Economía cubana: ¿más empleos o más trabajadores?

Elias Amor Bravo economista

No hay día que Granma no asombre con algún informe o dato relativo a la economía cubana que raya en el absurdo. Es lo que ocurre cuando se escribe al dictado de alguien del comité central de un partido que no entiende cómo funcionan las bases de una economía próspera y eficiente. Por ello, el pequeño opúsculo publicado hoy en Granma, titulado “Cuba tiene capacidad para ofrecer más empleos” no tiene desperdicio.

¿Más empleos en Cuba? Pero, vamos a ver, no habíamos quedado que en Cuba se presenta una de las mejores situaciones de mercado laboral del mundo. En el anuario estadístico de ONEI, la tasa de paro de la economía cubana en 2020 se situó en el 3,87% un salto con respecto al 1,2% de 2019 antes de la pandemia. En todo caso, una de las tasas de desempleo más bajas del mundo, que no oculta, por otro lado, un alto nivel de exceso de empleo en las plantillas abultadas del sector presupuestado y las empresas estatales. Pero el dato es ese, y si se interpreta adecuadamente, Cuba registra una de las tasas de paro más bajas del mundo.

Bastantes problemas tiene la economía cubana como para ahora ponerse a pensar en el mercado laboral. No obstante, parece que a los dirigentes les preocupa “la situación demográfica del país por cuanto impone retos al mercado laboral, pues empiezan a jubilarse más personas que las que entran a trabajar”.

Para empezar, este problema ya viene de tiempo atrás y afecta no solo a Cuba, sino a la mayoría de los países más avanzados de planeta, que empiezan a revisar sus políticas migratorias, ante la escasez de oferta de empleo. Incluso se da la circunstancia curiosa de España, donde con una tasa de paro del 13% de las más elevadas del mundo, cada año se precisa traer trabajadores extranjeros cualificados para determinadas campañas en la agricultura o el turismo, porque los españoles en desempleo no aceptan los puestos que les ofertan en esos sectores.

La problemática laboral de Cuba es compartida, y cada país trata de dar solución con sus potencialidades respectivas. El régimen comunista quiere aumentar lo que denominan “la promoción del acceso a empleos de calidad, que permita incrementar en un 1,8 % los ocupados en la economía en relación con 2021” y a ello se ha emplazado el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Cuidado con los empleos de calidad. La productividad es la condición básica de esa calidad, y mucho nos tememos que no esté bien considerada como referente del empleo en la economía cubana.

Los lectores de este blog recordarán que al poco tiempo de iniciar la aplicación de la Tarea ordenamiento los comunistas cubanos interpretaban como un dato positivo de la misma la creciente demanda de trabajo que afrontaban las direcciones municipales de Trabajo, enfocadas sobre todo en proporcionar empleo, “en particular a mujeres, jóvenes y personas en situación de vulnerabilidad”.  De pronto, un aluvión de personas, como nunca antes, se lanzaron en busca de empleos donde fuera. Se dijo que muchos eran cuenta propistas afectados por la pandemia. No es cierto, la mayoría era gente que no había trabajado nunca, ¿para qué?

Sin embargo, aquel proceso se entendió de forma errónea, ya que el aumento de la demanda no se trataba de un aumento de la demanda de empleo, de trabajo real, sino de la reacción de la población activa ante un escenario de creciente empobrecimiento percibido por la sociedad como consecuencia de la Tarea ordenamiento. Una especie de sálvese quien pueda se instaló en amplios sectores sociales, conforme los nuevos actores económicos se veían con dificultades para arrancar sus negocios tras la pandemia, y alrededor de 500 empresas estatales entraban en pérdidas estructurales e insolvencias por culpa del descontrol de precios y salarios del ordenamiento. Conforme iba avanzando el año, los dirigentes empezaron a preocuparse por la situación del mercado laboral, y empezaron a demandar programas de desarrollo local.

Pero la Tarea ordenamiento ya quedó atrás por suerte, aunque sus efectos inflacionistas perdurarán durante un tiempo, y ahora los dirigentes comunistas se preocupan por el impacto que la situación demográfica del país impone al mercado laboral, pues empiezan a jubilarse más personas que las que entran a trabajar.

Cierto. Eso es inevitable, a no ser que se alargue la edad de jubilación. Esa decisión aumentaría de forma inmediata los activos y ocupados. Pero en Cuba, hay otro factor que debería preocupar más a los dirigentes comunistas, porque su incidencia en la tasa de actividad es más grave, ya que la reduce en los segmentos de edades más jóvenes. 

Me refiero a las migraciones, a la huida del país de miles de cubanos que generación tras generación pierden la confianza en sus dirigentes y rechazan el modelo social impuesto por el régimen comunista. Esos movimientos sí que deberían preocupar, porque salvo prohibición expresa de salida del país, lo que supondría el retorno a los tiempos más oscuros de la revolución, conservar una tasa de actividad del  65% va a resultar imposible a corto y medio plazo. La pérdida de población activa joven sí que debería preocupar a los comunistas.

De modo que el reto de las autoridades de crear empleo con una baja tasa de desocupación, que se suele situar por debajo del 3% en promedio no es fácil. Y metiéndose en este asunto, pueden acabar mucho peor que al comienzo, como ahora. Hablan de dar continuidad a las medidas de distanciamiento social, el teletrabajo y el trabajo a distancia como alternativas para mantener actividades que no precisaban presencialidad, pero esto choca con los sectores que más reclamo tienen en la economía cubana vinculados a la prestación de servicios personales en el turismo, hotelería, gastronomía, bares, espectáculos. 

Si alguien descubre como se elabora un mojito con teletrabajo, que lo patente de forma inmediata. La estructura de los empleos ofertados es contraria a las medidas expuestas, y va a exigir pensar un poco más en lo que se tiene que hacer. La digitalización es aun escasa, la robótica inexistente, Cuba se retrasa en la aplicación de la cuarta revolución industrial. Mal asunto.

Un aviso a los lectores. El régimen comunista suele siempre cortar lo sano. Así que aquellos que estén cerca de la jubilación, esperando que llegue ese tiempo en que tras largos años de trabajo, pueden dedicarse a disfrutar de la vida, aunque sea con pensiones miserables como ocurre en Cuba, que se vayan olvidando. No tardarán en ver cómo los dirigentes arreglan este problema por la vía rápida, alargando la edad de jubilación. Es lo único que pueden hacer. 

No es lo mejor, pero sin protestas sociales ni reivindicaciones sindicales, lo tienen muy fácil, mucho más que en los países democráticos donde se intenta aplicar esta medida, con grandes resistencias. Aplazar la edad de jubilación en dependencia de la labor que desempeñan, puede estar bien, pero una vez más, muchos de los empleos ofertados en la economía cubana no lo permiten, e incluso puede ir contra la prestación de los servicios. El dilema no es fácil de resolver. Con este modelo económico y social no lo van a lograr. Que vayan pensando en otras cosas.

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