La bancarización sigue sin funcionar (I)
Elías Amor Bravo, economista
La vocera del régimen comunista, Marxlenin Pérez, está empeñada en lograr que la bancarización
en Cuba sea un éxito y a ello ha dispuesto todo su poder mediático al frente de
su programa televisivo, denominado "Cuadrando la caja". De antemano le avisamos, no lo tiene fácil
Hablar de los retos y las nuevas medidas de la banca estatal
comunista en Cuba, anunciadas por el Banco Central tiene sus riesgos, porque se
trata de un sistema que, desde 1959 en los albores de la revolución, mostró una
clara ineficiencia operativa, un marcado desinterés por ofrecer a los ciudadanos
un servicio adecuado y porque nunca ha desempeñado el papel que la economía
reserva para las instituciones crediticias, justo lo contrario de lo que
ocurría antes de 1959. Los bancos comunistas cubanos acabaron siendo brazos armados de
la seguridad del estado, y poco más.
Eso ha devenido con el paso de los años en una operatoria ineficiente, jerárquica y
burocrática que se traduce en largas colas, problemas de conectividad, apagones,
negocios que no quieren aceptar transferencias o pagos en línea, ausencia de productos de crédito, y muchas más.
Y claro, ante un escenario como el descrito, quién puede tener interés en la
bancarización, o en las nuevas medidas anunciadas por la ministra presidente
del Banco Central. Nadie.
Expuesto de forma sucinta el problema, en la economía cubana
se presentan dos aspectos de compleja solución, que las autoridades quieren
corregir con la implantación de la bancarización, un camino que está siendo muy
difícil. Lo que ocurre es complejo, de un lado, existe una carencia de efectivo
estructural sobre todo en las operaciones económicas de la población, y de
otro, la gente no acepta los pagos digitales.
La banca estatal comunista observa que, pese a crear
incentivos para la aceptación de los pagos digitales, la población cubana los
rechaza, empezando por los comercios, en los que se da la negativa a aceptar
los pagos desde medios de pago digitales.
Y los comercios no se fían de la bancarización porque no les
ayuda a mejorar su gestión. Por ejemplo, no facilita el ciclo de reaprovisionamiento de los
negocios que es lo que determina que los productos vendidos puedan ser
reemplazados por otros conforme van teniendo salida. Los comercios y los
negocios observan que ese dinero digital no sirve para dar continuidad a la oferta de productos y servicios, y lo rechazan.
Por otro lado, en un contexto de elevada inflación de dos
dígitos, como el que existe en la economía cubana desde hace más de una década,
si pagar las mismas cosas va exigiendo cada vez más dinero, más billetes, o lo
que sea, el interés por utilizar la banca digital y los medios de pago electrónicos,
desaparece.
Otro factor, menos destacado por su influencia, es el
tratamiento a los distintos actores económicos, concretamente, en la búsqueda
de un servicio más personalizado que atienda las necesidades de efectivo de
cada actor económico lo cual puede ayudar a reducir el número de personas que
acuden a las sucursales para resolver sus problemas de efectivo.
No conviene olvidar que en la economía cubana se presenta
uno de los porcentajes más elevados de efectivo en circulación con relación al
PIB, un 55% con datos de 2024 (últimos disponibles) lo que dice muy poco de la
confianza de la gente en los bancos.
Un ejemplo de este trato diferenciado puede estar con los
actores mayoristas, por ejemplo, que realizan un gran volumen de importaciones,
con una relación estrecha con muchos clientes, que a su vez son otros actores
creando una cadena. En la medida que se pueda incidir positivamente en esos
actores, el principal actor puede aceptar los pagos electrónicos de otros
negocios y estos, a su vez aceptar las transferencias hasta que el consumidor
final. El problema de esta medida es que el actor mayorista en la economía
cubana tiene mucho que avanzar.
De modo que, cuando alguien va a un
establecimiento comercial y no aceptan el pago con banca electrónica, ¿Qué es
lo que se puede hacer?
La casuística es muy variada. Hay actores económicos que no
aceptan una transferencia porque va asociada una comisión elevada, de modo que
una de las medidas ha sido rebajar lo que se cobra al comercio de 1.5 se baja a
0.8, de modo que el establecimiento tenga incentivo para apostar por la banca
digital. Además, una comisión que se cobra en la pasarela del pago, en línea,
cada vez que los clientes la utilicen. Las autoridades tienen mucha confianza
depositada en la rebaja de la comisión como factor de estímulo a la banca
digital. No deberían.
Empeñados en conseguir el objetivo, las autoridades han
propuesto otra medida, consistente en aplicar a los actores económicos un por
ciento de bonificación que ahora no tienen. La bonificación se venía realizando
al cliente, al consumidor; el consumidor va a continuar con su bonificación,
pero la bonificación se reparte, sigue siendo del 6%, pero ahora el 4% se va a
entregar al consumidor y el 2% restante al comercio, lo que podrá disminuir los
costes porque la comisión por operación quedará topada en 105 pesos por cada
operación. Mal asunto. Porque los consumidores pierden con esta reforma, y lo
que ganan los vendedores, un 2% es ínfimo y no compensa. Los comunistas
repartiendo al margen del mercado, una de sus preferencias básicas. Además, a
todo ello hay que añadir la decisión de topar precios, en este caso de las
comisiones por operación, es una medida antieconómica que no funciona. Es
decir, todo apunta al fracaso.
