El sector arroz de la economía cubana no se arregla con donativos chinos

Elías Amor Bravo, economista

Ya puede Díaz Canel mostrar su más efusivo agradecimiento a los chinos de mil maneras. De momento, le han enviado 15 mil toneladas de arroz, que llegaron este domingo a La Habana, como parte de un cargamento total de 60 mil toneladas que parece ser, irán arribando de forma gradual a la Isla. De donativos de cualquier cosa, vive el régimen comunista, en este caso, para suministrar a la población un producto básico de la dieta de los cubanos que, por muchas razones, debería estar garantizado. Vietnamitas y chinos han venido a resolver esta incompetencia que no tiene justificación alguna. Pasemos a los datos.

Tal y como se publica en el reciente informe “Industria manufacturera en Cuba, indicadores seleccionados, 2025” elaborado por la Oficina nacional de estadística ONEI, la producción de arroz en Cuba, uno de los componentes principales de la producción de alimentos, registró desde 2021 una caída de proporciones alarmantes, pasando de 75.800 toneladas en aquel año, a las obtenidas en el año pasado, 2025, apenas 20.100 toneladas.

Dicho de otro modo, el sector productivo nacional ha dejado por el camino en estos cinco últimos años, más de 55.000 toneladas de arroz, que simplemente han desaparecido, lo que supone un descenso relativo del 73%. Un resultado que, sin paliativos, se puede calificar de catástrofe nacional. La caída de la producción, y por tanto consumo, de arroz en Cuba desde 2021 ha sido imparable (ver anexo estadístico).

La publicación citada de la ONEI permite dar continuidad a las series históricas de producción de arroz desde 1985 que experimentan cambios igualmente dramáticos. Si este período tan largo se divide en cuatro para estudiar cómo se comporta la producción de arroz en Cuba, se obtienen datos muy significativos.

 

Producción

Índice

1985 a 1991

225.300

100

1992 a 2009

96.860

43

2010 a 2020

180.520

80

2021 a 2025

39.560

17

En el período 1985 a 1991 la producción arrocera en la Isla alcanzó una media de 225.300 toneladas al año, cifra que multiplica por 10 la cifra obtenida en 2025. Entonces llegó el “período especial” y la producción anual de arroz bajó a una media anual de 96.860 toneladas, entre 1992 y 2009, apenas un 43% de la obtenida en el primer período calificado de normal. Posteriormente, entre 2010 y 2020 hubo cierta recuperación de las cifras de producción, para alcanzar una media anual de 180.520 toneladas que se mantuvo todavía un 20% por debajo de la lograda en el primer período. Y entonces, a partir de 2021 todo el sector se vino cuesta abajo, y la media anual de producción se situó en 39.560 toneladas, la más baja registrada desde 1985, quedando nada más y nada menos que un 83% por debajo del nivel logrado entre 1985 y 1991.

Es evidente que ante un panorama como el descrito, se observa la grave crisis estructural que sufre el arroz en la agricultura cubana, y cabría pensar que, si no de produjeran donaciones de este tipo, los cubanos no podrían consumir arroz o hacerlo de forma limitada. La cuestión es, ¿por qué se ha producido este desastre en la producción de arroz nacional? ¿por qué hay que depender de donativos externos?

Si en Cuba es posible producir arroz como quedó en el período 1985 a 1991 ¿qué factores condicionan o limitan el aumento de la oferta de este alimento? Y si no se pudiera producir arroz, ¿por qué Cuba tiene que depender de donativos para atender las demandas de la población de un bien básico? ¿Por qué no se movilizan divisas de las operaciones que se realizan en el sector exterior para la compra de este producto en los mercados mundiales, como hacen otros países? ¿Por qué no se hace lo necesario para que los productores arroceros puedan aumentar la escala de operaciones?

