Derivados del petróleo en Cuba: precios en divisas y distintos

Elías Amor Bravo, economista

Pescar en aguas revueltas no es fácil. Las fuertes corrientes hacen huir a los peces y dificultan la captura, incluso para los pescadores más experimentados. Algo parecido está ocurriendo al régimen comunista de Cuba, que se deshace a trozos porque la pesca no llega, no entra. Lentamente, los máximos dirigentes de La Habana van tomando decisiones que suponen dejar atrás algunos de los principios básicos sobre los que se cimenta la constitución comunista de 2019. Un buen ejemplo es el anuncio publicado en la prensa oficial de que, a partir del viernes 15 de mayo a las 0,00 horas, los precios de venta en divisas de los combustibles serán actualizados, al alza o baja, de acuerdo con los costes de cada operación específica.

La noticia ha causado sorpresa por su premura. Adiós a la idea de un único precio administrativo, anunciado por el ministerio de finanzas y precios, como venía siendo práctica habitual, porque ahora, al régimen se le ha ocurrido la idea de que los precios de venta en divisas de los combustibles se actualicen, y que convivan distintos precios minoristas del combustible en las estaciones de servicio. 

Los precios se establecerán en función del coste de importación de cada actor económico, teniendo en cuenta el impacto de los fletes, la ruta de suministro, los seguros, los riesgos y la fluctuación de precios en el mercado internacional. Es decir, que los precios de la gasolina en la estación de servicio que se encuentra a la salida de Santiago de las Vegas podrán ser superiores o inferiores que los precios de la estación de Boyeros a menos de 5 kilómetros.

¿A quién se le ha ocurrido este juego peligroso?

No cabe la menor duda que esta medida, que irrumpe de forma imprevista, forma parte del sálvese quien pueda provocado por la amenaza que ve el régimen por la presión provocada por las órdenes ejecutivas del 29 de enero y 1ro. de mayo del 2026, sobre todo esta última, que ha provocado una drástica disminución de los suministros de combustibles.

Desde La Habana se insiste en un supuesto cerco marítimo que impide a los barcos petroleros llegar a la Isla. Pero en realidad, los combustibles no llegan porque Cuba no puede pagar ese suministro de crudo y nadie, salvo casos puntuales, está ahora en condiciones de regalar nada, como hicieron Venezuela o la Unión Soviética. En La Habana no se quieren dar cuenta, o quizás sí, de que el viejo modelo llegó a su fin y que el petróleo cuesta dinero, que se tiene que pagar con financiación internacional competitiva, al igual que el resto de los países del mundo.

Con esta medida, se tiene la impresión de que los dirigentes pretenden ofrecer algún tipo de incentivo económico a aquellos que puedan llegar a la Isla con petróleo para su comercialización en divisas, aplicando diferencias a los precios en el territorio. Tal parece que los dirigentes pretenden que el petróleo para ser transformado o los derivados que se suministran en las estaciones de servicio pueda llegar a Cuba por canales independientes a los establecidos por el estado comunista, que decide finalmente tirar la toalla en este negocio.

Pues bien. Cuando las decisiones de mercado se toman de forma parcial y asimétrica como en este caso, lo que realmente va a ocurrir es que no solo seguirá faltando combustible que podrá llegar, pero a cuentagotas, y lo que sí va a suceder es que su precio se va a disparar al alza y la venta en divisas hará más difícil el acceso a amplios sectores de la población, con un aumento de las desigualdades que ya existen en la sociedad cubana. Sin querer o queriendo, el régimen abandona la idea de un precio único y fijo para la venta en dólares en todo el país. La planificación central comunista por los suelos pero condicionando la acción de los actores privados.

Al parecer, las autoridades muestran una confianza, quizás excesiva, en que los actores que han sido autorizados para importar y comercializar combustibles en moneda extranjera, básicamente mipymes, sean capaces de ofrecer este servicio en todo el país, dejando atrás la práctica que existía hasta ahora de un precio fijo para la venta de combustibles.

Esta política se defendía por el régimen desde los tiempos de la tarea ordenamiento, “como política de protección ante los cambios e inestabilidades propias de un mercado convulso”, pero como señala de forma tajante la nota divulgada en la prensa oficial, “esto no se puede sostener económicamente en las presentes condiciones”.

La realidad es que el régimen no sabe qué hacer para resolver la escasez de combustible y no reconoce que solo existe una solución para ello. La pesca está siendo más difícil que nunca y las técnicas tradicionales simplemente no sirven.

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