Se piensa que es una mejor distribución de la
bonificación que pagan los bancos de sus resultados, de sus ingresos. Si el
negocio no acepta la transferencia, el beneficio del 6%, da igual el valor que
tenga, no tiene efecto, justificado como un coste para el comercio. Pero
incluso, en este caso, si se compara con la operatoria de efectivo que no tiene
coste, el comercio puede acabar aceptando el reparto de la bonificación de los
bancos y entrar en el juego de la banca electrónica.
Otro factor para destacar ha sido la queja de los actores
económicos por el largo periodo que debían esperar para la acreditación de las
operaciones de pago en sus cuentas a veces hasta 5 días. Las medidas van
dirigidas a que los pagos sean en línea en el momento caigan es la cuenta
bancaria del actor, a ser posible en el día y se trabaja en sistemas para que
todas las operaciones que se hagan de cualquier banco también le caigan a sus
cuentas en el mismo día. Ciertamente, estos retrasos provocaban que muchas veces
los actores no usaran el pago en línea, sustituido por la transferencia,
obteniendo, en su caso, el número de la tarjeta de transferencia para tener la
seguridad de que entra el dinero en la cuenta. Las autoridades creen que esta
mayor rapidez en las operaciones puede llevar a los actores a sentirse
motivados a usar la banca electrónica.
Y claro, ante este escenario de confusión por parte de las
autoridades, no es extraño que circulen en la población los rumores más
absurdos. Como, por ejemplo, que no hay efectivo para pagos porque está todo en
manos de las mipymes o de los campesinos privados. Gran error, las mipymes pierden cuando
retienen el dinero sobre todo enfrentándose a un peso cubano que ve como se
reduce su valor cada día. Entonces, ¿Dónde está retenido el dinero? La
respuesta es fácil, en el estado que sigue concentrando más del 70% del PIB en
sus actividades mezcladas de servicios, producción, distribución, etc. Al
estado comunista le importa poco que el peso suba o baje, porque tiene un
cambio privilegiado de 1:24 desde la tarea ordenamiento. Y no sufre por las
exigencias administrativas y competitivas del sector privado. De hecho, el
número de empresas estatales con pérdidas se ha disparado un 43% alcanzando a 399 empresas en los primeros cinco
meses de 2026 con respecto al año anterior. Las mipymes manejan el dinero para
generar servicios para sus clientes y rentabilidad. Los campesinos todavía lo
tienen peor en el mundo rural donde no existen los servicios de las zonas
urbanas. Para ellos, el dinero es instrumental. Para el estado comunista, sin
embargo, es poder.
De modo que el régimen castrista se encuentra ante una
compleja disyuntiva. De un lado, necesita que se fomenten los pagos digitales y
este objetivo se pretende lograr en un contexto económico en que, como se ha
señalado, no hay forma de atender la demanda de efectivo de la población.
Trabajar los dos ámbitos requiere prestar atención al estado, el tercer actor
en juego, que ni satisface sus demandas de efectivo ni tampoco tiene especial
interés en lograr un uso más eficiente del efectivo.
Hacer frente a este complejo problema requiere mucho más que
medidas de maquillaje superficial, porque si se piensa realmente lo que hay
detrás, es el modelo económico marxista leninista de la constitución de 2019.
No es posible desplegar en Cuba una política monetaria moderna sin una reforma
constitucional. La relación de los bancos estatales cubanos con los actores
económicos viene mediatizada por 67 años de marxismo leninismo que han
conducido al pésimo escenario actual de desconfianza generalizada. Si se
pretende que los bancos atiendan mejor a los actores económicos, se necesita un
nuevo régimen de propiedad, una voluntad de servicio que no existe en la
actualidad. Los bancos cubanos, a diferencia del resto del mundo, se dedican a
cumplir a rajatabla las órdenes del poder político, en vez de satisfacer las
necesidades de sus clientes. Y esto no se arregla con la bancarización ni
tratando de controlar el efectivo por medio de incentivos de los que existen
dudas sobre su funcionamiento.
La bancarización en Cuba no está
experimentando en la economía cubana un proceso natural similar al que ocurrido
en otros países del mundo. Existen numerosos rechazos de la población, trabas
que superar y sobre todo, incertidumbre sobre sus resultados. En otros países la banca digital ha sido un
éxito para todos los actores económicos, básicamente porque son capaces de
distinguir el valor añadido que se les propone.
En el régimen comunista cubano no
se perciben estas ventajas. Tal vez por un error de diseño, quizás por la
percepción general que tienen los actores de la banca, posiblemente porque
tampoco hay interés en que cambie la situación. La banca cubana pertenece al
estado que es, como se ha señalado, el que concentra la mayor parte del
efectivo y transacciones de la economía. Ir contra ello requiere reformas de gran
calado. Lo que se ha constatado en el caso cubano de banca electrónica es que
las imposiciones no funcionan, tampoco los incentivos ni los beneficios. Los
cubanos prefieren seguir trabajando con el efectivo, aunque conseguirlo sea
difícil, al menos en las entidades bancarias. La economía informal cuenta con
dispositivos suficientes para proporcionar ese dinero en efectivo esencial para
las transacciones.
Hay quienes creen que el interés por la bancarización es escaso porque la gente piensa que va a pagar más impuestos, en la medida que todo el dinero pasa a ser transparente a través de los impuestos. No parece que esto sea así, más bien el rechazo se encuentra en la ausencia de percepción de beneficios por el cambio.
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