El camino descendente y nefasto de las empresas estatales cubanas

Elías Amor Bravo economista

Cuando el río suena, agua lleva. Los dirigentes comunistas cubanos están preparando la llegada de eso que llaman Mipymes. Un invento castrista para mejorar la imagen del régimen a nivel mundial, porque en cuanto entren en vigor, para los cubanos van a ser otro ámbito de problemas. Solo así se puede entender ese artículo en Granma titulado “El camino ascendente de la autonomía y el fortalecimiento empresarial” del que al parecer se anuncian varias ediciones, y que, en esta primera, pasa revista de forma triunfal, con el lenguaje que es propio del órgano oficial comunista, a lo que llaman “perfeccionamiento de la empresa estatal socialista desde 2011”.

Y bien, si realmente quieren realizar este análisis, tal vez lo mejor sea empezar con datos, con las pocas informaciones que se disponen sobre las empresas estatales en Cuba. Y, si esto se hace, no hay nada mejor que empezar mostrando la dura realidad del intenso ajuste empresarial que se ha realizado en Cuba, en absoluto silencio, pero con unos resultados desgarradores, difíciles de encontrar en otras políticas de “ajuste duro” a las que tanto critican los comunistas cubanos. Nada de camino ascendente, todo lo contrario.

Pues bien, en 2011 había en Cuba un total de 2.422 empresas, de acuerdo con la información ofrecida por el Anuario estadístico de ONEI de 2016. De un total de 10.963 entidades funcionando en la economía, entre las que cabe señalar las empresas estatales, pero también las uniones de empresas, grupos empresariales, organizaciones económicas estatales, bancos estatales, unidades presupuestadas, cooperativas, y sociedades mercantiles de capital ciento por ciento cubano, las empresas representaban el 22% del total

Una década después, en 2020, el número de empresas había disminuido a 1.795, equivalente a un 25,8% de las que había en 2011. Y como el número total de entidades descendió a 9.560, pero con menor intensidad, el porcentaje de empresas se redujo a un 17%, nada más y nada menos que 5 puntos porcentuales en una década.

¿Es este el perfeccionamiento empresarial ideado por los comunistas? ¿Es acaso una especie de “terapia de choque” escondida, cuyo único objetivo es reducir la organización económica de la nación para evitar su desarrollo? ¿Tanto despliegue de medidas para acabar destrozando más de la cuarta parte de las empresas que se supone que son “del pueblo”? ¿Dónde está ese "camino ascendente" del que hablan en Granma?

Se podrá argumentar que muchas de estas empresas estatales eran insolventes o se encontraban en quiebra, pero ello solo puede deberse a una pésima gestión del estado comunista, que no tiene por qué dedicarse a este tipo de cometidos. En los países del Este de Europa, la privatización de las empresas estatales hizo que muchas que habían sido abandonadas por sus gestores bolcheviques, volvieran a dar beneficios y algunas incluso, han experimentado transformaciones hacia las operaciones globales.

También hay que tener en cuenta que la destrucción de la base empresarial en más de un 25% debe ejercer efectos negativos sobre el empleo. Y si en el caso de la economía cubana esto no ocurre, es porque el régimen asigna esos excedentes a otras funciones burocráticas y no productivas, en las OSDEs o en el sector presupuestado, hinchando las plantillas estatales de burocracia e ineficiencia, justo lo que Raúl Castro decía que quería poner fin en aquellos años, ya lejanos. Los trabajadores que tuvieron éxito después de esta “quema de empresas” acabaron instalándose en el trabajo por cuenta propia, pero ya se saben las dificultades que tiene este sector para sobrevivir.

Todas estas cuestiones se deberían analizar por esa Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, dedicada a “perfeccionar la empresa estatal socialista”, seguramente antes de lanzar una normativa de las Mipymes que va a ir en contra, eso es casi seguro, de lo que realmente necesitan estas unidades productivas. 

Por el contrario, a pesar de que los datos confirman una auténtica escabechina empresarial desde 2011, los dirigentes comunistas están satisfechos con sus políticas y medidas adoptadas, ya que, según dicen, “han permitido un camino ascendente en materia de autonomía y perfeccionamiento de la gestión empresarial estatal”. Insisto, no es eso lo que dicen los datos, pero ya se sabe.

¿En que se basan los comunistas cubanos para afirmar que las empresas estatales cubanas han mejorado su situación?

Bien, en primer lugar, a que se cumplen los mandatos de los congresos comunistas desde 2011. Ya se sabe, lo que no aprueban y ordenan los comunistas en Cuba, simplemente no existe. Es como la Tarea Ordenamiento, que ha resultado ser un drama para la economía cubana, pero ahí está todo el sanedrín felicitándose por su aprobación e implementación.

En segundo lugar, porque, según dicen, se ha logrado la “separación de las funciones estatales de las empresariales y la integración del perfeccionamiento empresarial a las políticas del modelo económico”. Ojalá que algún directivo medio de empresas se pronunciase sobre esta cuestión, porque casi seguro no diría lo mismo. Las injerencias comunistas locales, provinciales y estatales, en las empresas son continuas, y en la medida que son los “dueños” de las mismas, hacen con ellas lo que les da la gana.

Tercero, porque están absolutamente convencidos de que se ha logrado el mantenimiento de la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción, “que son los que facilitan al Estado socialista conducir el desarrollo económico y social”. Tal vez deberían preguntar a algunos de los inversores extranjeros a ver qué opinan sobre esta cuestión. O yendo más lejos aún a los trabajadores cubanos, para ver si se creen todavía esa patraña de las empresas estatales como la “base del poder real de los trabajadores”.

Cuarto, los comunistas cubanos piensan que el sistema empresarial estatal debe ser la forma de gestión dominante en la economía, y para ello tiene que reforzar su posición sobre el resto de los agentes económicos, porque así es posible el sostén de la sociedad socialista. ¿Es que no se han dado cuenta en 62 años que eso no es posible? ¿Es que no tienen un instante para contemplar alrededor lo que está pasando en el mundo?  

Si realmente se quiere eliminar los valores negativos de estas empresas, entre los que citan, “la inercia, el conformismo, la falta de iniciativas y la cómoda espera por instrucciones desde los niveles superiores”, no cabe otra que la privatización de las mismas mediante cualquiera de los procedimientos existentes, ya probados, y con supervisión de organismos internacionales para asegurar la transparencia y evitar corrupciones.

En realidad, si se pasa revista a lo realizado 2011 para reformar el sistema empresarial desde el punto de vista organizativo, económico, de gestión, financiero, fiscal y en los ingresos de los trabajadores, la conclusión es la que apuntaba al comienzo: un 25,8% menos de empresas, con lo que ello supone de pérdida de masa muscular de la economía. Lo que se tendría que haber hecho nada tiene que ver con lo aprobado e implementado por los dirigentes. El resultado está a la vista.


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