Régimen castrista: de la opción cero a la crisis humanitaria
Elías Amor Bravo, economista
¿Puede un país apagarse y permanecer detenido en el tiempo sin más? No lo parece.
Una crisis humanitaria de proporciones incalculables puede
estar a las puertas de la economía y la sociedad cubana por la cabezonería de
sus dirigentes, que han elegido inmolarse, y no negociar, en un ejercicio de
irresponsabilidad que va a tener consecuencias nefastas para una población que ya no aguanta más.
Las primeras medidas del régimen comunista
cubano para hacer frente a la situación energética a la que denominan “opción
cero” son altamente peligrosas. El “manual de resistencia creativa” de Díaz Canel presentado por Pérez Oliva Fraga incorpora acciones en materia de
transportes, educación, sanidad, empleo y lo que han dado en llamar “una
transición acelerada hacia fuentes renovables de energía”.
Hay serias dudas de que estas medidas “contingentes” sirvan
para “garantizar los servicios
esenciales y proteger las conquistas sociales” como dicen los dirigentes del
régimen. Lo que van a lograr es una parálisis inadmisible de Cuba que causará graves daños a la población.
Al parecer,
las autoridades fían el programa a “potenciar el uso de los recursos
que tenemos en nuestro país, además, diversificar las vías para continuar
obteniendo los ingresos externos que necesita nuestra economía para garantizar
los programas de desarrollo económico y social”. Pero ¿de qué recursos se está
hablando y, sobre todo ¿Cómo se puede producir si no hay energía? La autarquía
es un modelo económico trasnochado, fuera de lugar y altamente improductivo que
solo puede crear más penurias para la población.
El régimen quiere
que “todo el combustible disponible en el país se destine, prioritariamente, a
asegurar la producción de servicios esenciales como agua y salud, así como las
actividades económicas fundamentales”. Sin duda olvidan otras esenciales, como
la recogida de basuras, limpieza y arreglo de las calles, o evitar que se
desplomen los edificios en directo, pero el petróleo disponible no da para más.
Pero lo que más llama la atención es que, sin combustible, el castrismo ha decidido “asegurar las actividades de preparación para la defensa, en el marco de la Guerra de todo el pueblo, en la medida de lo posible, se protegerán las actividades económicas fundamentales que generan ingresos en divisas, indispensables para los programas de desarrollo”. La Guerra de toda la vida, justo cuando el país avanza hacia una grave crisis humanitaria. Y obtener divisas cuando el enfoque económico es la autarquía, se pregunta uno ¿realmente saben de qué están hablando?
Dejando de
lado cuestiones que tienen no pocos tintes demagógicos, el régimen anuncia que
“la generación de eléctrica se sostendrá en lo fundamental con la generación de
las centrales térmicas que consumen crudo nacional, con el gas acompañante que
se produce como resultado de la producción de petróleo y con las fuentes
renovables de energía, que, en el año 2025, tuvieron un salto importante y una
participación superior”. Los apagones están servidos.
Más de lo mismo, básicamente porque no tienen a dónde ir, ni saben cómo hacerlo. Producir energía con centrales envejecidas, obsoletas, ineficientes, corroídas por el azufre y la densidad del petróleo que utilizan, harán que Cuba siga siendo una economía intensiva en el consumo de derivados del petróleo, contaminante y nada sostenible.
Sin embargo, aún no ha llegado lo mejor de la “contingencia”. Resulta que, sin recursos del exterior, sin finanzas que sostengan cualquier actuación, las autoridades pretenden mantener en ejecución “el programa inversionista de parques solares fotovoltaicos, utilizando al máximo los recursos locales y la fuerza de trabajo”. ¿De dónde va a salir el dinero para pagar los parques? ¿Y cómo van a seguir el programa cuando en Cuba no existe esa tecnología, y no se pueden producir? De eso nadie dice nada.
Por eso, la apuesta por la instalación masiva de parques fotovoltaicos tiene mucho de imagen de populismo barato, y no deja de llamar la atención cómo van a realizar el reparto de paneles:
·
20.000
sistemas para viviendas, con sus paneles y baterías, a través de la vía
estatal.
·
10.000
sistemas en proceso de entrega y montaje acelerado a maestros y trabajadores de
la Salud y la Educación seleccionados.
·
5.000
módulos para electrificar el 100 % de las viviendas aisladas del país, llevando
por primera vez electricidad a comunidades de difícil acceso.
·
Otros
5.000 sistemas previstos para el primer semestre, dirigidos a centros sociales
como hogares de ancianos, casas de niños sin amparo familiar y servicios
comunitarios esenciales.
Si, el
régimen pretende arreglar la situación con 40.000 paneles solares a sus “protegidos”.
¿Y el resto de los cubanos, qué? ¿Qué determina esta asignación que, lo más
probable, ni siquiera se cumpla?
