La batalla entre el régimen y los trabajadores por cuenta propia: primera vuelta

Elías Amor Bravo economista

La advertencia en tono conminatorio ya está hecha. El próximo 20 de septiembre se vence el plazo dado por el régimen para que los nuevos actores económicos culminen el proceso de reconversión, pasando de la figura de trabajadores por cuenta propia, a mipymes o cooperativas no agropecuarias. La exigencia ha sido establecida para aquellos que tienen más de tres empleados contratados. El régimen advierte de forma contundente: quienes no tramiten el proceso de reconversión de negocios quedarán en situación de ilegalidad, de acuerdo con la información ofrecida por la ministra de Trabajo y Seguridad Social.

El régimen había calculado entre 11.000 y 12.000 trabajadores que debían realizar la reconversión, al cierre del lunes 29 de agosto quedaban pendientes de presentar la solicitud 1.429, de los cuales 1.025 eran de La Habana. De ese modo, se aseguraban el éxito al proceso de creación de mipymes y CNAs, muchas de ellas creadas por la transformación de otros negocios preexistentes, y no por la generación de verdaderas empresas y actividades.

El tiro les ha salido por la culata, y por ello, el alcance de la medida ha sido bastante menor del que se pensaba. Alrededor de 5.000 mipymes y CNAs creadas, no representan ni tan siquiera la sexta parte de las empresas que fueron exterminadas en Cuba en 1968 con la ofensiva revolucionaria, y eso que entonces había 5 millones de cubanos menos. Los datos oficiales, a pesar de la extorsión a los trabajadores por cuenta propia, no dan, no sirven, la falta de libertad económica impide que en Cuba progrese la empresa de mercado. 

La ministra, en vez de asumir el fracaso y presentar su dimisión, dijo que, muy en línea con el carácter represivo del régimen, “se ha apercibido a la mayoría, el 93%, de los pequeños negocios que, cuando expire el plazo, los trabajadores por cuenta propia que tienen más de tres personas contratadas estarán en un limbo de ilegalidad”. Es decir, podrán ser víctimas de la acción represiva del régimen, lo mismo que siempre. O se hace lo que el comunismo impone, o estas muerto.

Es cierto que la ministra dijo en una mesa redonda que “nosotros no deberíamos estar pensando en cerrar los negocios, porque esos cuentapropistas que quedan mantienen trabajadores contratados que tienen familias. Tiene que caer sobre ese empleador la responsabilidad de que no va a dejar sin empleo a tantas personas por un capricho o una indisciplina” es decir, el culpable de la medida represiva no es el régimen, la falta de libertad para que los emprendedores elijan con libertad qué formula utilizar para sus negocios no es culpa del régimen, la obligatoriedad impuesta so pena de cierre, no es responsabilidad del régimen. Desde luego, cuando se tiene la propaganda al servicio del poder, se  puede decir cualquier cosa, y acabar creyéndola.

La convicción de la ministra es total,  absoluta, y al respecto dijo “que no va a haber plazos ni cambios en la política, porque es una decisión, y lo que hay que tener, al menos, es presentada la solicitud. Nadie va a ir en contra de las personas que ya presentaron la solicitud y están en el proceso”, pero hay que obedecer y aunque causen los destrozos necesarios, los trabajadores por cuenta propia de más de 3 trabajadores tienen que obedecer al régimen si quieren continuar. Poco importa lo que hayan construido con su trabajo y esfuerzo. La única vía que tienen es la obediencia, o desaparecer.

Y todo este lío comunista tiene como objetivo que estos negocios reconvertidos tengan personalidad jurídica. Como si al régimen le preocupara que las empresas tuvieran ese reconocimiento que, en el caso cubano, no tiene la fuerza legal que en otros países, y hay abundantes ejemplos en los últimos 63 años de ello. No cabe duda que estamos ante un pulso de fuerza del régimen comunista contra los trabajadores por cuenta propia, posiblemente el primero, desde que estas figuras comenzaron su andadura con las primeras reformas raulistas. 

El enfrentamiento viene a colación del número realmente elevado de estos profesionales en Cuba, y su extensión a la mayor parte de actividades, con muy buenos resultados en términos de rentabilidad y negocio. Para el régimen, no son otra cosa que una oportunidad para recaudar más y de forma estable, con un mayor control de facto sobre la actividad. Por eso, otorga facilidades a los que obedezcan y sigan el proceso, como el tratamiento que se da a un trabajador asalariado. 

El resultado de esta pelea no está claro. Habrán trabajadores por cuenta propia que no quieran aceptar la imposición, y que dejarán de prestar servicios. Menos oferta, precios en aumento en la economía. La inflación sigue subiendo en este segundo semestre. No es bueno jugar con fuego, pero el régimen impone una decisión política, en este caso, y no está dispuesto a cejar. Siempre tomando las peores decisiones para el pueblo cubano. Mucho me temo que esta no será la última batalla.

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