Hablando de economía, un domingo cualquiera (2ª parte)

 Elias Amor Bravo economista

Si se tratase de resumir con una solo idea todo el trabajo realizado por los diputados de la Asamblea Nacional en la comisión de asuntos económicos, y además un domingo, la respuesta es clara: perder el tiempo. Sinceramente, lo mejor que podrían haber hecho es pasar el día de descanso semanal con sus familias, en vez de escribir y, escribir en esas libretas, lo que da una sensación de alumnos aventajados de esos que no preguntan.

Díaz Canel trató de explicar con una serie de argumentos dudosos cómo piensa combatir la inflación (ver entrada anterior del Blog) y tras su intervención, Marrero volvió a la enésima utilización del bloqueo para justificar la baja improductividad de la economía cubana y de las empresas estatales. Según Marrero, ese es un problema de mentalidad, de quienes no quieren asumir los cambios, una verdadera transformación. Una nueva forma de aplicar el bloqueo para explicar los males de la economía cubana.

La transformación a la que Marrero hizo referencia es la necesidad de revisar el funcionamiento de las OSDE, organismos burocráticos que siguen sin encontrar un espacio para su inserción efectiva y eficiente en la economía. Y al mismo tiempo, por la lentitud en la implementación de las llamadas empresas filiales y las pocas mipymes estatales. Que todo eso funcione mal sea por culpa del embargo o bloqueo, ya no se lo cree nadie. Que cierren las OSDEs saldrán ganando.

También habló Marrero, ante los diputados, de la dolarización de la economía, y volvió a insistir en que “no es política del gobierno, pero reconoció la necesidad de abrir las tiendas en MLC”. Y para justificar lo que no tiene justificación, señaló que “ninguna entidad tiene la potestad de vender sus productos en MLC, y es algo que se va a revisar para encarrilar las cosas como están establecidas. 

Hemos identificado algunas empresas que comenzaron a vender productos online en divisas y eso afecta la venta en moneda nacional”. Tarde, muy tarde. Marrero sabe, y Díaz Canel también, que las tiendas en MC son una forma de paralizar el malestar social existente en el país, aunque por otro lado, sean incompatibles y contradictorias con el modelo de constitución comunista que rige el país. Se cierran las tiendas en MLC y punto. Ya veremos en qué acaba todo.

Marrero también resaltó que la inflación es un tema complejo, y dijo que se trabajará de forma prioritaria en 2022, siguiendo la estela de Díaz Canel. En este punto, citó la urgencia de reducir la cantidad de unidades presupuestadas.

Tras Marrero, intervino el ministro de economía Gil, que  habló a los parlamentarios una vez más sobre la inflación, prestando atención a su incidencia en la capacidad de compra del salario, que indicó que se encuentra por debajo de la planificada. Lo que no dijo es que esta circunstancia es responsabilidad del régimen y su pésimo diseño de la Tarea Ordenamiento.

Y por ello, el ministro señalo que corregir esta desviación es uno de los asuntos en los que se trabaja, además de otras medidas que no han tenido el resultado previsto en el ordenamiento monetario. Al mismo tiempo, se lucha contra la dolarización parcial de la economía entre las empresas estatales y la tendencia a que todo lo que se le vende al sector no estatal se haga en divisa. Procesos que están en la absoluta pérdida de confianza de la población en el peso cubano y su cambio con las divisas, solo asumible en las condiciones del mercado informal.

Interesante, el análisis realizado por el ministro relativo a ¿por qué ha aumentado la inflación? Como siempre, mal de muchos consuelo de tontos. La inflación es un fenómeno presente en la economía mundial, al que Cuba no está ajena, y que tiene entre sus causas la ralentización de las actividades económicas, que genera una contracción de la oferta. Bueno, eso será en Cuba, porque en la mayor parte de los países del mundo, lejos de contracción de oferta se asiste a un proceso de intensa reactivación económica que está precisamente en el origen de la inflación. En Cuba, en medio de recesión desde el segundo semestre de 2019 la inflación alcanza un 69,5% de tasa interanual hasta noviembre. El ministro no dijo por qué estas diferencias.

Se limitó a explicar que se ha puesto dinero en circulación sin respaldo productivo. En Cuba, por ejemplo, se destinaron más de 2.000 millones de CUP para proteger a trabajadores interruptos temporalmente ante el cierre de actividades. Pero estas políticas de gasto se han aplicado en todos los países para atender la paralización de actividad por la pandemia, pero no han tenido los mismos efectos negativos sobre las economías. Habrá que averiguar por qué en Cuba ocurre lo contrario.

Y del crecimiento exorbitante de los costos de importación se puede señalar lo mismo, se trata de un fenómeno global de incidencia para todos. No deja de ser curioso el dato ofrecido por el ministro de que Cuba tenga casi 10.000 contenedores de mercancías en distintos puertos, porque no hay navieras. Otras no quieren trabajar con Cuba por el bloqueo y porque se han incrementado los fletes de los buques. La cuestión es que hay que pagar para recibir el servicio y nadie da nada gratis, es lo mismo que el petróleo, donde Cuba no tiene acceso a los mercados internacionales de suministro. 

El ministro acaba señalando que todo este aumento de los costes que se traslada a los precios, es lo que provoca la inflación en Cuba, como otros países, pero con algunas diferencias. 

