La administración pública en Cuba no está para reformas
Elías Amor Bravo, economista
El régimen castrista declara querer “redimensionar la
estructura del gobierno para fortalecer la institucionalidad, elevar la
eficiencia de la gestión pública y respaldar la implementación de las
transformaciones económicas y sociales”. Estos son los objetivos definidos en
la Ley de Organización de la Administración Central del Estado, aprobada por la
Asamblea Nacional en su X Legislatura. Pero en realidad se trata de algo muy
distinto, ya que con esta reforma se pretende apretar al pueblo con más
burocracia, más jerarquía, control e intervención. Esta ley no respeta ni se
adapta al sino de los tiempos, porque mantiene que el estado debe situarse por
encima de toda actividad económica, un principio de la organización marxista
leninista.
La
presentación de la norma corrió a cargo del secretario del consejo de
ministros, José Amado Ricardo Guerra, que señaló su relación con el artículo
146 de la constitución de la República, donde se establece el número,
denominación, misión y funciones de los ministerios y demás organismos que
forman parte de la Administración Central del Estado, su determinación por ley,
y el ajuste al cronograma legislativo aprobado por la Asamblea Nacional para el
periodo 2026-2027.
Como en
otros ámbitos de la gobernanza castrista, la actual organización de la
Administración Central del Estado se rige por un decreto ley vigente desde
1994, que ha alcanzado más de un cuarto de siglo de existencia, y que pide
abiertamente su actualización por obsoleto, en la medida que dota a la
Administración de una rigidez y e inflexibilidad que impide su funcionamiento
eficiente.
Antes de
proseguir, conviene tener en cuenta que, en los países democráticos, la
organización y estructura de la Administración, los ministerios, se modifica de
acuerdo con el resultado obtenido por las correlaciones políticas que surgen de
las elecciones democráticas periódicas. Esto permite conseguir algo que es
fundamental para las políticas públicas, y es que la administración se adapte a
las preferencias políticas de los ciudadanos que otorgan el respaldo social electoral
a la fuerza ganadora que lidera el cambio ministerial. Esta es una diferencia
importante con respecto al modelo impuesto por la norma cubana, que cronifica
la estructura administrativa y la conforma con rango de ley y estabilidad en el
tiempo.
Por empezar
por algún sitio, la ley establece una reducción de 27 a 21 en los organismos de
la administración central del Estado, y ¿Por qué no a 20, o quizás a 15? ¿Qué más da? por
medio de la integración de funciones y el cambio de denominación en ocho de
ellos. Sin embargo, esto significa que no hay pérdida de posiciones de poder,
ni tampoco de gestión presupuestaria, sino realineamientos y nuevas
dependencias. A la larga, más gasto. La foto fija de los que cambian queda del
siguiente modo:
- Agricultura y Alimentación
- Educación Superior, Ciencia e Innovación
- Economía y Finanzas
- Comercio e Inversión Extranjera
- Industrias y Construcción
- Medio Ambiente, Hábitat y Recursos
Hidráulicos
- Deportes y Recreación
Desde el
principio, cabe señalar que la reorganización no limita la capacidad de gestión
de los organismos, por el contrario, establece una reestructuración interna
para adecuar sus funciones al nuevo diseño institucional, en definitiva, lograr
más poder político. La
reorganización se adecua al mandato constitucional comunista de 2019,
atendiendo a las disposiciones de fortalecimiento de institucionalidad estatal
y de la definición constitucional del estado socialista de derecho y justicia
social. Jerarquía, partido, poder político y burocrático, una pésima
combinación para la base de la administración del régimen comunista.
Además, la
Ley atiende al cumplimiento del Objetivo General No. 6 y al Específico 6.3 de
las Transformaciones Económicas y Sociales, número 41, que incide en la
necesidad de redimensionar la Administración Central del Estado para conseguir
la unidad en el diseño, ejecución y control de las políticas públicas,
ofreciendo una atención más coherente y consecuente con la transversalidad de
alguna de esas políticas en la actuación del estado cubano.
