Los avances en las "transformaciones": Mucho ruido, pocas nueces
Elías Amor Bravo, economista
Los comunistas cubanos han formalizado una apuesta de alto nivel por los resultados de las llamadas “transformaciones” y para ello han construido un relato completamente alejado de la realidad. La prensa oficial no deja de atender estas informaciones manipuladas que, como todas las que se publican en la Isla, están debidamente orientadas por la propaganda del régimen.
Conviene recordar que la mayor parte de las “transformaciones”
son una iniciativa recuperada de los viejos cajones alcanforados donde habían
sido guardadas, como medio para ganar tiempo en las negociaciones con Estados
Unidos. Pues bien, al cabo de un par de meses, se han convertido, por obra y
gracia del relato de la prensa oficial castrista, en la solución a los grandes
problemas que atenazan a la economía cubana, un medio para alcanzar una mejoría
tangible para la vida del pueblo. Mentira.
En estos términos, se ha despachado a gusto Marrero, al
realizar una primera evaluación de los avances en la implementación de las “transformaciones
económicas y sociales”, que ya cuentan con normas jurídicas para su
implementación, como si en la Cuba comunista fuera práctica habitual el respeto al marco de la
legalidad, al tiempo que se aborda un análisis del comercio, de la agricultura y de la autonomía municipal.
Poco a poco, los castristas han ido otorgando a las “transformaciones”
un valor principal como medio para superar la actual crisis. Ni ellos mismos se
lo creen. Es por eso, que el relato oficial incide en la necesidad de ponerse
de acuerdo, señalando que el éxito de las medidas “depende de todos, de la
capacidad de implementar lo aprobado y de convertir los resultados en una
mejoría tangible para la vida del pueblo”. No cabe la menor duda que se acumulan las dudas detrás de este planteamiento y que la motivación que aportan los
dirigentes tropieza con el nivel general de hastío de los cubanos ante este
tipo de experimentos fallidos.
En un seminario reciente, celebrado en el Palacio de la
Revolución con directivos de los organismos de la
Administración Central del Estado, de los gobiernos territoriales y grupos
empresariales sobre este proceso que desarrolla el país, Marrero fue dando
cuenta de las actuaciones realizadas hasta la fecha. Destacó que, del total de
176 transformaciones que aparecían en el documento del gobierno, un total de
155 transformaciones ya cuentan con las normas jurídicas para su
implementación, y hasta finales de septiembre, otras 17 deben ponerse en
marcha.
Con estos datos en la mano, Marrero pretendía demostrar que
las “transformaciones” han acabado siendo un ejemplo de la prioridad que desde
la dirección el país se otorga a estas decisiones en función del desarrollo, en
medio de un complejo contexto. Esto es lo que dice el relato oficial, y de
ahí no se mueven ni un milímetro.
Pero hay también un relato real. El que se obtiene de la
observación de los hechos, tal y como se vienen produciendo desde el pasado mes
de mayo. Tengan por seguro de que, de no haberse iniciado las negociaciones con
Estados Unidos, nada de esto habría ocurrido. En realidad, las “transformaciones
surgieron, casi del vacío, como un medio para ganar tiempo y poner encima de
la mesa algún argumento que permitiera contentar a la administración de Estados
Unidos. Pero los vecinos del norte hicieron bien, y desde el primer momento
simplemente descalificaron los argumentos por su inutilidad.
Ahora el régimen insiste en que quiere aplicar las “transformaciones”
a toda costa. Muy bien, que lo hagan, los resultados volverán a ser un fracaso.
¿La razón? Pues que las “transformaciones” no tocan el armatoste constitucional
de 2019, y con una norma de inspiración marxista leninista como órgano rector
de la economía, bien poco se puede hacer para que funcione. Ya lo verán.
El énfasis de
este seminario de Marrero, al que asistió un amplio elenco de la dirección
política del régimen comunista, ha sido el análisis de los ejes temáticos 5, 7
y 19 sobre la autonomía municipal, la recuperación agrícola, el comercio, la
gastronomía y los servicios. Asuntos que preocupan al régimen y para los que,
en el pasado, ya se han ensayado en el pasado, innumerables fórmulas y propuestas, pero
ninguna ha servido de nada. Los cubanos lo saben, y por eso, se muestran
indiferentes a las proclamas y el relato de sus dirigentes.
Por ejemplo,
cuando Marrero destaca que la implementación de los tres ejes citados “genera
enormes desafíos, sobre todo por el contexto actual en que vive el país”, los
cubanos se miran unos a otros sorprendidos, tratando de saber quién tendrá que
pagar los sacrificios, porque ya se ha alcanzado un nivel difícil de soportar,
y si hay que sacrificarse más, la situación puede ser bastante oscura.
