Las transformaciones aplicadas a la banca: se avecinan fracasos II
Elías Amor Bravo, economista
Como se expuso en la entrada anterior, la ministra presidenta del Banco
Central de Cuba en Mesa redonda, presento el contenido del eje temático 11, formado por 20 "transformaciones", que mantienen vínculos con 17 de los 23 ejes temáticos
definidos por el régimen, de ahí su carácter transversal. Por ello, los técnicos del Banco Central agruparon las transformaciones en cuatro segmentos.
Segmento 1: apertura y
capitalización del sistema bancario.
La medida estrella es la previsión
de incremento del capital de los bancos que se considera necesario para
recuperar la estabilidad del sistema bancario y mejorar sus capacidades para
prestar servicios. Hay dudas sobre cómo será la vía para captar capital, alternativa a las existentes
en la actualidad para ampliar la participación de diferentes actores en el
sistema, incluidos capitales privados, extranjeros y nacionales.¿Todos?
Principales dudas: ¿de dónde sale
ese capital que se dirige a los bancos?
¿De qué forma los bancos, que son
propiedad del estado pueden aceptar inversores privados en el capital, cuando
legalmente el estado es el único que puede aportar capital? ¿Qué interés económico real pueden tener inversores privados en bancos ruinosos y estatales?
Además, si el estado comunista ya no tiene fondos ni
para financiar los servicios básicos ¿de dónde van a salir los que se dirijan a
capitalizar a los bancos?
Segmento 2: crédito, ahorro y
financiación.
Se pretende que los bancos recuperen un papel relevante en el proceso de transformación económica y que fortalezcan sus capacidades para otorgar préstamos y captar los ahorros de la población y de los diferentes actores económicos. ¿Cómo lo harán a partir de la percepción real?
Principales dudas: Los bancos deben dedicarse a mejorar su función de intermediación financiera y contribuir a canalizar hacia la economía recursos necesarios para el desarrollo, y olvidarse de otras cuestiones. ¿Podrán lograrlo? ¿Serán capaces de marcar distancias a las organizaciones comunistas locales?
La iniciativa es interesante, pero se basa en un posible que habrá que ver si realmente se produce. La realidad es que los cubanos tienen una demanda de servicios bancarios de las más bajas del mundo, desconfían de los bancos, y prefieren operar en efectivo en sus transacciones económicas, al margen de la banca estatal. Y corregir eso, no es fácil.
Segmento 3: innovación, los pagos y
los nuevos canales de servicios.
La famosa “bancarización” que
guarda relación con la transformación digital, es objeto de rechazo por la
población que desdeña las operaciones y servicios más accesibles y ágiles. La
innovación en el sistema bancario falla, porque los bancos, como entidades
estatales, se pierden en otros fines, y saben que su supervivencia en el
régimen comunista no depende de la rentabilidad o las transacciones económicas
que promuevan, sino de la obediencia.
Segmento 4: mercado cambiario y
remesas.
Canalizar mediante vías financieras
seguras y mecanismos concretos, determinados flujos que actualmente se realizan
fuera del sistema bancario. El Banco Central pone la diana en las actividades
informales del mercado cambiario que satisfacen de forma eficiente las demandas
de los actores económicos ante la incompetencia del sistema bancario. Las
pretende controlar.
Tras la intervención de la ministra presidenta, Alberto Javier Quiñones Betancourt, vicepresidente del Banco Central de Cuba, intervino en Mesa redonda para explicar cómo se van a desarrollar las “transformaciones” en los cuatro segmentos identificados por el Banco Central.
Estos segmentos no se pueden analizar de manera aislada, por cuanto existe un
elevado nivel de integración entre ellos, ya que deben contribuir a
modernizar el sistema y adecuarlo a las necesidades de la economía cubana en el
presente, el mediano y el largo plazo. La cuestión es, ¿se han planteado las
transformaciones de forma adecuada para conseguir los objetivos de los cuatro
segmentos?
Respecto al primer segmento,
referido a la apertura y capitalización, ya se ha expuesto que se proyecta un
sistema bancario y financiero más amplio y diverso, en el que, además de las
instituciones existentes de propiedad y control estatal, puedan incorporarse
nuevos participantes, incluidos bancos e instituciones financieras con capital
estatal, privado y extranjero, así como experiencias concretas de especialización.
Se citó el ejemplo del Banco de
Desarrollo y Fomento Agrícola, cuya creación se encuentra en sus etapas finales,
una institución especializada para atender las necesidades de financiación de
la actividad agrícola, particularmente la producción de alimentos, aunque se
prevé que podrá desarrollar otras funciones vinculadas con el fomento de la
agricultura.