En
cualquier caso, de lo que no cabe duda es que habrá que esperar para ver cómo se ponen a funcionar los nuevos agregados, y eso va a requerir tiempo, que es de lo que no anda muy sobrado el régimen comunista cubano. La reforma pretende integrar
procesos de gestión pública para lograr una mayor eficacia, dotar de eficiencia
a los medios de la administración central, reducir la fragmentación y
dispersión en la actuación administrativa y eliminar la duplicidad de
competencias y actuaciones existentes en la gestión pública. Un enunciado como
el descrito no admite cuestionamiento, pero es complicada su consecución en la
enmarañada estructura de la administración comunista. El hecho de que las
reformas se limiten al ámbito de la administración central dice muy poco de las
mismas.
Con esta
ley, los brazos de la administración se extienden poderosamente sobre otros
actores, condicionando su funcionamiento y existencia misma. Más aún
cuando se reivindica la participación de todos los actores económicos en los
procesos relativos a la gestión pública para dotar de mayor coherencia al
cumplimiento de las funciones estatales de los OACE, separándolo de las
empresariales, de los órganos del Poder Popular, tanto los municipales como los
provinciales.
Igualmente,
habrá que esperar para comprobar si los nuevos agregados creados ofrecen una mayor calidad de los servicios y prestaciones
públicos, crean un mejor escenario para la transparencia, rendición de cuentas
y control, propician mejores condiciones estructurales y funcionales para la
atención administrativa de las necesidades generales de la población, garantizan
los derechos ciudadanos y el cumplimiento de los deberes. Lo cierto es que se
trata de otro enunciado que no es fácil de cuestionar, pero que igualmente está
condicionado por la dinámica de los procesos administrativos y la naturaleza represiva
del régimen político.
Algunos de
los cambios más significativos, con la aparición de los nuevos agregados, a
partir de la reforma son los siguientes.
El
Ministerio de Agricultura y Alimentación pretende integrar toda la cadena
agroalimentaria, desde la producción hasta la comercialización, en consonancia
con la Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional. Mala
noticia. Un ministerio de larga tradición en el sector público cubano,
Agricultura, incluso anterior a 1959, desaparece como tal, de esta nueva
estructura. Además, estableciendo una relación entre Agricultura y
Alimentación, se deja de lado la importante actividad de la industria
manufacturera para la alimentación, y hasta cierto punto, se olvida la
relevancia de la producción ganadera.
El
Ministerio de Economía y Finanzas, favorecerá una mayor articulación entre la
planificación económica, el presupuesto, la política fiscal y las inversiones,
al tiempo que aclaró que reduce la duplicidad de funciones y conflictos
burocráticos, actuando como solo un organismo. Aquí se destaca como algo positivo la desaparición de los precios, de la denominación del departamento, aunque no está claro que se determinen por el mercado vía
oferta y demanda. Combinar economía y finanzas en un modelo marxista leninista
de la economía entraña riesgos.
El
Ministerio de Comercio e Inversión Extranjera unificará la política comercial,
facilitará las cadenas de suministro y se adecuará a la participación de otros
actores económicos no estatales en el comercio. No parece acertada esta
unificación de dos competencias poco relacionadas entre sí. Los proyectos de
inversión extranjera rara vez se dirigen al comercio y dado su estado actual no
parece que lo sean en el futuro.
El
Ministerio de Educación Superior, Ciencia e Innovación, señaló que fortalecerá
el vínculo entre la formación de profesionales, la investigación científica y
la innovación tecnológica, potenciando el desarrollo del capital humano.
Vincular la ciencia e innovación a la educación es apostar por una actividad
ajena a la demanda de mercado, lo que debería servir para la obtención de ingresos. Mala decisión.
Con la
creación del Ministerio de Medio Ambiente, Hábitat y Recursos Hidráulicos,
considerado uno de los cambios más significativos de la propuesta, se integran
funciones relacionadas con la vivienda, el ordenamiento territorial, la gestión
ambiental y los recursos hidráulicos. Mala decisión. La vivienda tiene poco que
ver con este departamento, y su grave estado en la economía cuba podría exigir
una mejor ubicación.
Igualmente,
el Ministerio de Industria y Construcción logra la integración de ramas
industriales heterogéneas y la complementación y articulación de funciones y
actividades para cerrar procesos y lograr la eficiencia y eficacia que la
Administración Central del Estado requiere. Mala decisión, a no ser que se
apueste por la construcción industrial, una actividad que en la economía cubana
se encuentra prácticamente sin aparecer.
