¿Hacia dónde deben ir las empresas en la economía cubana?

Elías Amor Bravo economista

Uno de los grandes fracasos de la Tarea Ordenamiento para la economía cubana ha tenido a las empresas estatales en el punto de mira. Recuperar el daño hecho no será fácil, básicamente porque los dirigentes comunistas no han sido capaces de lograr ni uno solo de los objetivos que se habían planteado con la reforma.

Basta recordar que la unificación monetaria y cambiaria con un solo tipo de cambio del peso cubano con el dólar, y asumir la devaluación de un 3.000% de la moneda en el ámbito de la economía industrial y de servicios donde operan las empresas, ha sido un fracaso absoluto porque ni se ha conseguido estabilizar el tipo de cambio, ni se ha logrado reforzar el peso frente a otras divisas y lo que es peor, mucha gente ha perdido confianza en la moneda nacional, mientras que el dólar o el euro ganan peso en las transacciones informales y en las tiendas del gobierno en MLC.

La devaluación del peso, con el cambio de 1x24 de la Tarea Ordenamiento fracasó porque el gobierno no hizo un análisis de los fundamentales de la economía y a resultas, no se pudo alcanzar el objetivo de facilitar el marco adecuado para lo que en la Tarea Ordenamiento llamaban “la corrección de precios relativos, como paso imprescindible en el logro de la efectividad integral de las medidas adoptadas”.

Lejos de conseguirse esa corrección, el efecto inmediato fue una tasa de inflación de tres dígitos, desconocida para muchos cubanos, que empobreció de forma drástica a una población cuyos salarios y pensiones habían sido incrementados poco antes, pero que perdieron en una semana todo el poder adquisitivo logrado.  El sistema empresarial se vio completamente trastocado por el nuevo escenario y muchas empresas estatales entraron en complejas situaciones de insolvencia que se aproximaron rápido a la quiebra, obligando al régimen a destinar recursos para salvar lo poco que podía ser recuperado de la quema masiva de unidades productivas. 

La empresa estatal socialista, que según los dirigentes comunistas debe ser el centro del sistema económico que rige la nación, se ha convertido por obra y gracia de la Tarea Ordenamiento en el punto más débil de una cadena de fracasos que contribuyo a paralizar más aun el funcionamiento de la economía, dificultando además el proceso de salida de la crisis provocada por la pandemia en 2020.

Pero no solo las empresas entraron en crisis, a resultas de la devaluación real diseñada por el gobierno. Al poco tiempo se pudo constatar que el objetivo de incrementar las exportaciones de bienes y servicios se vio complicado por un entorno internacional poco favorable, y la incapacidad de las empresas para producir lo suficiente para atender las demandas internas de la población. El objetivo de exportar más, que se habían planteado, tampoco se cumplió, y los ingresos por exportaciones cayeron en picado, obligando a medidas drásticas como la autorización a importar a los viajeros productos como alimentos, aseo o medicamentos, a los que han añadido los equipos de energías renovables.

El descontrol creado en la economía cubana por la devaluación del peso no ha servido para reducir los precios de los productos nacionales frente a los importados. La economía cubana necesita traer del exterior aquello que la oferta nacional es incapaz de producir. Las autoridades han comprobado que su experimento ha fracaso porque exportar más no es una simple cuestión de precios relativos, sino de organización, capacidades y motivación, aspectos que no se encuentran en el día a día de las empresas estatales. 

Sin incentivos para incrementar la eficiencia, reduciendo los costos para maximizar las utilidades, los dirigentes comunistas cubanos se han encontrado con un capital empresarial ocioso, mal gestionado,, falto de inversiones en reciclaje y modernización, con recursos humanos poco cualificados y una cultura jerárquica que inmoviliza la toma de decisiones, ante la panoplia de organismos burocráticos intermedios que se aferran a la gestión económica como lapas. 