Desde el régimen se confía que
estas instituciones especializadas permitan diseñar productos y servicios
bancarios dirigidos a sectores específicos de la economía, algo que resulta más
difícil de alcanzar cuando se trabaja desde un espectro amplio de servicios de
la banca comercial actual.
Con respecto a la atracción de
inversiones, el vicepresidente del BCC dijo que ésta no supone únicamente la
entrada de capital a las entidades. La inversión se puede concretar en nuevas
tecnologías, formas de gestión y conocimientos, aspectos que pueden contribuir
a dinamizar el sistema financiero, elevar su capacidad tecnológica y favorecer
una mayor especialización y diversidad de servicios. La realidad es que las inversiones de capital suelen ir acompañadas de esos componentes y rara vez ocurre lo contrario.
El directivo del BCC señaló que la apertura
no quiere decir ausencia de regulación ya que los nuevos participantes se
deberán someter a las normas establecidas por el Banco Central de Cuba,
presentar la documentación requerida y obtener una licencia antes de comenzar
sus operaciones. Una vez autorizados, estarán sujetos a los mecanismos de
supervisión establecidos por el organismo rector del sistema bancario y
financiero.
Finalmente, con respecto a este
segmento primero dijo que, en paralelo, se trabaja en la revisión de las normas
vigentes y de las necesidades de capital de las instituciones bancarias
existentes, pues, como dijo la ministra presidenta del BCC, la capitalización
constituye una condición para dotarlas de mayor capacidad y permitirles
responder a los desafíos de la economía.
El segundo segmento está
relacionado con el crédito, el ahorro y el financiamiento.
Quiñones Betancourt reconoció que
el sistema bancario y financiero cubano actual no refleja suficientemente la
diversidad de actores y necesidades que existen en la economía. Acertado en su
diagnóstico, señaló el objetivo de avanzar hacia una oferta de financiación más
diversificada, capaz de responder a las particularidades de cada sector. De
nuevo, entre los ejemplos citados se citó la actividad agrícola, debido a su
importancia para incrementar la producción de alimentos.
El propósito es que las
instituciones bancarias no se limiten a entregar financiación, sino que puedan
convertirse también en asesores financieros de las entidades, tanto estatales
como privadas o de capital extranjero. Y entonces, ¿van a cobrar por los
servicios prestados? ¿aceptarán los clientes de buen grado esa injerencia consultiva de los bancos? Que los bancos cubanos ayuden a dinamizar la economía
ofreciendo servicio de asesoramiento basado en la financiación, que responda a
las necesidades de cada sector específico no deja de ser otro posible de compleja concreción.
Por lo que respecta al estímulo al ahorro, se informó que el Banco Central prepara un nuevo mecanismo de gestión de las tasas de interés, que será “más financiero y menos administrativo” que el utilizado actualmente. La medida otorga a los bancos comerciales mayor autonomía para definir sus ofertas en función de las condiciones del mercado y de las necesidades de sus clientes.
Surge una duda, ¿es que acaso se está apostando realmente por crear un mercado
monetario para determinar el tipo de interés de equilibrio? Desde el Banco se
quiere ir más lejos ya que se piensa que los tipos de interés podrían
diferenciarse entre instituciones, favoreciendo una competencia orientada a
captar recursos y posteriormente colocarlos mediante el crédito.
El objetivo es establecer una relación más dinámica entre la captación de recursos de la población y su utilización para financiar la actividad económica. Activar el mercado monetario para que las condiciones financieras reflejen mejor el comportamiento de la oferta y demanda.
El vicepresidente del BCC reconoció que hay un problema para
lograr este objetivo, y es que la economía cubana necesita recuperar una mayor
utilización del crédito, tanto por parte de los actores económicos como de las
personas naturales. Insinuó que el lanzamiento del mercado monetario no se
puede garantizar si hay oferta, pero no demanda. El negocio de la banca depende en exceso de la inflación. Mencionó particularmente los
créditos para la adquisición de fuentes renovables de energía y que se trabaja
para hacer esos mecanismos más ágiles, rápidos e interactivos. Anunció que
también se trabaja en otros servicios destinados directamente a la población,
entre ellos el crédito al consumo, cuyos detalles serán informados
posteriormente, una vez que estén disponibles.
El tercer segmento tiene que ver
con las garantías. Sobre este punto, el directivo dijo que el sistema necesita
ampliar las modalidades de garantía disponibles para facilitar el acceso al
financiamiento, teniendo en cuenta la restricción establecida por la
constitución y las normas cubanas según la cual, la propiedad de los medios de
producción es totalmente estatal y no está autorizada la privada.
