¿Nos creemos las 176 transformaciones o no?
Elías Amor Bravo, economista
Las "176 Transformaciones" incluyeron un acápite relacionado
con la eliminación de subsidios a los precios, y la supresión de los topes de
precios, precios controlados y precios centralizados, instrumentos utilizados
por el sistema comunista para distorsionar el funcionamiento del mercado y
provocar situaciones de escasez estructural, colas, racionamiento, etc., que suponen
indignación para amplios sectores de la población.
Pues bien, resulta que todavía las “176 Transformaciones” están
a medio camino que las autoridades de Villa Clara y Guantánamo (*) han puesto fin a
la iniciativa de liberalizar los precios de los bienes y servicios para que actúen
como fuente de información para la oferta y demanda en el mercado, y basándose
en unas supuestas “preocupaciones manifiestas por el pueblo” se han lanzado a
combatir lo que llaman “precios abusivos”.
Aquí hay mucha verborrea y desde luego, un análisis
deficiente del comportamiento de una economía. Vayamos por partes.
Históricamente, cada vez que el régimen comunista se veía desbordado por una tensión en los precios provocada por las consecuencias nefastas del modelo económico, empleaban el término “precios abusivos” para hacer referencia a los precios minoristas de diferentes productos y servicios. Entonces, de forma automática, se producía la intervención comunista, a partir de una revisión previa de los distintos componentes de coste como los precios de importación, los costes de transporte, el valor de los intercambios entre determinados actores económicos que se dedican a la comercialización de productos alimenticios de primera necesidad. Y esa intervención consistía en topar los precios o controlarlos, lo que venía a ser más o menos lo mismo, e igual de dañino.
Ahora, el escenario ha cambiado,
porque al parecer la prioridad del régimen comunista es implementar las "176
transformaciones", incluyendo las normas legales que las sustentan, que en el
caso de la formación y aprobación de precios correspondían al ministerio de
Finanzas y precios que, por cambiar, ha visto como desaparece la referencia a
los “Precios” del nuevo departamento “Economía y Finanzas”.
Como resultado del análisis realizado a partir de las
preocupaciones manifestadas por el pueblo sobre el incremento indiscriminado de
determinados precios y servicios de primera necesidad, se adoptó el Acuerdo No.
127 del consejo provincial del poder popular en Villa Clara, en el que se
establece como máxima el 30% de tasa de margen comercial para la formación de
precios mayoristas y minoristas, con el visto bueno del comité provincial del partido. El partido comunista decidiendo los márgenes comerciales y los precios de venta al público. Apaga y vámonos. De ese modo, el aceite oscilará entre 2.250 pesos el litro en
comercialización mayorista y en 2.500 pesos en minorista, el huevo en 95 y 110
pesos la unidad, respectivamente, la leche en polvo en 3.120 pesos el kilogramo
(kg) de forma mayorista y en 3.465 pesos el kg en la venta minorista, el azúcar
refino (blanca), en 370 pesos la libra de forma mayorista y 410 pesos en
minorista, las salchichas en formato de 1 kg a 1.255 pesos como venta mayorista
y 1.500 pesos en minorista. Y esto, porque lo dice el partido comunista.
Este es un ejemplo del absurdo irreal del modelo económico que domina en Cuba desde 1959, un consejo provincial actuando como la institución del mercado, fijando el precio de venta y los márgenes de los comercios. Y claro, así, no es extraño que este Acuerdo contravenga la "Transformación" relativa a los precios, sino que, además, provoque en Villa Clara un inmediato desabastecimiento de los bienes y servicios de primera necesidad cuyos márgenes se topan.
Y claro, como no es
suficiente, ese poder popular metido a árbitro económico anuncia que se
reforzarán las acciones de enfrentamiento contra quienes incumplan lo
establecido. Amenazas, represión y sanciones traducidas en multas, decomiso, venta
forzosa del producto, suspensión temporal de licencias, permisos y
autorizaciones, cancelación definitiva de licencias, permisos y autorizaciones,
incluida la cancelación definitiva para ejercer el trabajo por cuenta propia; clausura
total o parcial de establecimientos o locales; y obligación de hacer
Lo peor de todo esto es que este consejo provincial, da
igual uno que otro porque todos piensan del mismo modo, anuncia “su compromiso de
proteger los intereses de la población y continuar enfrentando las ilegalidades
y los precios abusivos y especulativos que afectan a los consumidores”. Y
claro, como no podrían ser dos sin tres, afirma que "es por medio de los topes y
la represión como se van a conseguir los objetivos". No sería extraño que hubiera
una significativa deserción de actores económicos del comercio en Villa Clara
en los próximos días, y que los vayan a buscar a casa. Ya verán lo que se
encuentran.
