¿Hablar de compensaciones? Si, por supuesto. Y resolver el contencioso

Elías Amor Bravo, economista

Por ahí no, Fernández de Cossio. El proceso de nacionalizaciones y confiscaciones de todos los derechos de propiedad privados en Cuba fue absolutamente ilegal y, además, no dio lugar a las debidas compensaciones a los titulares. Cualquier otra interpretación de este proceso, es faltar a la verdad. Además, visto en perspectiva histórica, las nacionalizaciones nunca se debieron producir. Hay argumentos de sobra para justificar que ello fuera así. El más importante de todos, el desastre producido en la economía cubana en estos 67 años.

Todo esto viene a cuento de unas declaraciones en la red X del viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, en las que viene a decir, ahora y sin ninguna justificación para hacerlo, que "las nacionalizaciones de propiedades extranjeras realizadas en la década de 1960 fueron legítimas y se ajustaron a la Constitución de 1940, las leyes nacionales y la práctica del Derecho Internacional". Primera recomendación. No es bueno utilizar el formato de la red X para abordar un tema tan complejo como este. Por ejemplo, referirse solo a las propiedades extranjeras deja fuera la parte más importante de las nacionalizaciones, que fueron los activos que pertenecían a los cubanos.

Segunda consideración. El por qué el dirigente comunista no se refiere a ello, y se dedica solo a las nacionalizaciones de propiedades extrajeras llevadas a cabo en Cuba en la década de 1960, tendrá sus razones. El castrismo siempre ha jugado con ventaja en este juego, porque oculta la verdad a los interlocutores. 

Pero a nadie debe quedar la menor duda. Las confiscaciones del capital privado extranjero no fueron legítimas, y violaron lo dispuesto en el texto de la Constitución cubana de 1940, y, sobre todo, la práctica del derecho internacional que regía en aquellos años. De hecho, el castrismo estableció una fórmula de compensación que se convirtió en una burla repugnante hacia los expropiados, porque apostó por la vía más difícil y controvertida, que fue la negociación parcial y asimétrica de acuerdos gobierno a gobierno. Por medio de esta fórmula se pudo salir del paso con algunos gobiernos, como Canadá, España, Francia, Gran Bretaña y Suiza que, para empezar, descubrieron que los pagos efectivos no fueron satisfechos hasta la década de los años 80, como ocurrió con España, por ejemplo.

Y aquí Fernández Cossio reconoce que Estados Unidos no aceptó la propuesta ventajista de compensación, y defendiendo los intereses de sus ciudadanos, declinó cualquier oferta de negociación, sobre todo cuando se pudo comprobar que el régimen comunista cubano había decidido cortar por lo sano y apostar por la fórmula de negociación, país a país, antes citada. En realidad, la concentración del valor expropiado en los ciudadanos de Estados Unidos hacía inviable este tipo de negociación, exigiendo un tratamiento singular que nunca llegó. Por el contrario, en ningún momento, los revolucionarios facilitaron la negociación, arrojando sobre el vecino del norte acusaciones falsas y torticeras, de que estaba planificando en secreto una supuesta acción para derrocar el nuevo régimen de La Habana.

Luego llegó Playa Girón, y a partir de entonces, el régimen castrista endureció sus posiciones contra el vecino del norte, se echó en manos de la Unión Soviética en plena guerra fría, y aceleró las transformaciones “socialistas” del modelo económico cubano, alejándolo de la sociedad occidental. Y lo más importante, ya que, a partir de entonces, las reclamaciones de Estados Unidos no fueron atendidas, ni se abordó la búsqueda de una posible solución. Tal fue la obstrucción de La Habana a las reclamaciones, que ni siquiera fueron atendidas las promovidas por asociaciones de personas naturales, al margen de las posiciones del gobierno de Estados Unidos. Los antiguos propietarios estadounidenses de Cuba nunca fueron compensados, porque el régimen castrista se blindó ideológicamente, conseguido el apoyo económico y político de la URSS y nunca más se volvió a hablar de esta cuestión de las nacionalizaciones.

Fernández de Cossio afirma en su nota de X que esta situación de enfrentamiento entre los dos países, que Estados Unidos nunca deseó para la defensa de sus intereses, se tradujo en un “inmenso daño humano y material por vía de la agresión militar, el terrorismo, el respaldo material a bandas criminales, el sabotaje económico, la guerra biológica y el brutal bloqueo económico”. Y con ello, vuelve a mentir de forma descarada, porque en realidad, nadie en La Habana hizo referencia a este cúmulo de afectaciones durante el largo período de dependencia soviética entre 1959 y 1991, sino que el asunto del “embargo” surgió como ave fénix de sus cenizas tras el hundimiento del “socialismo real” en Europa del Este y la pérdida del apoyo económico y político de la URSS y sus satélites del Pacto de Varsovia.

De esto no dice nada Fernández de Cossio, y realmente él no es tan joven como para no recordar estos tiempos de un pasado reciente. No. Al dirigente comunista la interesa más presentar al gobierno de Estados Unidos como una “amenaza para Cuba”, un “provocador” que pretende causar daños para ejercer presiones sobre La Habana. Y desde esta perspectiva, da un salto adelante para afirmar, de forma incomprensible, que “el gobierno de los Estados Unidos ha provocado a Cuba y a los cubanos (…) y que, por ello, es el pueblo cubano el que merece compensación por un daño tan despiadado y prolongado, con efecto sobre varias generaciones de nuestros compatriotas. Naturalmente, es un daño muy superior al que pudieron haber experimentado los antiguos propietarios por motivo de la conducta de su gobierno”.

Desde 1991, perdidos los apoyos soviéticos, el régimen de La Habana manifestó la disposición a sentarse a dialogar sobre el tema de las reclamaciones y compensaciones mutuas, con el reclamo de cada parte sobre la misma mesa. Una posición amparada por la legislación nacional. Pero en realidad, la oferta que reciben los Estados Unidos debe estar muy alejada de las posiciones de una negociación encallada por motivos políticos, y por eso, ahí están los resultados. Nada.

El argumento torticero de Fernández de Cossio de que las sanciones han causado mucho daño al pueblo cubano ha servido, incluso, para promover en Naciones Unidas unos informes absolutamente faltos a la realidad que estiman el impacto económico del bloqueo sobre la economía cubana a cifras absolutamente imposibles. Por el contrario, a nadie parece interesar el daño causado a los propietarios privados confiscados, muchos de ellos personas naturales que vieron como su patrimonio personal era destruido de un día para otro. Pero por la misma razón, cabría preguntar a Fernández de Cossio cómo podría ser la economía cubana en estos 67 años si no se hubieran producido las confiscaciones comunistas y la respuesta no sería muy difícil de contestar. Pero eso es ciencia ficción y la economía se mueve por otras coordenadas que se deben analizar y tener en cuenta.

Parece que Fernández de Cossio ha dicho en la red X estas cosas por algún motivo, y como en el castrismo hay un péndulo que oscila para abordar los temas de una forma, y de la contraria, también, no parece extraño que se esté planteando esta cuestión de las compensaciones dentro de las conversaciones que se vienen desarrollando entre Estados Unidos y Cuba. Si ello fuera así, no sería una mala cuestión y desde luego, como punto de partida, impecable, siempre y cuando se atiendan todos los intereses que fueron confiscados, los de Estados Unidos, pero, sobre todo, los de cubanos que en muchos casos debieron huir con lo puesto al exilio. Es de la única forma que se puede hacer justicia.


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