La pesadilla de una educación superior descentralizada y territorial
Elías Amor Bravo, economista
Los inventos del régimen comunista cubano van en aumento.
Los dirigentes de La Habana, enfrentados a una grave crisis humanitaria que
sitúa a Cuba en el mismo plano que a otros estados fallidos, han decidido abordar
el diseño del nuevo curso de educación superior y, en la prensa oficial, se acaban
de inventar un término nuevo para definir cómo piensan desarrollar el nuevo
curso. Todo improvisación, y medidas para salir al paso.
Si, lo han oído bien, el nuevo curso de formación superior
se va a desarrollar, ni más ni menos que, “con procesos descentralizados y
actividades docentes desde los territorios”.
En el país del mundo donde su máximo dirigente inventó
aquella frase de “periodo especial en tiempos de paz” y donde se ha acuñado un
término titulado “resistencia creativa”, ahora se apuesta para la educación
superior por una fórmula “descentralizada y territorial” que nadie sabe qué
resultado puede acabar teniendo, pero desde luego, nada bueno.
Los cubanos llevan meses quejándose no sólo de los continuos
apagones, la falta de alimentos, los precios elevados, la acumulación de
basuras, la falta de transporte, etc., y también han protestado por la pésima
calidad de los servicios públicos que se financian por el estado comunista,
generosamente, con los impuestos que pagan los mismos cubanos. Educación,
sanidad, cultura, deporte, ocio, han ido experimentando un notable deterioro en
la cantidad y calidad de los niveles de servicios prestados, con consecuencias
negativas sobre el salario real.
Y ahora le toca el turno a la educación superior, la joya de
la corona, por denominarla de algún modo, el sistema del que tanto se presume por
los dirigentes de la Isla que, en medio de una coyuntura económica en recesión,
y un absoluto descontrol de las funciones de gobierno, anuncian el inicio del nuevo
curso 2026-2027 el próximo 1 de septiembre en todas las universidades e
instituciones, según informa una nota en la prensa oficial. Trasladar una
sensación de normalidad cuando eso no es posible, causa mucha más alarma que
actuar de forma realista. Y llevar la educación superior al terreno de la “descentralización
territorial” más aún.
Asumir que la falta de combustible va a obligar a plantear
un proceso alternativo para el desarrollo de las actividades académicas, es
conformarse con poco. Porque ya no es solo la cuestión del transporte, que se
va resolviendo gracias a la eficiente actuación de las mipymes que compran
gasolina y diésel a proveedores de Estados Unidos. Es que no se puede plantear
una actividad académica normal con la amenaza de apagones, por muchos paneles fotovoltaicos
que se puedan instalar en las aulas para paliar el desastre de la falta de
energía.
Pero el régimen castrista, a pesar de que hay solo un
pequeño paso de lo sublime a lo ridículo, pretende que los estudiantes
universitarios cubanos recuerden el resto de sus vidas aquel glorioso año en
que, a pesar de “la agudización de la situación de desabastecimiento de
combustible en el país, originada por la política agresiva sostenida del
gobierno de los Estados Unidos contra el pueblo de Cuba”, las clases
universitarias siguieron funcionando y ello, gracias a los “inventos” y las “trincheras”
del régimen. Lo mismo de siempre. Hay qué ver qué cosas.
¿Y, entonces, qué solución se han planteado para el servicio
universitario que llama nuestra atención? Pues, he aquí la fórmula. Según
señala una nota oficial, en principio se ha producido “una reestructuración del
funcionamiento del sistema de educación superior, apoyada en dos ejes, primero
la descentralización y segundo, el enfoque territorial, de modo que las
actividades docentes se desarrollarán esencialmente con la organización académica
aplicada en el semestre anterior”. Ya me dirán los alumnos matriculados en las
disciplinas STEM, la física o matemáticas que van a aprender con este enfoque
localista.
