Rodríguez y las sanciones: el cuento de nunca acabar

Elías Amor Bravo, economista

Cada vez hay menos que decir, pero la consigna es estirar como sea el chicle para seguir haciendo daño. ¿Daño a quién? Pues a todos aquellos que todavía a estas alturas se creen que la política del gobierno de Estados Unidos ataca a la economía cubana. Y ¿Quién afirma este tipo de cosas? Ni más ni menos que el responsable de la cancillería del régimen comunista, al que se supone conocimientos y habilidades de diplomacia. Metido ahora a economista que pretende retorcer una realidad que le resulta ajena, no solo utiliza argumentos falsos, sino que queda en ridículo.

Porque, en contra de lo que afirma Bruno Rodríguez en su mensaje en X (al parecer ya no tiene tantos argumentos como para lanzar una nota de prensa) la actual política de Estados Unidos hacia el régimen comunista es, en esencia, completamente nueva. Decir que son continuidad de otras ya planteadas en la primera administración de Trump, es falso. Que se sepa, las actuaciones actuales vienen incorporadas en dos órdenes presidenciales que han guiado las sanciones aplicadas, principalmente contra el grupo GAESA, y no contra la economía cubana, como dice el canciller.

¿Y por qué contra GAESA? Para empezar, Rodríguez ignora a GAESA en su mensaje en X y solo dedica una línea. Puede que para él sea algo inexistente, un fenómeno del que, o bien no tiene conocimiento de sus actividades (lo que es probable) o que no desee pronunciarse (lo que es también mucho más probable) de modo que es más fácil perderse por los recovecos imposibles de la economía cubana y olvidarse del consorcio militar y familiar del régimen, marcando distancias, por si acaso.

Pero no contento con escurrir el bulto de GAESA, el canciller reitera que las sanciones son una extensión de las medidas adoptadas desde el primer mandato del actual presidente estadounidense. Ojo, que estamos volviendo, así como el que no quiere la cosa a 2016, hace diez años. Pues no ha llovido desde entonces, con una administración demócrata por medio, la de Biden, que parece haberse esfumado para el canciller comunista. Es lo que ocurre cuando se lleva tanto tiempo al frente del poder, como es el caso de Rodríguez, que la historia se comprime y lleva a pronunciar este tipo de falsedades.

Nadie, absolutamente nadie en su sano juicio, puede entender que las sanciones que se vienen aplicando a GAESA en los últimos meses, pero sobre todo a partir de junio, se hubieran planteado, siquiera en borrador, durante el primer mandato del presidente Trump. La actual política ha sido diseñada para un momento concreto como el actual, en el que el régimen comunista cubano carece de petróleo de Venezuela, que, en aquel momento, era el principal sostén de la economía, cumpliéndose los encargos y los compromisos.  

Diseñar sanciones o cualquier otra actuación en aquel primer mandato presidencial, alrededor de 2016, no habría tenido los mismos efectos que en este momento, diez años después, en los que la economía cubana se encuentra, virtualmente, contra las cuerdas, esperando que alguien lance una toalla porque el combate ya acabó y el boxeador ha sido derrotado. 

Lo que es cierto es que las actuaciones de 2026 para imponer presión y asfixia económica a GAESA y su relación con el régimen comunista, han dado buenos resultados, pero en realidad, la economía cubana lleva inerme desde que Venezuela a mediados de 2025 puso fin a los compromisos de petróleo gratis y se vino abajo el sistema de captación de divisas del régimen (comercio exterior de bienes, venta de servicios profesionales, remesas, inversiones extranjeras). Las sanciones han venido a caer sobre suelo mojado y no tienen que ver con las medidas adoptadas durante el primer mandato del presidente Trump. Bruno Rodríguez miente.

Las nuevas sanciones han sido capaces de identificar el origen del espacio en que se mueven las divisas en la economía cubana, GAESA, dirigiéndose hacia las principales fuentes de ingresos externos de la economía cubana, que se han visto afectadas desde mediados de 2025 por la coincidencia de factores antes citados. Lo que está ocurriendo desde entonces es bien conocido, y muestra la incapacidad manifiesta del régimen para normalizar y estabilizar suministros básicos (electricidad, gas, agua) y alimentos a la población. 

Esta incapacidad de gestión del régimen y su concentración en cuestiones políticas y no económicas es lo que está provocando una grave crisis humanitaria en Cuba. Las "176 medidas" han sido una forma como otra cualquiera de ganar tiempo, porque sus resultados son imperceptibles sin cambios en la constitución comunista de 2019.

Rodríguez aprovechó para rechazar las principales medidas aplicadas y que son bien conocidas.

En el ámbito del sector bancario y financiero, valoró el impacto globalmente negativo de medidas que ya habían sido dibujadas en la primera administración de Trump, como la imposición por la OFAC y otras agencias estadounidenses de 24 multas a entidades financieras, aseguradoras, de viajes, tecnológicas y de logística de terceros países por un monto total de más de 4.014 millones de dólares por violaciones del bloqueo a Cuba.

Dentro de este mismo ámbito, Rodríguez consideró muy negativa la prohibición en su día a Fincimex y AIS de tramitar remesas, la inclusión del Banco Financiero Internacional en la Lista de Entidades Cubanas Restringidas; y ya de forma más reciente, la designación de sanciones para instituciones financieras que operan supuestamente bajo GAESA.

En realidad, estas sanciones tienen su efecto porque el régimen comunista cubano nunca ha hecho lo necesario para lograr una data de pagador responsable en los mercados financieros internacionales, rechazando la deuda y lanzando acusaciones contra los prestamistas. Si no se hubiese actuado de ese modo irresponsable, este tipo de sanciones tendría un impacto menor o nulo. Además, en los últimos años, el régimen ha sido capaz de sortear esas sanciones orientando su comercio hacia países con pocas o nulas relaciones con Estados Unidos, en el área de influencia de China. Y vuelta a empezar.

También valoró de forma crítica la reincorporación de Cuba a la lista de Estados patrocinadores del terrorismo en 2021 y 2025. Una medida que el régimen conoce perfectamente y sabe cómo evitar. Si no lo consigue, sus razones tendrán.

Dicho de otro modo, el canciller Rodríguez debería dedicarse a su especialización, que son las relaciones internacionales y olvidar estos análisis económicos “políticos” que tan  solo contribuyen a ofuscar, más y más, el espacio de unas negociaciones que se encuentran enfocadas y que deben llevar a un resultado favorable para los intereses del pueblo cubano.

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