Si
realmente el proyecto ha realizado una amplia consulta con organismos,
especialistas y diputados, con numerosas propuestas y observaciones, muchas de
ellas incorporadas al texto final, parece evidente que las mismas se han
sometido a la idea central del redimensionamiento de la Administración central
del estado, como un paso necesario para fortalecer la institucionalidad y
garantizar una implementación más eficaz de las transformaciones económicas y
sociales. Es decir, otorgar más poder al ejecutivo.
En el
reparto final de funciones, el Ministerio de Industria y Construcción asumirá
la conducción de la política relacionada con los servicios comunales y la
gestión integral de los residuos sólidos; el Ministerio de Agricultura y
Alimentación atenderá las áreas verdes y los residuos orgánicos; el Ministerio
de Medio Ambiente, Hábitat y Recursos Hidráulicos tendrá a su cargo el
mobiliario urbano, los parques y la evaluación del impacto ambiental; mientras
que el Ministerio de Salud Pública será responsable de los servicios
funerarios, cementerios y el control sanitario asociado.
Por último,
se destacan algunas de las intervenciones de los diputados. Respecto a la
aplicación de la Ley, Machado Ventura manifestó que se tiene que ser
preventivos y que el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en concreto,
tendrá que revisar las plazas, los problemas de desempleo y asistencia social
para que esta nueva estructura sea más eficiente.
La diputada
Aylin Justiz sostuvo que, si bien la reforma disminuye la burocracia y es una
decisión acertada, en el caso de la fragmentación del Ministerio de Ciencia
Tecnología y Medio Ambiente, con las nuevas funciones, supondría costos de
titulación. Asimismo, explicó que “puede acelerar la pérdida de capital humano
especializado, debilitar la representación unificada de nuestro país ante
convenios internacionales que tienen que ver con el cambio climático, con seguridad
nuclear, con biodiversidad”.
Inés María
Chapman, viceprimera ministra, defendió la creación del Ministerio de Medio
Ambiente, Hábitat y Vivienda, y planteó la necesidad de garantizar una
transición coherente y una eficiente distribución de la fuerza de trabajo
capacitada. Informó del análisis
de riesgo y de costos-beneficios para poder reunir todos los criterios en aras
de la conformación de este nuevo ministerio, como
complejidad burocrática, vulnerabilidad territorial y fragmentación
institucional.
Chapman
reconoció que la creación del Ministerio de Medio Ambiente, Habitat y Recursos
Hidráulicos responde a una “necesidad de fortalecer la respuesta ante los
eventos climáticos, lograr eficiencia, reducir el gasto público y concentrar
recursos de una manera más eficaz. Se pretende lograr una mejora en la
articulación territorial, al tener competencias transversales, implementar coherentemente
las políticas en los territorios, facilitar la cooperación internacional y
concentrar competencias administrativas, a la vez que se cumplen los objetivos
de las agendas internacionales. Su unificación podría mejorar capacidades para
coordinarse con organismos como la ONU, el PNUD y otros”.
La diputada
y subdirectora del periódico Granma, Leidys María Labrador, mostró su
preocupación sobre la necesaria comunicación institucional en medio de todas
las nuevas transformaciones que se han planteado en la Asamblea. Recomendó
incluir en los planes de transición, los cambios en los procesos de
comunicación de los ministerios y organismos implicados para que en su
reestructuración se creen los nuevos logos, colores y la identidad corporativa que
los va a representar. También propuso la creación de estrategias para
comunicar esos cambios y la consolidación de canales públicos de comunicación
para lograr un intercambio más explícito y coherente con la población.
El miembro
del Consejo de Estado, Yuri Valdés, dijo que la norma constituye un punto de
partida para reorganizar la gestión gubernamental, cuyo perfeccionamiento
dependerá del proceso de implementación y de la participación de los organismos
y diputados. Señaló que resulta imposible alcanzar un consenso absoluto en un proceso
de esta magnitud, debido a la diversidad de criterios existentes, pero
consideró que la propuesta presentada por el Gobierno ofrece una base sólida
para avanzar en la transformación de la Administración Central del Estado y
garantizar una mayor eficacia institucional.
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