El gran mago que es Marrero argumenta, sin embargo, que las “transformaciones”
llevan asociadas potencialidades que pueden revolucionar el desarrollo local,
sentar las bases para la soberanía alimentaria, así como modernizar y dinamizar
el mercado interno. Sinceramente, lo mejor que puede ocurrir es que, llegados a
este punto, que lo explique, cómo y de qué forma se consigue eso, y nos
pondremos a valorar.
El relato
oficial se vuelca con las actuaciones en materia de comercio interior para
transformar su gestión, no los derechos de propiedad, un sector en que la
ministra del ramo, Betsy Díaz informó de las “transformaciones” para dar mayor
coherencia a la actividad. Y resaltó al respecto, como buena burócrata, que la
principal ventaja de la nueva regulación es que compendia en una sola
disposición jurídica todo lo relacionado con el comercio. Así de simple, así de
claro. Díaz lleva tanto tiempo al frente del departamento de comercio que tantas
fórmulas, cambios, idas y venidas, la han debido acabar confundiendo. Así están
las cosas.
Es por eso que en materia de comercio interior no está
asegurado que la venta regulada, controlada, normada; que los mercados del
barrio, los mercados de abasto, las licitaciones, las ventas de regalías,
ventas de obsequio y la venta de garaje, incluso las importaciones, vayan a
funcionar en el nuevo espacio de actividad que, según la ministra, “pretende ofrecer
a los cubanos un modelo comercial moderno”, que se separe definitivamente de
las desvencijadas bodegas vacías de la actualidad.
Betsy Díaz se muestra optimista con los cambios de su
departamento y por haberlos incluido a todos en una sola norma jurídica, pero
es conocedora, igualmente, de que el comercio cubano está completamente muerto desde
hace décadas, porque lo que realmente faltan son bienes y servicios para
transaccionar. Y de eso no ha acordado nada. De hecho, informó que aún quedan
pendientes de implementar las adecuaciones de los subsidios a las personas en
lugar de los productos. Ya veremos en qué acaba esta fiesta, esperemos que no
sea una tarea ordenamiento II.
Marrero aprovechó su turno para destacar que estos temas son
de mucha sensibilidad para la población, y que por ello “debía existir una
adecuada conducción de los procesos”, asumiendo con este enunciado que, al
parecer, no las tiene todas consigo y es consciente de que hay una gobernanza
débil, que está en manos de profesionales que no están a la altura de las
necesidades.
Es cierto que los negociadores de Estados Unidos hablan
abiertamente de incompetencia de los gobernantes cubanos, y tal vez habrá que
empezar a pensar que hasta Marrero ya lo reconoce. En este contexto, se
implementan las medidas, pero nadie tiene la menor certeza de lo que puede
acabar ocurriendo. Menuda economía de planificación central. Betsy Díaz, sin saberlo, podría
estar en la lista de cargos salientes del gobierno.
Por ejemplo, nadie sabe qué va a ocurrir con la gastronomía
ligera y los comercios a nivel de barrios, con las medidas adoptadas. Lo más
probable es que continúen siendo lo mismo que ahora, e incluso, algunos pueden
tener quebrantos y desaparecer, lo que acabará teniendo un impacto negativo
sobre el nivel de empleo, como ha estado ocurriendo desde el cierre de los
hoteles y la caída de la temporada turística. Los comunistas cubanos hablan, en
todo caso, de “reordenar y modernizar nuestros sectores” pero lo que se
necesita es cambiar sus estructuras en 180º. Lo que existe en la actualidad es,
simplemente, inservible.
Sobre las “transformaciones” para estimular la producción
agrícola, Telce González viceministro de la Agricultura, destacó en el seminario, la aprobación
la Ley 185 De Tierra Agropecuaria y Forestal como pilar central de las “transformaciones”.
El relato oficial sobre esta ley señala que “flexibiliza el
uso y explotación de la tierra para quienes la producen”, pero se mantiene al
margen del eventual reconocimiento de la propiedad privada de la tierra, que
sigue estando en manos del estado. Es cierto que amplía el acceso a la cesión
de tierras para personas naturales, jurídicas, estatales, privadas y mixtas, y
eliminación de requisitos de trabajo directo previo, a la vez que se prevé un
aumento de la cantidad de tierra a entregar en usufructo, pero hasta aquí llega
la reforma. Y sin derechos de propiedad en la tierra, estamos como al
principio.