Curioso es
que los comunistas cubanos, en medio de esta grave crisis humanitaria, tengan
tiempo para hacer populismo ambiental, y esto se observa al ver que quieren
“ampliar los incentivos para la instalación de fuentes renovables de energía,
tanto en las instituciones, a nivel empresarial, como a nivel de los hogares”. ¿Ampliar
incentivos? Es difícil, ¿a ver quién puede con 10 dólares a mes instalar
paneles que superan los 10.000 dólares? Igualmente, han decidido por vez
primera, abrir la venta directa a terceros de energía generada. Habría que
preguntarse por qué hasta ahora no se autorizaba, cuando es algo habitual en
cualquier país del mundo. Y sobre todo si esta medida tiene alguna lógica
responsable.
Otras
medidas causan, si cabe, más preocupación.
La semana
burocrática será de lunes a jueves, lo que va a generar atrasos burocráticos en
todos los trámites, difíciles de prever y más caos en la poderosa y jerárquica
administración comunista.
En producción
de alimentos, ante una caída sin precedentes de todos los rubros, dicen que “se
va a poner énfasis en el incremento de la producción a nivel territorial, sobre
todo en los polos productivos en los que hay potencialidad” el eterno ejemplo
del arroz, una producción que, según todos los cálculos, seguirá siendo escasa
para alimentar la población. Y, por supuesto, plantean seguir con las
majaderías de “la agricultura urbana y familiar, y el uso de fuentes renovables
para las actividades de riego”.
El
suministro de agua se debe mantener como sea, “asignando combustible para el
bombeo” lo que presagia que los cortes de suministro seguirán afectando a
amplios sectores de la población. Dicen que “instalarán 16 equipos de bombeo con
fuentes renovables” una propuesta populista que no servirá de gran cosa.
En materia
de salud se afirma que “se garantizarán las coberturas de productos que se
fabrican en Cuba con destino al Sistema de Salud” y entonces, la pregunta es, ¿qué
pasará con los que se fabrican fuera? ¿se dejará una vez más en manos del
negocio de las importaciones de alimentos, higiene y medicamentos? Por
otro lado, transporte
sanitario, vigilancia epidemiológica, urgencias médicas, el Programa
Materno-Infantil; así como el combustible para la producción nacional de
medicamentos del cuadro básico, por el grupo empresarial BioCubaFarma quedan
bajo la consigna de restricciones y control de combustible.
Para el
turismo se señala, de forma críptica, la “aplicación de un plan de eficiencia y
compactación de instalaciones para aprovechar la temporada alta, que muestra
resultados alentadores”. ¿Compactación de instalaciones? No, gracias.
Se reajusta
la programación cultural y se potencia el movimiento de artistas aficionados en
comunidades” lo que significa que se acaba la fiesta, excepto la Serie Nacional
de Beisbol “hasta su conclusión”.
En cuanto a
ciencia y tecnología, “se garantizan todos los recursos para los sistemas de
alerta temprana (meteorología, sismología, vigilancia radiológica)”. Por lo que
respecta a las comunicaciones, se señala “que se asegura el funcionamiento de
estos servicios vitales para mantener informado al pueblo a través de los
canales oficiales”.
En los
transportes, se paraliza la movilidad y con ello, la actividad económica con
una elevada incidencia en el bienestar de la población, empezando por “reorganizar
la movilidad de cargas y pasajeros en el país dando prioridad a los servicios
esenciales, las importaciones y exportaciones, así como la atención a sectores
sensibles como la salud y la educación”. Por su parte, “las operaciones en
puertos y aeropuertos, así como todos los traslados vinculados con el comercio
exterior y el traslado de colaboradores que arriban o salen del país” se quedan
al margen de los controles, pero suponen una parte ínfima de las necesidades
diarias de la gente.
El
transporte por ferrocarril, de una frecuencia de 4 días, pasará a hacerlo cada
8 días, la mitad del servicio, en cuanto a los ómnibus nacionales se ajustan a
la programación ferroviaria en tanto que “el resto de los servicios nacionales
relacionados con eventos y otras acciones queda suspendido temporalmente”.
Movilidad nula de los cubanos. Hasta el ferry entre Nueva Gerona y Batabanó ve reducida
su prestación de servicios. En el servicio Medibus, destinado al traslado
de pacientes que requieren tratamientos médicos sistemáticos se suspenden los
servicios correspondientes a listas de espera con grave perjuicio para los
usuarios.
Por lo que
respecta al transporte local, se avecinan tiempos dramáticos, porque “se
desarrolla un proceso de conciliación con los territorios para reajustar los
servicios según la disponibilidad de combustible, facultad que ha sido
transferida a las autoridades locales, y, como principio general, aunque se
mantendrán los servicios vinculados a la salud, la educación y las producciones
priorizadas”. Por ejemplo, en La Habana, se trabaja en la reorganización de
las rutas del transporte público, y se prevé la puesta en marcha de un nuevo
servicio dirigido a médicos, para finales de la próxima semana. Se avecina el
caos.
En cambio, se anuncia que “los triciclos eléctricos se mantendrán en
funcionamiento, con ajustes puntuales, según las prioridades de cada
territorio, garantizando siempre su retorno a las bases para la recarga, a ser
posible las que funcionan con paneles solares fotovoltaicos y sistemas de
acumulación. Incluso está prevista la adquisición de pequeños vehículos
eléctricos de carga y microbuses, que serán distribuidos en las provincias a
medida que se concreten los arribos”.
