Las máquinas que en Cuba desafían al castrismo y al paso del tiempo

Elías Amor Bravo economista

En la edición de Granma de hoy, se han hecho eco de la actividad de la Empresa Embotelladora de Cerveza en la provincia de Guantánamo, dedicada a la fabricación y venta de refresco y cerveza Bucanero y Hatuey, vino cervecero y maltas, servido en toneles

Se destaca en una nota que la empresa ha desarrollado un proceso de diversificación de las producciones a fin de no paralizar la actividad, a pesar de las limitaciones con la materia prima. Este proceso se califica de acierto, y puede que sea sí. De las empresas no se espera otra cosa que adaptarse para no morir y ganar dinero. Si estos principios se cumplen, bienvenida sea la iniciativa de la empresa que, en 2021, fue considerada entre las mejores del sector en el país por sus resultados económicos.

La nota de Granma añade algunas informaciones que sirven para comprobar que estos buenos resultados rara vez caen del cielo, sino que son el resultado de decisiones que, a veces entrañan riesgos, pero que precisamente por ello, luego son bien recompensadas. Un directivo de la empresa explicó a Granma que desde 2017 hasta la actualidad, la entidad ha mantenido un crecimiento sostenido, y llegó a los 40 millones de pesos (de 38 previstos) en 2021, pese al impacto negativo de la COVID-19. Las mayores ganancias se han traducido en mayor salario, hasta 12.000 pesos, una cifra que está por encima de la media de la economía.

Y en este proceso de diversificación en que se encuentran, han decidido apostar por una línea de venta de néctar de guayaba, tamarindo y mango, lo que ha supuesto firmar convenios de colaboración con una mipyme, Oliverfe, situada en el municipio de Imías, y que se encarga de la producción de alimentos, y de contrataciones con la industria conservera del Valle de Caujerí.

Nada que objetar. Ojalá todas las empresas cubanas funcionaran de este modo. Cumplirían sus objetivos, ganarían dinero, pagarían buenos sueldos y garantizarían la prosperidad al conjunto de la población. ¿Por qué no ocurre ese círculo virtuoso, y, en cambio, la economía cubana se encuentra atrapada en una grave y profunda crisis estructural? Viendo cómo hacen las cosas en la Empresa Embotelladora de Cerveza en la provincia de Guantánamo no resulta difícil dar una respuesta a la pregunta, pero siempre aparece un dato sorprendente, y que llama la atención.

La nota de Granma explica que la empresa creó un Comité de Innovadores y Racionalizadores, integrado por sus propios trabajadores, encargado de realizar adaptaciones al equipamiento disponible. Y aquí viene lo sorprendente y llama la atención de esta nota informativa. Resulta que ese comité tiene como misión “garantizar la funcionalidad de la tecnología más antigua en la industria cervecera, entre ellas una máquina norteamericana de 1942”. 

Si. Como lo oyen. Esta empresa guantanamera resiste con máquinas de antes de mediados del siglo pasado. Máquinas que este año, si Dios quiere, llegarán a los 80 años y que siguen ahí, dando muestras de que Cuba, antes de 1959, simplemente era otra cosa.

¿Pues qué quieren que les diga? Esta nota de Granma me ha dado ánimos, y me ha hecho pensar que no todo está perdido. Estos trabajadores del “comité de innovadores” de la empresa cervecera resisten al paso del tiempo con su máquina de 1942, con la que quizás empezaron a producir sus abuelos en aquella empresa, sin duda perteneciente a propietarios privados que fueron desposeídos de sus derechos por las expropiaciones comunistas, cuando Cuba tenía una economía dinámica y próspera.

Y, además, la maquina que sobrevive al castrismo es norteamericana, lo que confirma, una vez más, que el desarrollo industrial de la Isla tenía mucho que ver con la inversión tecnológica procedente de los vecinos del norte, con los que existían lazos muy estrechos vinculados a la producción azucarera. Eran otros tiempos, sin duda mejores que los actuales, desconocidos para muchos, porque han pasado 80 años, pero esa máquina cervecera que sobrevive en Guantánamo es una metáfora de lo que hemos perdido los cubanos.

Y lo que más me llama la atención es, sin duda alguna, el empeño de esos trabajadores de la empresa, según Granma, en número de 130, de resistir al paso del tiempo con su máquina de 1942, quizás porque no tienen nada mejor, lo que es muy probable. Es como pensar en esos viejos "almendrones" que circulan por las calles de La Habana y las principales ciudades cubanas, con un aparato interior que nada recuerda las piezas originales, pero resisten. Es como si las máquinas, los medios de producción, no quisieran pasar de largo, sino que han hecho un pacto con la buena gente para su conservación, y uso.

No puedo imaginar en España, Alemania, Francia, México o Estados Unidos que en las modernas plantas industriales de cerveza tengan máquinas como ésta en producción o que circulen vehículos de los años 50 del siglo pasado. A las máquinas, todo lo más, cuando les llega su hora, pasan a un retiro digno en las salas de exposiciones que acompañan a los visitantes para saciar su curiosidad. 

En la economía de mercado, el desarrollo tecnológico es incesante y determina la vida de las empresas para evitar ese fenómeno perjudicial que se denomina obsolescencia técnica. La máquina de la cervecera de Guantánamo, al igual que los almendrones y otras tantas infraestructuras que siguen funcionando en Cuba, resisten al desastre económico castrista, indicando cuál es el camino. Ojalá que sobrevivan hasta que llegue ese momento. Merecen un gran homenaje.

 

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