Lo dicho. La burrada no se queda en Villa Clara sino que se
extiende al consejo de la Administración del municipio de Guantánamo, en este
caso, para regular el precio del aceite, que en los últimos días aumentó hasta
alcanzar los 6.000 pesos y más por unidad.
Una vez más, como resultado del análisis realizado a partir
de las preocupaciones manifestadas por la población sobre el incremento
indiscriminado del precio del aceite en el comercio minorista, se realizó de nuevo un
estudio de los costos y gastos asociados a la comercialización de este
producto. Como resultado de dicho análisis, se acordó que, a partir del
miércoles, el precio de referencia para la venta minorista del aceite será de 2.200
pesos por unidad.
Lo peor de todo es que este consejo municipal afirma que “no
se trata de un precio topado, sino del resultado de la evaluación económica
realizada sobre los costos y gastos de comercialización” esto en un manifiesto
intento de “bordear” la “transferencia” que implica la liberalización de
precios.
Además, se anunciaron similares acciones de enfrentamiento
contra quienes incumplan las disposiciones establecidas y se detallaron las
medidas que podrán aplicarse a los infractores, como cierre temporal del
establecimiento hasta por tres meses; decomiso y venta forzosa del producto y
aplicación de la multa correspondiente, conforme con la legislación vigente.
Incluso se facilitaron teléfonos para denunciar por parte de la población, es
una vergüenza lamentable que las delaciones sigan en el ADN del régimen comunista
cubano como el primer día.
La prensa oficial comunista, como no podría ser de otro
modo, justifica estos topes de márgenes y de precios y señala que se recibieron
“miles de reacciones y comentarios en apoyo de la medida”. Se supone que
procedentes de la población, que, al mismo tiempo, reconoció que “algunos
negocios, no todos, acataron la indicación y comenzaron a vender el pomo de
aceite en el precio aprobado de 2.200 pesos, no obstante, numerosas opiniones
consideran que es un costo que muchos ciudadanos aún no pueden pagar”.
El problema está bien definido: un producto sale al mercado
con un precio elevado que no todo el mundo puede pagar. ¿Quién puede y debe arreglar
este desajuste? Desde luego el “consejo de administración de turno”, los
márgenes y precios topados, o los precios centralizados y controlados, e
incluso, el control popular del cumplimiento cabal en todos los
establecimientos” no representan solución al problema, sino agravarlo más.
El mercado tiene la solución. Si el precio del aceite es muy elevado y hay gente que no lo va a poder comprar, los vendedores observarán al cabo de unos pocos días, que en sus almacenes las botellas de aceite se van acumulando, sin salida. Esto no es bueno para sus negocios. Entonces, de forma automática habrá uno o varios comerciantes que decidirán bajar el precio, asumiendo menos márgenes. Primero bajará el precio de forma limitada, tal vez en un porcentaje inferior a un 5%, pero si el precio del aceite sigue estando elevado y las botellas se acumulan en los almacenes, otros comerciantes lo bajarán más para atraer clientes, posiblemente más de un 10%.
Entonces algunos compradores que no tenían acceso al precio inicial ahora podrán comprar aceite. Los vendedores por precaución mantendrán los precios bajos si ven que la demanda se activa y consiguen mantener sus márgenes. Con la renovación del producto en los almacenes, habrán vendedores que podrán bajar más el precio manteniendo sus márgenes.
Esa es la magia del mercado. Un ajuste espontáneo, natural, de oferta y demanda a partir del precio, sin la necesidad de que intervengan “gobiernos
municipales”, ni otras majaderías comunistas. Los cubanos deben saber que
este mecanismo es posible y que puede y debe funcionar en la economía de Cuba
una vez que se reemplace el actual modelo que no es capaz de asegurar un
suministro a precio aceptable de aceite.
Si se pretende frenar “el exorbitante aumento del precio del
aceite” la fórmula de éxito es el mercado. Las “176 transformaciones” se tienen
que implementar por todos. ¿Qué es eso de que un gobierno municipal vaya por
libre?
(*) Habiéndose redactado esta entrada del blog llegaron informaciones de que el gobierno de Matanzas también se había lanzado a topar precios. Esperamos que esta fiebre baje pronto.
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