Se ha arbitrado un proceso para que las matrículas se pueden
realizar sin desplazamientos. Empezando por las universidades subordinadas al
Ministerio de Educación Superior, los procesos de matrícula de los
estudiantes de nuevo ingreso, así como el reingreso y la ratificación de
matrícula de los continuantes, se organizarán desde los territorios de
residencia de los jóvenes, evitando así los desplazamientos imposibles por la falta
de combustible. Todo a esperar que no se vaya la luz, cuando se tengan que
rellenar los formularios.
Por otro lado, los estudiantes de programas nacionales o
regionales podrán formalizar sus trámites en la universidad o en los Centros
Universitarios Municipales (CUM) y Filiales Universitarias Municipales (FUM) de
su provincia o municipio, de manera presencial o por la vía on-line.
Lo mismo de antes, ante la amenaza de un apagón.
Una vez realizada la matrícula, que de buen seguro irá
acompañada de falta de información, errores que tendrán que ser subsanados,
etc., la formación académica “se desarrollará en las modalidades semipresencial
y a distancia, alternando siempre que sea posible, algunos periodos de
presencialidad fundamentalmente para los estudiantes del curso diurno”.
Esto significa que la necesaria presencialidad en las aulas
volverá a ser mínima, brillará por su ausencia, y los universitarios cubanos
tendrán que acostumbrarse a las videoconferencias y las actividades online,
siempre que haya electricidad, ¿tal vez en las madrugadas? Y, aquí viene la
cuestión, en este nuevo enfoque, “las actividades lectivas presenciales se
realizarán en la sede central de cada universidad, en los CUM, FUM y/o
entidades productivas o de servicios de cada localidad”. Esto es importante
porque puede tener una influencia sobre los niveles de calidad de la prestación
y eso, a su vez, sobre los resultados académicos.
En el caso del curso por encuentros (CPE), tanto los
programas de técnico superior como de carreras universitarias, se retomarán los
encuentros presenciales al menos una vez al mes para orientar y evaluar las
tareas de aprendizaje. Asimismo, en el curso a distancia (CaD) se mantendrá su
concepción habitual. Cargas lectivas realmente bajas para una vez al mes, que
indican que será muy difícil alcanzar un nivel de calidad en la formación
adquirida.
Y, después, para que nadie se crea exento de las
obligaciones comunistas, el nuevo procedimiento no olvida que los estudiantes
deberán participar de manera activa en tareas socioeconómicas de sus municipios
y comunidades, con especial énfasis en la Red Juvenil Comunitaria, entendiendo
que estas actividades forman parte de su proceso de formación integral
(¿recoger basuras acumuladas en las calles tal vez?).
Todo este lío tiene que acabar provocando contratiempos,
faltas de información, errores, dificultades e incidentes de todo tipo que,
seguramente, influirán de forma negativa en la calidad de la educación
superior, pero que la seguridad y vigilancia del aparato represivo impedirán
que afloren a la realidad. No cabe duda de que el curso universitario ha sido
diseñado sin los necesarios elementos de estabilidad y rigor que tiene la
academia superior. Ante la perspectiva de apagones en las aulas y de dificultades objetivas
de transporte, el régimen ha optado por lo fácil. Y por mucho que el Ministerio
intente tranquilizar a las familias por la formación que van a recibir sus
hijos, la realidad es que nos adentramos en uno de los peores cursos que habrá
tenido la universidad castrista desde sus orígenes.
Llevar la prestación del servicio de educación superior a nivel de las distintas localidades cubanas es una experiencia que aleja a los alumnos de los espacios académicos centrales, donde se concentra el saber y la investigación, pero igualmente, donde se formalizan las relaciones y contactos que luego van a durar toda la vida.
Apostar por esa descentralización va contra la normalidad
de la educación superior, y no va a ayudar a preparar adecuadamente a los
profesionales del futuro, teniendo un efecto negativo directo en el rendimiento
académico. La sensación de provisionalidad y fragilidad que se trasmite por las
autoridades con la implantación obligatoria de estos “procesos
“descentralizados y localistas” para la educación superior en Cuba, implica que
estas enseñanzas se han acogido a un clavo ardiendo para dar una respuesta que
quizás no sea la necesaria ni conveniente. Pero es que no hay alternativa.
Comentarios
Publicar un comentario