La autonomía empresarial de Díaz Canel no sirve de mucho

Elías Amor Bravo, economista

Díaz Canel defiende la autonomía de las empresas y la implicación de sus trabajadores en la toma de decisiones, pero ¿de verdad esto sirve para algo? ¿de verdad, sabe de qué está hablando?

La autonomía empresarial solo tiene sentido en el marco de un sistema económico donde los derechos de propiedad privada estén protegidos y respetados por el ordenamiento jurídico independiente del poder político, y donde el mercado rija las decisiones de precios en un enfoque libre de oferta y demanda. En cuanto asoma en este modelo la planificación central o el predominio de la actividad estatal como eje del sistema económico, la autonomía de las empresas, e incluso la implicación de sus trabajadores en la toma de decisiones, pasa a ser chico pleito.

Pero Díaz Canel, que no se separa ni un milímetro de su relato victimista y a la vez, reivindicativo, y en la crisis actual, se entretiene, visitando de paseo la fábrica de pastas cortas La Pasiega, la empresa exportadora e importadora Cítricos Caribe S.A. y la unidad empresarial de base Ronera Occidental, tres actores económicos enclavados en La Habana. Y luego tiene a la prensa estatal siguiéndolo para convertir estos paseos en una gran "gesta revolucionaria", que al pueblo cubano ya no sólo les despierta muy poca atención, sino que acaban considerándola un absoluto despropósito.

Durante el paseo, en el que también participaron incomprensiblemente, los ministros de la Industria Alimentaria y de la Agricultura, Alberto López Díaz e Ydael Pérez Brito, respectivamente, ¿es que no tienen otra cosa mejor que hacer? el dirigente comunista insistió en la necesidad de que el sistema empresarial cubano, en su totalidad, aproveche las oportunidades ofrecidas por las 176 transformaciones económicas y sociales aprobadas recientemente para la recuperación de la economía.

En las conversaciones mantenidas con directivos y trabajadores de las tres empresas, Díaz Canel hizo referencia a la preparación previa a la publicación de las normas jurídicas, para que se desaten con agilidad las fuerzas productivas, se asuma la autonomía empresarial con responsabilidad, no solo en el discurso, y se generen las riquezas que el país necesita para distribuir con justicia social. Entiendo que muchos debieron quedarse perplejos al comprobar lo difícil que puede ser prepararse para algo, cuando la información es escasa, o nula.

Díaz Canel sigue creyendo que una economía, la cubana, puede funcionar a golpe de normas y regulaciones publicadas en la gaceta oficial, y por eso se equivoca. Porque, por ejemplo, de muy poco o nada sirve la descentralización de facultades hacia el sistema empresarial para la aprobación de los precios mayoristas y minoristas, si la última palabra la sigue teniendo el ministerio de finanzas y precios. La flexibilización en la aprobación y el destino de las utilidades después de impuestos no sirve de nada si no hay en que invertir con criterios de rentabilidad a medio y largo plazo esos beneficios. 

Igualmente, de nada sirve tener la posibilidad de aprobar la escala salarial en las empresas, si a resultas de alzas salariales sin referencia a la productividad se pierde la competitividad y se generan pérdidas difíciles de compensar. En fin,  importar y exportar sin intermediarios es algo que se viene reclamando desde hace años, pero ya se verá si consigue sus resultados y por lo que respecta a la gestión del combustible que se precisa, aún no está claro que las mipymes puedan actuar en este ámbito.

El régimen habla mucho de autonomía empresarial, pero luego vuelve a poner cadenas obligando a los entes privados a cumplir con unos supuestos principios de responsabilidad social, que no son otra cosa que abandonos de competencias por parte de un régimen que ya no puede más. De qué sirve la autonomía, si las empresas deben cumplir con la responsabilidad social con la comunidad donde radican, en la atención que tienen que mantener con sus trabajadores jubilados, los vulnerables, y los jóvenes. Eso no es autonomía ni nada parecido. 

Por cierto, tampoco es responsabilidad social, que es una materia que se tiene que desarrollar con otros criterios. Por si Díaz Canel no lo tiene claro, de nada sirve que hable de autonomía empresarial si tiene que ir diciendo si las utilidades deben destinarse no solo a aumentar salarios, sino también a ayudar a los trabajadores en cuestiones de vivienda, alimentación y otros estímulos que permitan mantener la fuerza de trabajo. Eso no es autonomía empresarial, ni tampoco responsabilidad social. Eso nos devuelve a los peores años del sistema marxista estalinista donde no existía la menor libertad. Por desgracia, estamos en en 2026.

Otro terreno en que Díaz Canel mostró sus deficiencias es el que se relaciona con la participación de los trabajadores en la toma de decisiones de las empresas, que se sientan formando parte de la empresa, desde la confección del plan hasta en la distribución de utilidades. Y aquí viene la cuestión, porque es difícil encontrar en Cuba un solo trabajador que se sienta formando parte de su empresa. El marxismo elimina ese sentido de pertenencia, que, en cambio, los países con economía de mercado y las grandes empresas, y por qué no, las pequeñas también consiguen de sus empleados.

El recorrido de Díaz Canel por La Pasiega, Cítricos Caribe S.A y Ronera Occidental, le podría servir para aterrizar en la realidad del sistema empresarial que se ha generado en Cuba durante 67 años, por la aplicación de políticas económicas marxistas. Corregir las deficiencias estructurales va a exigir mucho más que las 176 transformaciones.  Se lo advertimos con tiempo para que rectifiquen. Las empresas cubanas no solo necesitan autonomía, sino mucho más.

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