Bruno Rodríguez, claves de un discurso: China, Naciones Unidas y Estados Unidos

Elías Amor Bravo, economista

El discurso panfletario y de propaganda del canciller comunista Bruno Rodríguez ante el Consejo de seguridad de la ONU permite atisbar una serie de datos económicos que merecen atención, y que en esta entrada de Cubaeconomía vamos a analizar. 

Primero. Rodríguez avisó, en primer lugar, de “una catástrofe humanitaria sin precedentes” como consecuencia de “una posible agresión militar de Estados Unidos contra Cuba”. Lo que es rotundamente falso, si se tiene en cuenta que la crisis ya está golpeando a la economía desde que Venezuela interrumpió sus suministros petroleros, y la sociedad cubana no ha tenido que afrontar agresión militar de ningún tipo. De modo que introducir este argumento falso, no es un buen comienzo de nada.

Bruno Rodríguez largó un discurso basado en un relato especialmente agresivo, nada diplomático, contra Estados Unidos que, sin embargo, en ningún momento mencionó al presidente Trump ¿Tenía el discurso del canciller el visto bueno del equipo negociador de la parte cubana, o iba por libre? ¿Sirvió de algo la actuación del régimen castrista en el Consejo de Seguridad de la ONU en esta ocasión?

Segundo. Desde luego, no quedó nada en el tintero. Todos los argumentos que son del gusto de Naciones Unidas servidos en bandeja en el discurso. Esta vez, con una referencia inicial destinada a apoyar el liderazgo de China en la defensa del orden internacional, atendiendo a “la necesidad de enfrentar conflictos y amenazas que afectan la estabilidad global”. Un mal comienzo, sin lugar a duda.

Rodríguez dijo al respecto, y cito textualmente, que “valoramos altamente el liderazgo de China en la defensa de la paz y la seguridad internacionales, la observancia del Derecho Internacional; la preservación, fortalecimiento y reforma apropiada de la Organización de las Naciones Unidas, en particular la democratización, transparencia y eficacia del Consejo de Seguridad y el empoderamiento de la Asamblea General; así como en la construcción de un orden internacional multilateral, basado en la igualdad soberana, justo y democrático”.

Para añadir, “prueba de ello son las iniciativas globales promovidas por el presidente Xi Jinping, que apoyamos, para enfrentar los desafíos actuales mediante una genuina cooperación multilateral. La convocatoria de este debate abierto también lo evidencia”.

Ante un planteamiento como éste, defendiendo la primacía de China en el nuevo orden económico mundial, y atacando a Estados Unidos por su agresividad, habría que preguntarse ¿a qué viene todo este discurso de Bruno Rodríguez en el que no se olvidó de Palestina, Irán ni la guerra en el Medio Oriente? No dejó títere con cabeza, y atacó de forma despiadada a Estados Unidos. ¿Este aplauso entusiasta a China solo puede venir motivado por alguna expectativa de asistencia económica?

Tercero. Pero la parte central del discurso fue un ataque demoledor a la política de Estados Unidos hacia Cuba, calificada como una “violación del Derecho Internacional y del Derecho Internacional Humanitario, una amenaza para la paz regional”.

En su discurso, insistió en varias ocasiones en el argumento falso de “que el cerco energético y el endurecimiento del bloqueo tienen graves consecuencias humanitarias para la población cubana”. En realidad, no existe bloqueo cuando un país, como Cuba, puede comerciar libremente con todo el mundo y recibir turistas e inversiones de cualquier país. Insistir en lo contrario es faltar a la verdad.

En particular, definió “el cerco petrolero o energético de Estados Unidos como equivalente a un bloqueo naval, un acto de guerra y de genocidio que somete a la población cubana a condiciones que amenazan su integridad y existencia y constituye un cruel e indiscriminado “castigo colectivo”. Conviene recordar que el cerco petrolero de Cuba no es otra cosa que una ensoñación falsa del régimen provocada por la incapacidad que tiene para acceder a la financiación en los mercados internacionales del petróleo por su política de impagos. Cualquier otra justificación es falsa.

Pero incluso fue altamente cruel, y contraria a la verdad, la afirmación de que el supuesto bloqueo “hoy provoca muertes, como refleja la duplicación de la tasa de mortalidad infantil, de 4,0 a 9,2 por cada mil nacidos vivos o la reducción de la expectativa de viva de niños enfermos de cáncer de un 85 a un 65%”. Como si cambios de esta magnitud en las variables demográficas tuvieran lugar en períodos muy cortos o instantáneos de tiempo y no fueran el resultado de procesos de crisis más largos en el tiempo.