En materia
de empleo y salarios, la gente irá para su casa, ya que se pretende “que no
quede ningún trabajador desprotegido en un proceso como este” dando prioridad a la continuidad laboral,
reubicando a los trabajadores en los sectores clave de los servicios básicos,
la producción de alimentos y las labores agrícolas.
Se
fortalecen “modalidades como el teletrabajo y el trabajo a distancia” que, con
los cortes de luz que se avecinan, se tendrán que improvisar. Lo curioso es que
“todas estas disposiciones ya están en la legislación vigente actual, por lo
que no hay que emitir ninguna norma complementaria para este momento”.
Los alumnos
universitarios ya pueden dar el curso por perdido porque los dirigentes quieren
que “se transforme hacia la semi presencialidad, un modelo que se adecuará a
cada carrera, universidad y territorio, aprovechando experiencias previas del
claustro durante situaciones excepcionales”. El transporte de estudiantes a sus
lugares de origen operación apoyada por el Ministerio de Transporte y que se
comunica a través de medios digitales institucionales, “demandará especial
atención”. Esto significa que no tienen soluciones encima de la mesa y por
ello, se plantea que la
atención docente se reorganice territorialmente, utilizando instituciones
locales como centros de Salud, producción y filiales universitarias.
El problema
será como aplicar y utilizar las TIC en situaciones de apagones eternos, y por
ello dicen que “se dará prioridad a los proyectos de investigación estratégicos
y de impacto territorial y garantizar que se adaptarán los procesos para que
todos los estudiantes en etapa de culminación puedan terminar sus estudios.
Finalmente, anunció que se reorganizará el proceso de ingreso a la Educación
Superior y pidió estar atentos a las informaciones oficiales”. A más de uno le
regalarán el título este año.
La situación
del sistema educativo entra en alarma social, por eso a los dirigentes no se
les ocurre otra cosa que anunciar el comienzo de una etapa de “diálogo
permanente con las familias para ajustar su funcionamiento, destacando que
definen mucho con sus propuestas y alertas” mientras que la educación continua
en todo el país, “priorizando la presencialidad, especialmente en la primera infancia
y la enseñanza primaria, manteniendo la máxima prioridad en círculos infantiles
por la vulnerabilidad de las edades y el apoyo a las familias trabajadoras”.
¿Alguien entiende algo?
La
educación técnica, profesional y la formación pedagógica “adoptarán modelos en
los que los estudiantes de años terminales se incorporen a esquemas adaptados;
mientras otros cursos recibirán atención mediante guías y acompañamiento
personalizado, descentralizando hacia centros cercanos a las residencias”.
En el caso de la educación
especial, se garantiza el funcionamiento normal porque, según dicen, “se ha
hecho un análisis para no generar ningún tipo de modificación en esta
enseñanza”.
No parece que con este
plan el régimen muestre una opción para negociar su final. Por el contrario, el régimen comunista se blinda para sobrevivir a un escenario de opción cero mucho más grave que el que caracterizó a la
economía cubana en la primera mitad del período especial. El régimen no quiere
negociar, y este plan de contingencia es la prueba definitiva. Es más, se
regodea en presentar sus cartas que dicen que “frente a las tesis de los
adversarios que pronostican el colapso, se han recibido numerosas expresiones
de solidaridad, de admiración, de respeto; y también posiciones de
contribución”, y se vanaglorian diciendo que el efecto de este recrudecimiento es “totalmente
contrario al que esperaban nuestros adversarios”. Se preparan para resistir con
los rehenes del pueblo cubano amenazados por una grave crisis humanitaria, sin
precedentes. Eso es lo que quieren.
Los
dirigentes quieren aprovechar la coyuntura para que “se vea como una
oportunidad para realizar y acelerar un grupo de transformaciones importantes
en la economía, para lograr mayor sostenibilidad y eficiencia, subrayando que
la implementación del Programa de Gobierno tampoco se interrumpe”.
El régimen
se plantea así reivindicar la revolución comunista a pesar de su desgaste
terminal y la evidencia de la gravedad de la situación: “tenemos que
emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzo” y “cambiar
todo lo que deba ser cambiado” y a pesar de todo, se mantiene la convicción de
que “se va a superar esta situación y a salir fortalecidos de este escenario”.
Y esto se pretende conseguir con disciplina y trabajo de los
cuadros del partido, a los que se pide “mucha sensibilidad hacia nuestro pueblo, actuar con agilidad y
transformar los métodos de trabajo: no regirnos por los procedimientos
naturales, sino aplicar en cada caso las mejores soluciones”.
Todo ello,
con un supuesto “fortalecimiento de los vínculos con cubanos residentes en el
exterior, quienes han enviado mensajes de contribución, al igual que
empresarios extranjeros y gobiernos de todo el mundo”.
Llegar así a mediados de año, imposible.
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