Las transformaciones aplicadas a la banca: se avecinan fracasos

Elías Amor Bravo, economista

Dentro de la vorágine de las “transformaciones” también el sistema bancario y financiero ha recibido una andanada de cambios, con el objetivo de ampliar servicios, créditos y canales digitales. Quien mucho abarca, ya se sabe. En una edición del programa Mesa redonda, Juana Lilia Delgado Portal, ministra presidenta del Banco Central de Cuba realizó una presentación de las transformaciones previstas para el sistema bancario y financiero cubano.

De ellas, explicó que avanzan de manera gradual, con un cronograma de implementación que busca recuperar la funcionalidad de las instituciones bancarias, ampliar y mejorar sus servicios y fortalecer la credibilidad en el sistema. Dicho de forma más clara: el sistema bancario actual no sirve y hay que hacer algo. Pero tomarse las reformas con esa parsimonia, puede acabar siendo mucho peor que dejar las cosas como están. La indolencia en las cuestiones monetarias y financieras es mala consejera.

Las “transformaciones” del sistema bancario y financiero, que la ministra presidenta calificó como gran desafío, forman parte del eje temático 11, con un elevado número de transformaciones y de mayor transversalidad, debido a sus vínculos con prácticamente todos los ámbitos de la economía.

¿Cuáles son las funciones de la banca que se tienen que recuperar? Pues nada del otro mundo, las más simples: otorgar créditos, facilitar los canales para cobrar y pagar, generar nuevos productos y servicios de acuerdo con las necesidades de los clientes y ampliar el acceso y la calidad de los servicios bancarios. La pregunta inmediata es, ¿la banca en Cuba no desarrolla actualmente estas funciones? Entonces, ¿a qué se dedican? ¿Qué nivel de calidad se puede esperar de los servicios que se prestan? La historia de la banca estatal cubana, su infortunio tras la revolución y su modelo de funcionamiento al servicio del régimen son, entre otros, los factores que despiertan una cierta animadversión social.

Pero vayamos a lo concreto. Que nadie espere que la banca cubana pase a ser un sector innovador y de vanguardia de la noche a la mañana. Nada de eso. Lo que se plantean es algo tan sencillo como reducir las colas y la presencialidad en las sucursales mediante el desarrollo de productos digitales, simplificar procesos, facilitar el acceso al efectivo y promover un mayor uso de las cuentas bancarias, es decir, que las cuentas se puedan utilizar de manera más efectiva para pagar y gestionar los recursos tanto de los negocios como de las personas naturales. De nuevo, la insistencia en la “bancarización”. Si, esto fue lo que dijo la ministra presidenta del Banco Central en Mesa redonda.

Ciertamente, el tono de la intervención dejó claro que hay un interés por parte de los dirigentes del régimen por recuperar el papel de los bancos en la economía y, por ello se considera que es necesario restablecer la funcionalidad del sistema bancario en materia de pagos, crédito, operaciones externas y atención a los diferentes segmentos de clientes: actores estatales, actores económicos no estatales, personas naturales y jubilados, entre otros. Asimismo, la actualización del sistema se dirige a ampliar su alcance y posibilitar el acceso de nuevos actores, dentro de un proceso que implica transformaciones profundas en el funcionamiento del sistema bancario y financiero. Incertidumbre, lo peor que puede ocurrir. No lo tiene fácil, desde luego.

Formuladas estas previsiones, la ministra presidenta del Banco Central sorprendió al señalar con cierta vehemencia que uno de los objetivos centrales planteados por el Banco es la recuperación de la funcionalidad de la moneda nacional y devolver al peso cubano una mayor utilidad dentro de la economía.

Llama la atención que Delgado Portal diga estas cosas porque esa es una función que compete al Banco Central, y que debió ser ejercida con competencia y responsabilidad desde que a comienzos de 2021 en la tarea ordenamiento se anunciaba el cambio de 1 por 24 que no pudo sostenerse por el régimen por la ausencia de divisas declarada. Aquello provocó una caída espectacular del peso cubano que ha acabado situándose en los mercados informales al cambio de 1 por 700, un desplome que ni se había registrado en tiempos de la República de Weimar que precedió al nazismo en Alemania. 

Así que ahora, la ministra presidenta se acuerda de que debe sostener el valor del peso, pero mucho nos tememos que es tarde y que, a corto plazo, los esfuerzos a realizar son de tal magnitud que ni siquiera el régimen está en condiciones de aceptar esos sacrificios. Si se pretende situar al peso en un valor más coherente, y que se restablezcan sus funciones como medio de pago y de cambio, para realizar operaciones, adquirir bienes y servicios y cumplir obligaciones; como unidad de cuenta, para expresar y comparar precios, costos e ingresos; y como reserva de valor, que son las funciones clásicas del dinero, hay que ponerse a trabajar seriamente y cuanto antes.

Y lo cierto es que alarma la propuesta de la ministra presidenta para empezar. Sugiere que hay que recuperar el atractivo del ahorro en pesos cubanos para la población, como medio de recuperar el valor del peso, revisando al alza los tipos de interés relativos a los productos de ahorro, pero eso es una burla cruel en un país donde la inflación en los últimos cinco años no ha bajado de dos dígitos, haciendo imposible cualquier recuperación del valor del dinero. La ministra presidente debe ser seria y responsable y no burlarse de este modo de un pueblo que, con sueldos y pensiones en pesos cubanos, ha visto que cualquier posibilidad de ahorro es nula y además, no compensa. De modo que hay que cambiar el disco.