Rodríguez desmintió el argumento de que Cuba pueda ser una amenaza, sin entrar a cuestionar ni uno solo de los argumentos de la orden presidencial del pasado mes de enero, y dijo al respecto que “no es un enemigo de Estados Unidos ni quiere serlo, pese a significativas diferencias con su gobierno”, y concluyó señalando que “Cuba tiene profundos y fraternos vínculos con el pueblo y la cultura estadounidenses”.

Y señaló al respecto que “continuaremos recibiendo con calidez y hospitalidad a los viajeros estadounidenses, aunque su gobierno restrinja sus libertades; y a sus empresarios y compañías con proyectos competitivos para que participen, sin discriminación alguna, en nuestro desarrollo económico, aunque el bloqueo lo obstaculice”. Una forma más de retorcer las propuestas formuladas semanas atrás para que la diáspora cubana invierta en Cuba, que recibió oídos sordos y amplio rechazo.

Cuarto. En el relato de presuntas culpabilidades de la actual crisis, Rodríguez volvió a mentir cuando responsabilizó a una “plutocracia corrupta e inmoral que esgrime la leyenda de la incompetencia y supuesta corrupción de nuestro gobierno y el supuesto peligro de “crisis humanitaria” como justificación de una intervención extranjera”.

Incompetencia existe y es incuestionable. Que recuerden lo que representó la “tarea ordenamiento”. La corrupción llegará, en cuanto se abran las puertas y ventanas que protegen la oscuridad del universo de GAESA. Pero el canciller añadió al respecto que esto “lo dice, cínicamente, el propio verdugo que de manera fría, malvada y deliberada provoca con sus acciones efectos devastadores, como los que ocasionarían en cualquier país del mundo, con independencia de su potencial económico, su nivel de desarrollo o la naturaleza de su sistema político”.

Y no contento con multiplicar los ataques verbales, culpó a la parte de Estados Unidos de “la falta de progresos y de buena voluntad,  a la falta de seriedad y coherencia de la parte estadounidense”, para añadir a continuación que “seguimos dispuestos a continuar conversaciones; tratar los problemas bilaterales, sin injerencia en nuestros asuntos internos, ni en nuestro sistema político, ni en nuestras elecciones; y buscar formas de comportamiento civilizado y cooperación multifacética, en particular en materia de terrorismo, narcotráfico, crimen trasnacional organizado, migración regular y segura, trata de personas, compensaciones económicas mutuas y otras”.

Para concluir, el canciller comunista hizo un llamado hipócrita a la solidaridad con Cuba a casi todo el mundo, por encima de “diferencias políticas, enfoques ideológicos, diferendos históricos” empezando por la comunidad internacional, a América Latina y el Caribe, al Sur Global “que debería luchar por ello y protegerse colectivamente de cualquier represalia, en la voz y la acción colectivas y en la cooperación mutua”, también al Consejo de Seguridad, hasta la misma Asamblea General de la ONU para que impidan “una catástrofe humanitaria o una agresión militar contra Cuba”.

Sus últimas palabras volvieron a ser clave de mensaje de esos que gustan en Naciones Unidas y que la diplomacia comunista cubana ha sabido jugar durante 67 años, para proclamar, “la defensa del papel central de las Naciones Unidas y a la promoción de la Paz y el Desarrollo y a la responsabilidad primordial del Consejo de Seguridad en el mantenimiento de la Paz y la Seguridad Internacionales y su contribución al diálogo y la promoción de soluciones políticas”.

El cierre, por si alguien tuvo alguna duda fue el tantas veces manido, “Patria o muerte, ¡venceremos!” después de avisar en tono mafioso, que “nadie dude, que llegados a un momento que esperamos nunca ocurra, el pueblo de Cuba combatirá hasta las últimas consecuencias”. Este es el discurso de un canciller en Naciones Unidas. ¿Tal vez, una carta de despedida?

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Qué pasó con el turismo en 2023? ¿Y qué pasará en 2024?

La población de Cuba en 2023: baja fecundidad, envejecimiento y despoblamiento. Y después ¿qué?

La propiedad "socialista" de todo el pueblo: de lo macro a lo micro