Visto desde esta perspectiva, el objetivo de la Tarea Ordenamiento de hacer más transparentes los estados contables y financieros de las empresas, facilitando la comparación de los costos y los proyectos inversionistas para una adecuada toma de decisiones en torno a la factibilidad de las iniciativas de las empresas, se ha quedado corto y sus posibilidades reales de aplicación son escasas. Por decirlo de alguna forma.

El gobierno quiso situar a todos los agentes económicos que operan en Cuba a un mismo nivel y condiciones por medio de la unificación monetaria y cambiaria, pero no parece que esto se haya logrado a tenor de los enunciados políticos que siguen situando a las empresas estatales como el agente principal. En cuanto a las medidas de soporte temporal a las empresas como la financiación de pérdidas económicas, la concesión de créditos para el pago de salarios, el capital de trabajo e inversiones, en realidad han sido poco transparentes, se han otorgado en mayor medida a empresas estatales que a los negocios de los trabajadores por cuenta propia y no se dispone de informaciones sobre el impacto real que han tenido sobre las empresas.

La empresa estatal se ha convertido en un problema más para las autoridades. A pesar de los enunciados políticos de los últimos congresos comunistas desde 2011, que hablaban de su perfeccionamiento, de la eliminación de trabas, etc, lo cierto es que los logros han sido mediocres, la situación de las empresas es mucho peor en 2021 que en aquel momento, y lejos de haber dado ese “salto cualitativo en el papel de la empresa estatal” lo que ha ocurrido en la realidad es que se ha perdido un tiempo precioso para convertir estas empresas en un instrumento fundamental para la creación de renta y riqueza en el país. Los cubanos deben saber que otra política económica es posible.

¿Por dónde comenzar? Sin duda, por eliminar toda la masa acumulada de ineficiencia y burocracia que frena la libre adopción de decisiones, es decir, eliminando todas las OSDEs y organismos similares que se crearon para mantener bajo control el sistema empresarial. Las OSDEs han impedido a las entidades productivas, como las fábricas, los talleres y otras entidades que se transformaron en UEB, a las empresas, realizar un funcionamiento acorde con las reglas de gestión empresarial más eficientes.

Culpar los problemas de las empresas estatales a la falta de preparación de cuadros y funcionarios es una pérdida de tiempo, porque ya se podría haber abordado esta cuestión desde hace muchos años, y todavía se sigue esperando qué hacer y cómo. La falta de autonomía de las empresas, relacionada por ejemplo con el acceso a la divisa, la asignación centralizada de portadores energéticos y de materias primas fundamentales, no se pueden atribuir a una falta de cualificación de los profesionales, porque es mentira. Es evidente que nadie nace con todo el conocimiento necesario, pero en la vida se aprende y se alcanzan niveles superiores de competencia para hacer mejor las cosas. Si en las empresas estatales se mantienen prácticas nocivas de administrar las empresas por las OSDE y los ministerios, el único responsable es el gobierno.

Cambiar el sistema empresarial no pasa por el eterno "perfeccionamiento" del sistema, como por ejemplo ahora con la retribución por el trabajo aportado, eliminando la obligación de utilizar la escala para el pago del salario en las empresas estatales. Tampoco se arregla con el nuevo ordenamiento de las micro, pequeñas y medianas empresas, como parte del fortalecimiento de la propia empresa estatal. Estos son parches estéticos de los que no cabe esperar gran cosa. 

El régimen sabe que la empresa es clave para el funcionamiento de la economía, pero no la estatal, sino la privada, orientada por el móvil de rentabilidad y generación de riqueza, orientada por las informaciones de demanda y oferta procedentes del mercado. La planificación central, el ordenamiento y el perfeccionamiento, como ejes estructurales del modelo social comunista que rige la constitución de 2019, han fracasado para generar una economía competitiva, productiva y eficiente en Cuba. Ha llegado el momento de dejar atrás lo que no sirve y apostar por los cambios estructurales. Ya tardan.


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