El Minal cubano: construyendo la casa por el tejado

Elías Amor Bravo economista

La situación alimentaria no va bien en Cuba. Las informaciones que llegan de la isla son alarmantes: colas, escasez, precios descontrolados, una canasta que no llega ni a una semana y con productos de pésima calidad. Y el caso es que los dirigentes se temen que puede ir a peor. Solo así pueden entenderse sendas notas en la prensa estatal que abordan esta cuestión. En Granma, se titula “Suficiencia y solvencia: urge que la industria alimentaria abastezca el mercado nacional y exporte” y en su paralelo, Cubadebate, “Ministro de economía instó a priorizar dentro de la inversión extranjera la producción de alimentos”. Estos dos trabajos inciden en el mismo asunto: no hay comida y la gente está harta.

La pregunta que se plantea es la misma de siempre: ¿Cómo es posible que en Cuba no se logre aumentar la oferta de productos alimenticios, diversificar la misma y potenciar el desarrollo de la industria? Los fuertes aumentos de la inflación del IPC en el componente de Alimentación y bebidas no alcohólicas en 2022, un 66% confirman la escasa producción para atender la demanda.

Los comunistas creen tener la solución mágica: el plan. Pero ese plan lejos de resolver el problema de escasez e improductividad, tiende a agravarlo. Véase lo que dice el ministro de economía Gil sobre estas cuestiones que, cada vez que tiene una oportunidad, defiende la necesidad de potenciar la producción de la industria alimentaria y la exportación en esa rama de la economía nacional.

Y el empeño es lograrlo con el estado, a través de un mecanismo inservible e ineficiente para ello que es el Ministerio de la Industria Alimentaria (Minal). No sabía yo que un ministerio pudiera servir para potenciar una industria. Parece que las funciones del estado deben ir por otro sitio, y que la producción, el empleo, las exportaciones son el resultado de las actuaciones de las empresas. Mal empieza el ministro cuando cree que Cuba puede ser un caso aparte a las reglas de funcionamiento de las economías. Los ministerios están para hacer otras cosas. Confiar en ellos, es pedir peras al olmo.

Por aclarar la cuestión al ministro, el Minal puede servir, por ejemplo, para organizar la Feria Internacional de La Habana (Fihav-2022), siempre contando con el apoyo empresarial, por supuesto, y poco más. Para atraer inversión extranjera, se necesita que sean las empresas las que negocien directamente, sin temor a represalias. Ello supone crear un marco adecuado de soberanía jurídica privada para estas actividades y dar solución al problema general de insolvencia del régimen, que echa para atrás a los inversores interesados. 

Cuando el inversor observa la pléyade de relaciones contractuales que se le exigen por el régimen, como si en vez de un socio se tratase de un enemigo de la economía nacional, y se le fijan posibles mercados, cómo debe amortizar la inversión, qué beneficios aportará al país, e incluso se orienta el negocio como si el inversor no supiera lo que quiere hacer con su dinero, lo lógico es que se desmoralice y se vuelva a su país. Moraleja, los ingresos previstos en divisas con la inversión extranjera siguen siendo una de las asignaturas pendientes del régimen.

Es importante que se promueva la inversión extranjera para el desarrollo de la industria alimentaria, pero eso se tiene que hacer con menos intervencionismo, dirigismo y control por parte del régimen a través de su Minal. Es decir, un modelo distinto. ¿Cuál? Lo tienen fácil, darse una vuelta por el Caribe y verán experiencias de éxito. De hecho, que solo haya actualmente 16 negocios funcionando con capital extranjero, y 3 sociedades mercantiles en la industria alimentaria, es un buen ejemplo del fracaso del modelo.

Que se presente como un éxito, lograr siete proyectos priorizados en el sector, y otros 11 en proceso, da buena idea de lo que se está hablando. En esencia, se trata de contratos de asociación económica internacional (los de menor nivel de compromiso) para la prestación de servicios de refrigeración; la producción y comercialización del Pepino de Mar y para el cultivo, procesamiento y comercialización de esponjas marinas, de pescado y de ginebra.

Las autoridades afirmaron que los negocios extranjeros se centran en la producción y comercialización de “productos marinos; derivados del cacao y la chocolatería; agua, malta y refrescos, y en el procesamiento industrial del pescado”, entre otros renglones. Y la pregunta inmediata es ¿de qué van a comer los cubanos? ¿No sería razonable atender primero y de forma principal las necesidades internas que son mucho menos "sofisticadas" ?

Gil dijo que el énfasis del Minal en esta política se encuentra “en la diversificación de los productos, en alcanzar encadenamiento con otros actores de la economía nacional, buscar esquemas financieros diferentes y lograr un valor agregado de los surtidos que se comercializan”. Es la misma cantaleta de siempre, pero con langosta y pescado, cacao, malta y refrescos no se da de comer a una población angustiada, y tampoco está claro que estos renglones vayan a servir para promover la necesaria sustitución de importaciones. El fracaso está a la vista.

También hubo ocasión de hablar del seguimiento de los acuerdos de las giras comerciales de Díaz Canel, que deberían someterse como en todos los países a la Contralora general de la república a fin de obtener información de costes y beneficios de tanto viaje. Mientras que eso llega, que no llegará, se informó de unas “supuestas” alianzas surgidas de las visitas a las islas del Caribe, como parte de su participación en la Cumbre Caricom-Cuba, basadas en la cooperación para la preparación en campos de la acuicultura, y varios proyectos navales, sin citar cuáles ni cómo. Para tratarse de un Ministerio, poca información desde luego, y además de escasa transparencia. Así no actúan las entidades estatales.

Y se dijo que el pasado año, una vez más, las exportaciones del Minal (rones y pescado) no se cumplieron, al ejecutarse el plan en un 92%, en tanto que para el año actual, el plan de exportaciones del Minal está valorado en más de 232 millones de dólares, con lo cual se prevé un crecimiento de más de 11 millones, un 4,7% que no recupera lo perdido el año anterior, de modo que en el caso bastante raro de que se cumpla el plan de 2023, todavía las exportaciones agroindustriales seguirán estando por debajo de las de 2021.

Las autoridades no las tienen todas consigo. En la actual situación de la economía, que será más compleja que el año anterior, los beneficios de la inversión y las exportaciones de la industria agroalimentaria no se producirán porque dependen de que tenga lugar una recuperación gradual de la economía que los indicadores no permiten visualizar. Si, claro, para el régimen la culpa de todo es del bloqueo, las catástrofes naturales, la inflación mundial y los conflictos en el mundo. No hay responsabilidad alguna en la gestión de las autoridades y del Minal. Son seres superiores del Olimpo comunista, inaccesibles y exentos de cualquier culpa. Pretender construir una casa empezando por el tejado tiene poco sentido. Esa huida adelante del Minal no tiene parangón en otros países del mundo. La gente lo debe saber.

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