Igualmente, en este punto relacionó
las transformaciones con la necesidad de elevar la educación financiera de la
población para que se comprendan mejor conceptos y mecanismos financieros, lo
que hará que la sociedad pueda interactuar de manera más efectiva con las
nuevas posibilidades que ofrecerá el sistema.
Quiñones Betancourt mostró su confianza en la
innovación y la tecnología que las calificó como la columna vertebral del proceso de
modernización bancaria. La ampliación del sistema no significa necesariamente
construir más sucursales, sino que implica desarrollar más servicios y
productos que permitan reducir la presencialidad y trasladar operaciones que
hoy se realizan en las oficinas bancarias hacia los teléfonos y otros canales
digitales.
El directivo expuso los planes del BCC relativos a las fintechs, nuevas figuras vinculadas con las tecnologias financieras para evitar la visita al banco para realizar operaciones. Las entidades que apuestan por las fintechs utilizan herramientas tecnológicas para ofrecer servicios financieros
y tendrán una regulación diferenciada de la aplicable a un banco o a una
institución financiera tradicional.
Asimismo, informó que el Banco
Central trabaja en la actualización de las regulaciones relacionadas con el uso
de las criptomonedas y habló de la existencia de una propuesta en fase final, que busca establecer
un marco más flexible para determinadas licencias y autorizaciones, al tiempo
que refuerza la supervisión sobre las plataformas que sean aprobadas. A estas
transformaciones se suma el desarrollo de proyectos vinculados con la
inteligencia artificial, como parte de la estrategia de transformación digital
del sistema bancario y financiero.
El cuarto segmento se relaciona con
uno de los asuntos de mayor complejidad para la economía cubana: el mercado
cambiario.
Sobre este punto, Quiñones
Betancourt señaló, de nuevo acertadamente, que el país necesita un mercado de
divisas más eficaz, eficiente y seguro, capaz de contribuir a que los recursos
en moneda extranjera tengan una utilización más efectiva dentro de la economía.
Y citó como un ejemplo de la “transformación” la incorporación de casas de
cambio privadas.
El vicepresidente del BCC recordó que ya funciona la primera de estas instituciones, ubicada en Santa Clara, Villa Clara, y que el Banco Central ha supervisado su funcionamiento y ha ido adecuando las normas correspondientes. Señaló al respecto que existen otras solicitudes para la creación de entidades similares lo que llama la atención, si se tiene en cuenta el escaso tiempo transcurrido desde que se anunciaron. No obstante, al parecer las casas de cambio privadas constituyen solamente una parte de una “transformación” mucho más amplia del mercado cambiario.
Con respecto a las remesas, el
directivo formuló su preferencia por las operaciones digitales que permitan
mejorar aspectos como rapidez, agilidad y costos, y anunció que ya existen
instituciones financieras que han comenzado a incorporar estos servicios y se
preparan nuevas plataformas. Nada más.
Como conclusión, los cuatro segmentos identificados por el Banco Central, apertura y capitalización; crédito, ahorro y financiamiento; innovación y nuevos canales; y mercado cambiario y remesas, se quieren articular dentro de una misma estrategia que permita construir un sistema capaz de acompañar las transformaciones de la economía, ampliar las opciones para sus diferentes actores y ofrecer a la población servicios bancarios más accesibles y eficientes.
Hay algunas dificultades objetivas para que esto no se consiga fácilmente.
Por ejemplo, está la cuestión de que estos segmentos no van a evolucionar al mismo ritmo, en cuanto a su puesta en marcha y funcionamiento, lo que puede crear asimetrías en el proceso que acaben distorsionando los objetivos. Por ejemplo, se puede producir una participación destacada de inversores en el sistema bancario, incluso que aporten tecnología, pero difícilmente estos procesos tendrán éxito si no se modifica la cultura bancaria de los cubanos, y ya se sabe lo difícil que es avanzar en la bancarización.
La unificación del mercado de divisas es un aspecto que siendo prioritario no deja clara cómo será su relación con los segmentos, y la gestión de las remesas puede acabar siendo un negocio marginal si no se diseñan de forma eficaz los procedimientos.
Esto quiere decir que las “transformaciones” pueden acabar atragantándose al Banco Central porque, quién mucho abarca, poco aprieta. Quizás sería conveniente, antes de lanzarse a la arena, trabajar algo más en la priorización de las medidas que acompañan a los segmentos y visualizar cuáles pueden tener un mayor impacto en el sistema bancario y financiero.
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