Y en este punto, el de las diferencias, el ministro Gil trató de explicar ante los diputados qué es la inflación, que definió como “crecimiento generalizado y sostenido de los precios en un periodo determinado” para afirmar que en el caso de Cuba, “ciertamente no sucede así, porque hay precios que no tienen variaciones y son básicos, como el de la electricidad, los combustibles, la canasta familiar normada, la tarifa del agua y la del gas”. Y precisamente, al ocurrir esto es porque se distorsionan los precios relativos que provocan desajustes en los mecanismos de asignación de recursos como está ocurriendo actualmente en Cuba. Por lo tanto, el mal aumenta de gravedad por esa combinación fatal de precios más o menos libres con otros controlados o topados.

En este punto, el ministro dijo que la diferencia principal de la inflación en Cuba viene motivada porque en los precios de oferta y demanda, porque hay mucha ilegalidad, reventa y especulación, lo cual es preciso combatir. Una línea de pensamiento ya expuesta por Díaz Canel que busca la delación y el enfrentamiento entre los cubanos, cuando esas ilegalidades se deben al modelo social comunista implantado en el país que obliga a mucha gente a incumplir normas y procedimientos que, de aplicarse al 100%, estarían provocando la hambruna en el país.

El ministro dijo que hay que tener más oferta para luchar contra la inflación, pero como “el país priorizó la salud por encima de la economía” no se pudo conseguir. Una diferencia grave de la economía cubana porque en otros países también se priorizó la salud, y no hubo el derrumbe de la producción. Es evidente que el modelo es lo que no funciona pero ninguno de los asistentes se atrevió a decirlo.

Ese miedo de los diputados a hablar con libertad se produce porque en Cuba cuando alguien critica a las autoridades, se le acusa de lanzar “campañas difamatorias”, que deben ser reprimidas. Esto es como el ministro calificó la declaración de su antiguo colega Murillo cuando afirmó en la Asamblea que la inflación en Cuba está al 6.900% que en absoluto es una difamación, sino un dato real de los mercados informales, que está provocando como efecto la urgente necesidad de una devaluación del peso cubano.

Finalmente, el ministro acabó situando la inflación de 2021 por encima del 70% para advertir a los diputados que sería contraproducente seguir subiendo el salario, porque en el corto plazo los precios se comerían ese crecimiento salarial, si no va acompañado de un aumento de la productividad, tal y como provocaron con el lanzamiento de la Tarea Ordenamiento. Han aprendido la lección. Y acabó señalando que hay que incrementar la oferta, no con más importación, sino con más producción, trabajando eficientemente. Y en eso estamos enfocados, para lo cual se aprobaron las mipymes, se amplió el trabajo por cuenta propia y las cooperativas, que generan empleo, bienes y servicios. Si con eso fuera suficiente, todos podríamos estar contentos. Pero no basta. Hay que avanzar de forma decida en las reformas estructurales de la economía. Y cuanto antes.

No es cierto que la economía cubana haya entrado en una fase de reactivación gradual. Los datos no lo confirman. La economía hasta octubre cayó un -1,2% respecto al mismo período del año anterior, a pesar de que ya se han removido todas las restricciones del COVID-19. No se puede aceptar la previsión de crecimiento del PIB en 2021 de un 2% como hizo el ministro porque ello supondría crecer más del 6,5% en el último trimestre de 2021 y eso es imposible a la vista de como están funcionando los sectores.

El ministro debó reconocer que Cuba no logra romper la tendencia decreciente de los dos últimos años bajo su dirección económica, y que tendrá muy difícil lograr el 6% previsto en el plan de 2022. Si realmente se hubieran producido las transformaciones y decisiones que exige la economía, se podría apostar por un futuro de mayor prosperidad, pero la obcecación con el modelo social comunista llevará a la economía a nuevos mínimos, sin posibilidades de recuperación.  En ese sentido, los objetivos priorizados del plan de la economía para 2022 son los mismos de años anteriores, 

  • Avanzar hacia un proceso de estabilización macroeconómica, en la recuperación del papel del peso cubano como centro del sistema financiero, y en la racionalidad de los precios. 
  • Estabilizar el sistema electroenergético nacional. 
  • Atender a personas, hogares y comunidades en situación de vulnerabilidad, eliminando los enfoques asistencialistas. 
  • Transformar el sistema empresarial estatal. 
  • Descentralizar las competencias de los municipios, para impulsar el desarrollo territorial. 

Todo muy genérico y sin las necesarias concreciones, además que muestran importantes contradicciones. Y las estimaciones formuladas por el ministro son excesivamente optimistas.

Se espera un crecimiento de las exportaciones de bienes y servicios (900 millones de dólares más), con números positivos en rubros como el níquel, tabaco, azúcar y productos biofarmacéuticos y la recepción de unos 2.5 millones de visitantes internacionales. Será difícil viendo cómo se está comportando el COVID-19 en los mercados de origen.

El ministro espera, finalmente, que las importaciones crezcan, y del total, casi el 45% se corresponde a alimentos y combustibles, pero esto dependerá de la capacidad financiera de la economía y Cuba sigue sin honrar sus compromisos de créditos con los acreedores internacionales. Mal asunto en todo caso.

 

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