Normas para regular la economía: recuerden el fiasco de la tarea ordenamiento
Elías Amor Bravo, economista
Una vez más, el régimen castrista vuelve a dar señales de no
querer entender cómo funciona la economía, y de qué forma se regula la
actividad económica para lograr objetivos concretos de crecimiento,
distribución y asignación de recursos escasos. Llevan con los mismos errores 67
años, por lo que es difícil que cambien a estas alturas. El problema es que el
pueblo cubano ya no aguanta más y este tipo de comportamientos puede
acabar siendo la gota que colme el vaso.
¿A qué comportamiento nos referimos? Pues básicamente, a
esa idea falsaria del comunismo castrista de que hay que dar un respaldo jurídico
a cualquier tipo de actuación sobre la economía. O, dicho de otro modo, los
comunistas están convencidos de que la publicación de las leyes y normas administrativas en la Gaceta
oficial es condición necesaria y suficiente para que los actores económicos se
muevan y las apliquen. Pero la economía no funciona así.
Idea errónea, que las experiencias del pasado (recordemos la voluminosa dedicación a la tarea ordenamiento de la Gaceta oficial de finales de 2020) han mostrado sus
consecuencias nefastas. Ahora con las llamadas “transformaciones económicas y
sociales” están en la misma creencia. Cómo si no es posible entender lo que se publica
en un artículo en la prensa oficial, titulado, “¿Cómo se garantiza el respaldo
jurídico para que las transformaciones económicas y sociales lleguen a la base?”.
Esa llegada a la base de las transformaciones es lo que implementan los comunistas de forma errónea. En vez de observar la realidad y regular lo que funciona bien, se imponen normas de obligado cumplimento a todos, que acaban provocando dificultades a unos y otros. En esa tarea justificativa, la ministra de Justicia, Rosabel Gamón Verde explicó cómo funciona “el
proceso de construcción normativa asociado a la implementación de las
transformaciones”, que se sigue actualmente. Y lo que es peor, mostró su
absoluto convencimiento, una vez más, que la ocupación masiva de páginas en la Gaceta
logrará que las transformaciones se lleven a la práctica y den los resultados
deseados.
Lo cierto es que buscar respaldo legal para implementar las
transformaciones económicas y sociales aprobadas el pasado mes de junio por la
Asamblea Nacional del Poder Popular ha llamado la atención, porque las transformaciones aparecieron de la noche a la mañana con el ánimo de establecer procesos dedicados a regir y establecer el funcionando en la economía.
Por eso, mucho nos tememos que todo este derroche administrativo y legal tiene poco
o nada que ver con lo que funciona actualmente en la economía.
Y, además, las transformaciones no parece que hayan
logrado atraer y/o confirmar el interés de los agentes económicos y sociales.
La fórmula castrista, publicar normas legales para que se implementen de forma
obligatoria, no garantiza ni la coherencia de las medidas, ni su efectividad y
eficiencia con relación al ordenamiento jurídico cubano. Para lograr este
objetivo, es necesario ir más arriba en la jerarquía del ordenamiento leal, y
enfrentarse al articulado de una constitución que necesita cambios profundos
para que la actividad económica pueda desarrollarse de forma positiva.
Pero nadie debe esperar a estas alturas que se toque ni una
sola palabra de esa constitución de 2019 que garantiza, entre otras lindezas,
la supremacía política del comunismo, o el modelo marxista leninista como
rector de la economía. No existe el menor interés de los dirigentes por cambiar
ese armatoste o definir un cronograma viable y/o grupos de trabajo encargados
de coordinar los cambios necesarios en la norma constitucional. La constitución
no se toca, y eso que no resulta difícil observar que muchas “transformaciones”
entran en conflicto con el articulado de la carta magna.
Es por ello, que el interés se centra en cómo garantizar ese
aseguramiento jurídico de las transformaciones económicas y sociales, con las
138 disposiciones jurídicas de distintos rangos: cuatro leyes, 34
decretos–leyes, un decreto presidencial, 17 decretos, tres acuerdos del Consejo
de ministros, 78 resoluciones y una instrucción. De ellas, 104 debían aprobarse
en julio, 31 en agosto y tres en septiembre. A ver quién en su sano juicio se
puede leer todo este contenido, y lo más problemático, llevarlo a la práctica.
En total, 192 normas jurídicas de diferentes rangos que ya han sido aprobadas y
revisadas, y que dan respaldo a las transformaciones, con las características señaladas.
La ministra dijo que se ha trabajado intensamente y, a tal
fin, se ha previsto un proceso expedito, ágil y de calidad en cuanto a los
procesos de revisión, conciliación con los ponentes de las normas y aprobación
de las mismas.
Las autoridades insisten en que los que trabajan en este
proceso, saben que la coherencia del ordenamiento jurídico es una condición
obligada, y detrás de ella se encuentra el respeto a las normas de rango
superior y la supremacía de la Constitución. Y se establece una máxima de
obligado cumplimiento: las leyes que requieran modificaciones pueden realizarse
mediante decretos–leyes siempre que no afecten derechos, como establece la
propia Constitución.
De modo que, hasta la fecha se han publicado 93 normas
jurídicas en la Gaceta Oficial. De las 177 normas terminadas, se han
identificado 31 que no requieren publicación. Quedan alrededor de 50 pendientes
de publicación que no verán la luz por este mecanismo, porque la organización
de las ediciones de la Gaceta lo impide y los atascos en las publicaciones
pueden acabar creando mayor confusión que la resultante de este proceso.
Las autoridades confirman que el respaldo jurídico a las
transformaciones no concluye con la aprobación y publicación de las normas. Respecto
a la forma de implementarlas, las autoridades se muestran optimistas porque la mayoría
se adoptan en los territorios, en la base, en los municipios, y es allí donde
deberá garantizarse una implementación rápida, coherente y acompañada por todos
los organismos.
Y por ello, a tal fin, se ha diseñado un proceso de
divulgación de las normas, comunicación amplia, seminarios de capacitación y
control de cómo se ejecutan. Se han previsto recorridos de los ponentes de las
normas por sectores como la agricultura, el sistema empresarial y las nuevas
formas de gestión, para explicar su contenido, conocer las dudas y ver cómo se
implementan en la base.
Volviendo sobre sus pasos iniciales, las autoridades
sostienen que la implementación de las normas no es responsabilidad únicamente
de los municipios ni de los gobiernos municipales o provinciales. En ese sentido,
la indicación del presidente y del primer ministro sobre esta cuestión ha sido
que “no se trata de ir a los municipios a examinar, sino de acompañarlos y
ayudarlos a implementar adecuadamente las normas”. Y se señaló que todos
tenemos que acompañar el proceso y garantizar, en lo que a cada organismo
compete, su realización. Ese concepto de “todos” no deja de ser intrigante.
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