Pero el otro no es mucho más realista, porque la ministra presidenta confía que la recuperación de las funciones del dinero se podrá producir cuando se empiecen a notar los efectos del proceso de restablecimiento de los equilibrios macroeconómicos que desarrolla el país. Bien está, pero es que llevan casi cinco años con esa estabilización que nunca llega, porque el origen del caos está en el presupuesto del estado, que año tras año, se publica con un déficit de dos dígitos en términos de PIB que es imposible de cerrar con la recaudación tributaria. Por lo tanto, el Banco Central, carente de autonomía e inerte ante el poder ejecutivo del régimen, se calla y no plantea críticas a un diseño de política económica ineficiente.

La ministra presidenta dijo que el sistema debe avanzar hacia reglas más claras de funcionamiento, mayor previsibilidad y credibilidad, porque esos son principios esenciales para que las instituciones financieras puedan desempeñar adecuadamente su papel en la economía. Pero, que se aplique el cuento, porque el primero que tiene que actuar de este modo, y desde luego ni lo ha hecho ni lo hace, es el Banco Central que ella dirige. Lo tiene difícil.

A continuación, introdujo el eje temático 11 formado por 20 transformaciones, que mantienen vínculos con 17 de los 23 ejes temáticos definidos por el régimen, de ahí su carácter transversal. De modo que el Banco Central agrupó las transformaciones en cuatro segmentos que nos pueden ayudar para realizar el análisis.

El primer segmento está relacionado con la apertura y capitalización del sistema bancario para lo cual se prevé incrementar el capital de los bancos que, en principio, puede ser una de las transformaciones relevantes para recuperar la estabilidad del sistema financiero y mejorar sus capacidades para prestar servicios. Esta apertura permitiría captar capital por vías alternativas a las existentes actualmente y ampliar la participación de diferentes actores en el sistema, incluidos capitales privados, extranjeros y nacionales.

El problema es el de siempre, ¿de dónde sale ese capital que se dirige a los bancos? Porque al menos de momento, y hasta que no se diga lo contrario, los bancos son propiedad del estado y legalmente este es el único que puede aportar capital. Si el estado no tiene fondos ni para financiar los servicios básicos, ¿de dónde van a salir los que se dirijan a capitalizar a los bancos?

El segundo segmento está relacionado con el crédito, ahorro y financiación, áreas que se consideran fundamentales para que los bancos recuperen un papel más relevante en el proceso de transformación económica. La ministra presidenta destacó la necesidad de fortalecer las capacidades de las instituciones para otorgar préstamos y captar los ahorros de la población y de los diferentes actores económicos. De esa manera, los bancos podrían mejorar su función de intermediación financiera y contribuir a canalizar hacia la economía recursos necesarios para el desarrollo.

Claro, esta propuesta es igualmente interesante, pero se basa en un posible que habrá que ver si realmente se produce, porque la realidad es que los cubanos tienen una demanda de servicios bancarios de las más bajas del mundo, y prefieren operar en efectivo en sus transacciones económicas, al margen de la banca estatal.

El tercer segmento se relaciona con la innovación, los pagos y los nuevos canales de servicios. La famosa “bancarización” que guarda relación con la transformación digital, objeto de rechazo por la población que desdeña las operaciones y servicios más accesibles y ágiles. La innovación en el sistema bancario deja mucho que desear, porque los bancos, como entidades estatales, tienen otros fines y saben que su supervivencia en el régimen comunista no depende de la rentabilidad o las transacciones económicas que promuevan. Es todo, una cuestión de supervivencia.   

El cuarto segmento se relaciona con el mercado cambiario y las remesasAquí la intención es crear mecanismos que permitan canalizar mediante vías financieras seguras determinados flujos que actualmente se realizan fuera del sistema bancario. Dicho de otro modo, el Banco Central pone la diana en las actividades informales del mercado cambiario y de divisas que satisfacen de forma eficiente las demandas de los actores económicos ante la incompetencia del sistema bancario. Las delaciones y la represión están a la vista. 

La titular del Banco Central afirmó que las “transformaciones” buscan responder directamente a algunas de las principales preocupaciones de la población y de los actores económicos, desde el acceso al efectivo y la reducción de la presencialidad hasta la disponibilidad de créditos, el ahorro, los pagos y el funcionamiento de la moneda nacional, todo ello, por medio de un proceso gradual que deberá conducir a un sistema bancario y financiero con mayores capacidades, nuevos participantes, más servicios y una relación más coherente con las necesidades de la economía y sus clientes. 

Lo de siempre. Crear oferta sin conocer y tener en cuenta lo que quiere la demanda es una aproximación que puede acabar provocando más problemas que soluciones. Alguno podría pensar que, tal parece que, después de la experiencia fallida con los hoteles, el régimen pretende dirigir las inversiones al sistema bancario y financiero. Ya se verá.

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