. El logro de equilibrio será imposible porque
la constitución, que es una norma superior a un decreto, no lo establece en
estos términos. Los actores no estatales siempre estarán en situación de
inferioridad.
De modo que los cambios que el régimen quiere dar al modelo
económico y empresarial no deben ir por esta vía, sino por la propia sustancia
de ese modelo regulado en el Título II Fundamentos económicos, de la constitución,
un corpus legal que tiene que ser transformado completamente para que la
economía funcione. El modelo económico y social que existe actualmente está
agotado y no sirve. Hay suficientes evidencias de que ello es así.
Los dirigentes lo saben, pero en pos de ganar tiempo como
sea, ahora promueven este Decreto 114 para las asociaciones económicas a ver si
sale algo, y al mismo tiempo, lanzan mensajes cruzados a las empresas y los
municipios, a los que se responsabiliza de que la economía no funcione. A las
primeras, porque no hacen uso de su autonomía (lo que es cuestionable) y a los
segundos, por un supuesto redimensionamiento del aparato estatal que conduce a
los municipios a gestionar cuestiones que incluyen la inversión extranjera y a
consolidar las asociaciones económicas entre el sector estatal y no estatal.
Conclusión. Desde que se introdujeron las tímidas reformas para fomentar el pequeño sector privado de la economía marxista leninista cubana, se han ido dando pasos tímidos y siempre bajo control para evitar que los actores privados puedan crecer. Y en este sentido, hay que señalar que el régimen ha tenido éxito, a la vista de lo ocurrido. De modo que en 2020 no había mipymes en la economía cubana y hoy operan 9.940. Y, sin embargo, la economía cubana en este mismo período ha caído alrededor de un 13% en su PIB y los precios medidos por el IPC han subido un 206%.
Pésimos resultados que indican
que la aparición del sector privado no ha servido para aumentar el crecimiento
económico, y el responsable de que ello haya sido así es el régimen que no
quiere actores privados boyantes y exitosos. El sector privado cubano se
encuentra atascado, sometido, controlado y reprimido por el estado, y esta
puerta que ahora se abre para asociaciones con el sector estatal es otra trampa
más en la que no conviene caer.
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