También se destaca que la ley autoriza la entrega de tierra
en concepto de usufructo para la producción de alimentos a favor de las micro,
pequeñas y medianas empresas, con independencia del sujeto social, pero habrá
un límite, con relación a lo que la persona solicitante sea capaz de demostrar
con el proyecto que presenta. La entrega de tierra en concepto de usufructo se
hará por el tiempo que pacten las partes, prorrogable por igual plazo, que era
un requisito importante que estaba en el anterior. A tenor de lo expuesto, la
decisión final de la cesión de tierras seguirá siendo política, no técnica.
Además, la única propiedad privada que se reconoce en el
campo cubano son las bienhechurías vivienda. Nada más.
Para afrontar las “transformaciones” en el sector, las
autoridades apuestan por la capacitación de todos los productores, basada en un
diseño desde las provincias, los municipios, las cooperativas hasta el último
productor, porque debe llegar a ellos que son “el eslabón fundamental de esta
tarea”.
El objetivo formulado tantas veces, y nunca logrado es
alcanzar una producción estable de alimentos en el campo, dinamizar el sector
agrícola y sumar a todos a la producción de alimentos. Las autoridades
consideran que este eje es uno de los más estratégicos de las “transformaciones”
y que se tiene que lograr más producción de la tierra aún en las circunstancias
complejas del momento. Y al afirmar ese convencimiento, no hacen otra cosa que
mostrar el grave desconocimiento de cómo funciona la producción, productividad y
generación de renta en el sector agrario. Incrementar los brazos que se dedican
a la actividad agropecuaria puede acabar aflorando los llamados “rendimientos
decrecientes” que rebajen más aún la productividad de las explotaciones y sus
rendimientos.
Tal vez en el sector agropecuario cubano, donde se registra
el 20% de la población laboral, lo que menos se necesitan son brazos y hay que
pensar en la tecnología y la eficiencia, pero es igual, dejemos a los dirigentes comunistas
pensando que la aportación de productores y campesinos resulta fundamental para
el sector. El desastre ya está avisado.
En el seminario de Marrero se abordó la cuestión de la
autonomía municipal, que se calificó en las “transformaciones” como un cambio
de paradigma, según el cual los territorios van a tener las herramientas y la
capacidad de decidir sobre su propio progreso, lo que favorece, según creen las
autoridades, un desarrollo endógeno, adaptado a las necesidades y
potencialidades de cada municipio.
Nancy Acosta directora de Atención a Órganos Locales del
Poder Popular en el Consejo de ministros, hizo referencia a la formación
impartida a los responsables de la implementación de este eje de las “transformaciones”,
que debe permitir la consolidación del proceso de descentralización de
competencias y recursos a los gobiernos territoriales.
No obstante, también en este ámbito hay más dudas que
certidumbres y es muy probable que el proceso acabe mal, por cuanto supone de
cambio en la gobernanza del régimen comunista. 67 años de organización central
de la economía no se corrigen de golpe. Por ejemplo, hay dudas sobre cómo realizar
la descentralización de la planificación estratégica de los recursos, junto al
desarrollo económico local, la creación de fondos y la comercialización del
combustible. Es decir, hay
dudas sobre como ejecutar las funciones que, hasta la fecha, no pertenecían a
los municipios.
Por este motivo, en el seminario se insistió que los
municipios por sí solos no van a lograr estas “transformaciones” si los órganos
y entidades nacionales/centrales, desde las responsabilidades, misiones y
competencias, no ofrecen acompañamiento a los municipios. Un esquema de
proteccionismo del mayor al menor que puede acabar siendo origen de no pocos
conflictos porque al final se vislumbra una peligrosa “autarquía municipal” que
puede tener graves efectos sobre la distribución territorial de la renta y del
bienestar entre todos los cubanos. En el seminario se insistió en que es
necesario dar seguimiento al municipio para comprobar que los traspasos de
competencias se hacen con la seriedad, profundidad, control interno que supone
y, además, llegan los recursos. Es decir, hay un claro reconocimiento de que
esta vía de la autonomía municipal no se sabe cómo puede acabar.
Dicho de forma explícita, la idea del fortalecimiento del
municipio inspirada en las “transformaciones” y en el relato oficial construido
por el régimen, insiste en que no basta si no se apoya en el perfeccionamiento
y fortalecimiento de sus estructuras y cuadros, en robustecer la actividad
económica y productiva. Si eso no se atiende, entonces no se podrá avanzar en
fortalecer la atención a las políticas sociales. Pero el relato real es bien
diferente, y consiste en plantearse si de verdad la sociedad cubana está preparada
para estos experimentos, como el de la autonomía municipal, que se encuentran
muy lejos de las prioridades de la población. Deberían reflexionar sobre ello.
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