Lo peor de todo esto es que la situación no se va a solucionar con el donativo de los chinos. Si se pretende dar sostenibilidad al consumo de este producto, hay que actuar de otro modo. No hace falta ser un matemático para comprobar que, si la producción actual de arroz se mantuviera en cifras similares a las del año pasado, es decir, unas 20.100 toneladas, incluso sumando la totalidad del donativo chino, que dicen ser unas 60.000 toneladas, pero ya se sabe que puede ocurrir cualquier cosa con los “regalos”, la suma total se acercaría a las 80.000 toneladas, una cifra prácticamente similar a la registrada en 2025, 75.800 toneladas.

Y, conviene recordar que, a partir de ese año, después de la pandemia, que no fue un ejercicio espectacular, fue cuando el sector entró en crisis estructural hasta hoy. Desde luego habrá más arroz que en los cuatro años siguientes, pero insuficiente y lo que es peor, este tipo de ayudas puntuales no sirven para resolver los problemas económicos. No comportan una solución sostenible.

Díaz Canel debe ser consciente que con un cargamento regalado de arroz no se construye ninguna “Comunidad de Futuro compartido entre Cuba y China”. Cuidado con este tipo de ensoñaciones. China no es Venezuela, y el arroz, por otra parte, no tiene nada que ver con el petróleo chavista. El escenario no está para lanzar campanas al vuelo sino para ser prudentes y trabajar con un objetivo concreto, que los cubanos no pasen hambre.

Y ahora, como ha ocurrido con otras regalías en el pasado, lo que queda es exigir al régimen que reparta el arroz a la mayor cantidad posible de personas, porque la situación en la Isla se acerca a un escenario de hambre y crisis humanitaria, no vaya a ser que andar concentrando la distribución en las organizaciones del régimen, o en las “instituciones de salud y educación”, se deje fuera a personas necesitadas que están pasando una situación muy difícil. Tal vez, los chinos deberían mostrar algún interés por el reparto final del arroz que regalan.

En los últimos tiempos, la ayuda china al régimen comunista de La Habana está adoptando fórmulas muy variadas, que van desde los paneles solares para apoyar las renovables, a ahora el eventual cargamento de arroz. Nada que tenga que ver con una nación bloqueada o embargada, tal y como se puede comprobar. Y estas ayudas, habría que ver a qué obedecen, porque las referencias a “históricas relaciones de amistad entre ambas naciones” parece que solo pueden significar una parte de todo este apoyo que puede tener mucho más que ver con la competencia geopolítica internacional entre Estados Unidos y China a nivel global. Sería muy lamentable que el régimen comunista de La Habana quisiera meterse en esta batalla de la que, como ha ocurrido en el pasado, puede salir muy mal parado.

Arroz sí, pero con producción nacional, sin necesidad de regalías. Esa es la verdadera soberanía nacional, y no los cuentos de la solidaridad y otras majaderías marxistas. La cuestión es producir arroz nacional, para atender las demandas de la población y, si sobra, destinarlo a la exportación. ¿Esto es posible? Por supuesto que sí, pero con otro modelo económico y relaciones productivas también distintas. Empeñarse en mantener lo inútil e inservible es caer en el mismo pozo negro de siempre. Pérez Oliva y Betsy Díaz en el puerto de La Habana son la representación más evidente del fracaso del régimen mendigando lo que les quieran dar, arroz, paneles, cemento, acero, cualquier cosa. La economía cubana es un páramo de improductividad e ineficiencia. No da para más.

Producción de arroz en Cuba a largo plazo

Datos para elaborar las estadísticas de producción de arroz:

 

Mt año

1985

241,6

1986

237,7

1987

205,9

1988

259

1989

249,2

1990

210,7

1991

173

1992

148

1993

85,2

1994

73,4

1995

80,1

1996

141,4

1997

145,1

1998

90,3

1999

107,8

2000

66,1

2001

75,8

2002

84,5

2003

121,1

2004

77,9

2005

42,1

2006

113

2007

82,4

2008

73,9

2009

135,3

2010

135,3

2011

155

2012

182,4

2013

210,2

2014

216,9

2015

155,7

2016

181,5

2017

168,5

2018

272,8

2019

196,1

2020

111,3

2021

75,8

2022

39,6

2023

27,9

2024

34,4

2025

20,1

 

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