A propósito de los precios y la "tarea ordenamiento": algunos apuntes

 Elías Amor Bravo, economista

¿Cómo va a afectar la “tarea ordenamiento” a los precios en la economía cubana?

La respuesta a esta pregunta exige precisar, en primer lugar, los tres bloques de distribución comercial que existen actualmente en Cuba porque los efectos van a ser distintos en cada caso. A saber, el bloque normado, cuyas transacciones se realizan en CUP y que es mayoritario en el país; el segundo, el liberado, con transacciones en CUP y CUC al que recurre la población por las deficiencias del primero; y el tercero, de reciente aparición, que se desarrolla en moneda libremente convertible (MLC), con una orientación elitista hacia los que pueden tener acceso a los dólares.

Empezando por el primero, la devaluación del CUP supondrá un incremento de precios de productos y servicios importados, frente al que cabe actuar de dos formas. O se traslada el aumento a los precios finales, o se retiene el alza de costes manteniendo los precios, bajo el supuesto de un aumento de la demanda que compense la estabilidad de los precios (sobre todo, si se trata de bienes de demanda elástica). Dado que la mayor parte de productos que se distribuyen en el bloque normado se elaboran por empresas estatales dependientes del gobierno la decisión política del gobierno será determinante del resultado.

De hecho, muchos de estos productos y servicios del bloque normado ya son actualmente receptores de subsidios del presupuesto estatal y por ello, tienen un coste económico y social de grandes dimensiones, alrededor del 34% de los gastos del presupuesto se destinan a financiar las empresas estatales ineficientes. Si el gobierno decide mantener estables los precios o moderar su incremento a resultas de la devaluación, la dimensión de los subsidios deberá aumentar, lo que no parece factible dados los exiguos márgenes presupuestarios.

Si no se otorgan subsidios, las empresas estatales, para no desaparecer, tendrán que vender a precios más elevados y aparecerá la inflación (y ello sin tener en cuenta el impacto de las subidas salariales anunciadas) lo que acarreará menor demanda. Cabe suponer que el gobierno, abrumado por las consecuencias de este proceso, concentre su intervención en un reducido número de productos destinados a segmentos específicos de población, y libere más productos y servicios de la venta normada. Los días de la libreta están llamados a su fin, tras la devaluación.

En el segundo bloque, de precios liberados, destacar varias cuestiones. Primero, que las transacciones se realizarán solamente en CUP, al quedar como única moneda de curso legal en la economía. Esto tendrá dos consecuencias significativas. No será necesario acceder a CUC para poder comprar estos bienes y servicios a los que se tiene que recurrir porque la oferta normada es escasa. Y en segundo lugar, las deficiencias que se venían observando en las transacciones realizadas en CUC, se trasladarán sin solución a las que ahora se hagan en CUP. En principio, estos procesos no deberían suponer graves problemas, salvo los descritos anteriormente, con relación al impacto de la devaluación sobre la inflación interna. Los cubanos han ido perdiendo la confianza en el CUC, y si el gobierno respeta las condiciones de cambio tras la unificación, nadie tendrá que salir perdiendo del simple canje de papel. Eso si, los productos que antes se vendían en CUC pasarán a precios en CUP, con una nueva definición nominal más abultada, a la que están acostumbrados los cubanos, por operar durante dos décadas con las dos monedas.

Al tener acceso a productos más variados con la moneda nacional, se estimulará el consumo, y probablemente, también se promueva el crecimiento de la oferta, sobre todo de productos agropecuarios, pero este proceso estará condicionado, nuevamente, por el aumento de la inflación que puede reducir la capacidad de compra de los consumidores. El aumento de la inflación se dejará sentir en productos de demanda inelástica, de obligado consumo, como los alimentos, pero también en aquellos otros que se obtienen en empresas de bajo nivel tecnológico y que operan con altos niveles de subutilización de la capacidad productiva. Los productos que tengan que ser importados, y no cuenten con oferta nacional para su reemplazo, se encarecerán como resultado de la devaluación, y se trasladarán a los precios finales si son intermedios, o directamente al bolsillo de los consumidores.

En todo caso, este bloque de precios liberados podrá incrementar sus niveles de ingresos, y salir ganando para todos, si es capaz de atender con eficiencia, las debilidades del bloque normado. No conviene olvidar que los cubanos “resuelven” sus necesidades cotidianas acudiendo a este bloque de distribución de precios liberados, en que oferta y demanda tienen un papel clave en la fijación de precios. El mayor potencial de consumidores que ahora con CUP podrá acceder a este bloque será sin duda uno de los resultados más destacados del proceso, y solo se vería afectado si los incrementos de precios suponen pérdidas de salarios reales para la población. En cualquier caso, lo ideal sería que el gobierno se mantuviera al margen de intervenir en este bloque con sus instrumentos de precios controlados, centralizados o topados, ya que el éxito de las reformas pasa, precisamente, porque se activen los procesos libres de oferta y demanda.

El tercer bloque, formado por las tiendas en MLC, percibirá un incremento directo de los precios desde el primer instante de la devaluación, sobre todo, los precios de los productos importados, que son mayoría. Ahora bien, quienes reciban remesas y las utilicen para realizar sus compras en tiendas en MLC se mantendrán en la misma situación, sin pérdidas de poder de compra tras el impacto de la devaluación, porque sus ingresos del exterior aumentarán en la misma proporción que los precios. El problema lo va a tener, una vez más, los cubanos que solo perciben rentas, salarios o pensiones, en CUP y que necesitan cambiar a dólares para poder acceder a las compras de productos o servicios en las tiendas en MLC.

Si este fuera el caso, estos agentes económicos experimentarán una pérdida muy importante de su poder de compra, no solo por el alza de precios de los productos, sino por el impacto directo de la devaluación del CUP con respecto al dólar. El efecto combinado de estos dos efectos empobrecerá notablemente a los que solo perciben CUP y quieren acceder a las tiendas en MLC. Si se trata de emprendedores privados, su éxito dependerá de la posibilidad de trasladar a los precios finales los precios de los bienes intermedios más caros o de que puedan colocar parte de su producción en el exterior por vía de exportaciones. Pero, en cualquier caso, los consumidores finales se empobrecerán (por mucho que aumenten los salarios) y muchos no podrán comprar en las tiendas en MLC, lo que reducirá sus niveles de ingreso, con menos divisas para el gobierno.


Comentarios

Entradas populares de este blog

El mercado cambiario oficial: el fracaso ya viene llegando

Murillo y la Tarea Ordenamiento: la culpa es de otros

El castrismo ante la encrucijada del modelo de turismo