El régimen castrista: ayudas y donativos en plenas negociaciones con Estados Unidos
Elías Amor Bravo, economista
Conforme las negociaciones entre Estados Unidos y Cuba
profundizan, a la vez que limitan sus avances por un territorio hasta ahora inexplorado,
el régimen castrista va cambiando su relato en un intento de recuperar la iniciativa
de la comunicación política. Lo que pasa es que esta vez no le suelen salir bien las
cosas y tiene que volver a las andadas.
Lo intentó con el anuncio de las “176 medidas” de transformación económica que luego hubo que matizar con el apellido de "sociales", que pronto
se vio que era una estrategia para ganar tiempo en la que se abría un debate
entre reformistas y reaccionarios dentro del régimen que sorprendió a muchos. Carpetazo al asunto.
Posteriormente, Bruno Rodríguez en Naciones Unidas volvió a ofrecer
el peor rostro del régimen comunista a nivel internacional. Sus mensajes de
odio a Estados Unidos, combinados con acusaciones de “genocidio al pueblo
cubano”, la “guerra económica despiadada”, “Cuba siempre será socialista” y “nadie
va a dar un paso atrás”, tuvieron una duración efímera en la prensa oficial. Desde luego, nada que ver con el rol de los diplomáticos que se desempeña por otras coordenadas.
De pronto, ha aparecido un nuevo relato en la prensa oficial en que el régimen habla de una producción experimental de arroz en Pinar del Rio, con la ayuda de Vietnam, o de la llegada a la Isla de 48 millones de toneladas de leche en polvo donadas por Brasil. Tras el fracaso de los dos relatos anteriores, ambas noticias tienen que ver con uno nuevo que se va construyendo a pasos acelerados en pleno proceso de negociación con Estados Unidos. ¿Tal vez porque sea el definitivo o el que más conviene al régimen?
El de Pinar del Rio es simple. “Los vietnamitas han venido a
darnos una ayuda grande. Nos han sacado de un tremendo apuro”, este es el mensaje
que se pone en boca los responsables de la UEB Agrícola Caribe, la segunda
entidad de Pinar del Río, vinculada al proyecto Cuba-Vietnam para la
producción de arroz. Frente a una secuencia reconocida de rendimientos
decrecientes en las cosechas en años anteriores, la llegada de los vietnamitas ha cambiado de sopetón
el escenario y el año pasado, “se realizó una primera siembra de manera
experimental (21,7 hectáreas) con unos resultados sorprendentes”.
Al parecer, se insiste en que estos resultados han sido posibles
gracias a la diferencia del modelo que se aplica en el municipio de Los
Palacios, territorio por donde comenzó esta experiencia en Vueltabajo, en el
cual la parte vietnamita recibió las tierras en usufructo y se encarga de su
explotación, en Agrícola Caribe, territorio de Consolación del Sur, la
producción se lleva a cabo de manera cooperada.
Es decir, “la parte extranjera aporta los insumos (fertilizantes,
herbicidas, plaguicidas, combustible) y la asesoría técnica, y nosotros ponemos
la tierra, la fuerza de trabajo y la maquinaria, así como la rehabilitación del
canal principal, la reparación o el cambio de compuertas, y también de las
losas de hormigón, a fin de mejorar la infraestructura hidráulica vinculada al
proyecto”.
La operación con los vietnamitas, aunque experimental y un
futurible de complicada realización práctica, ha supuesto, al menos momentáneamente,
dejar de lado el relato terrible del genocidio y la guerra total, para entrar
en las bondades del proyecto de alianza con los asiáticos. Hasta el punto, que “se
reconoce que la experiencia ha roto el mito de que en las arroceras cubanas no
es posible hacerlo igual que en Vietnam”, basando más el trabajo de los hombres
que en la tecnología. Se pone énfasis en la organización y disciplina en el
trabajo y el paquete tecnológico que aportan los vietnamitas, “que nosotros
nunca habíamos tenido”.
El relato del régimen, igualmente, se ha visto alterado por
la llegada de la leche en polvo donada por Brasil. En este caso han sido los dirigentes comunistas los primeros en acudir como moscas al panal de miel, para agradecer el
gesto solidario desde Brasil, que llegó a la Isla por Santiago de Cuba.
Díaz Canel resaltó que “este gesto de genuina solidaridad
será destinado sobre todo a los niños de las provincias orientales”. La comunicación
presidencial se realizó en una publicación del Ministerio del Comercio Exterior
y la Inversión Extranjera en la que se añadía que el Embajador de Brasil en la
Isla, Christian Vargas, había hecho la entrega oficial de la donación de 48
toneladas de leche en polvo al viceprimer ministro y ministro del Mincex, Oscar
Pérez-Oliva Fraga. Por supuesto que sí, Pérez Oliva posicionándose en puestos
de salida cada vez que le dejan.
La nota oficial ofrece detalles de cómo se realizó la
operación de descarga y transporte del donativo en un contexto caracterizado “por
el recrudecimiento del bloqueo, y de la limitación de entrada de combustibles
impuesta por el gobierno estadounidense”, pero la leche en polvo “ya se encuentra
en la Isla”, con el único agravante de que es poca cantidad, y que apenas
servirá para atender necesidades muy puntuales.
En el nuevo relato del régimen, los dirigentes han ido
quizás muy lejos, al incluir en la nota oficial a Lula da Silva, al que sitúan
frontalmente contra Estados Unidos mostrando que la relación con el régimen castrista
es “la causa principal de la difícil situación que enfrenta la Isla, y confirmando
que su pueblo y su gobierno siempre asistirán a sus hermanos cubanos”. Eso es
ir muy lejos, si no tiene el autorizo de Lula da Silva.
Pero al menos, el cuento chino de las 176 medidas o el posicionamiento feroz de Bruno Rodríguez en
Naciones Unidas ha pasado a mejor vida en estos días, mientras que la comunicación oficial
del régimen parece centrarse en los recursos que le van llegando a la Isla en
forma de ayudas y donaciones, como los vietnamitas y brasileños, actuando como
soporte vital de un régimen que es incapaz de definir una vía para superar la
grave crisis humanitaria al que ha conducido la nación. Hay que prepararse para la llegada de más donativos. Habrá que ver qué impacto tiene en las negociaciones con Estados Unidos.
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