¿Pero qué buenas prácticas van a intercambiar en la agricultura cubana?

Elías Amor Bravo economista

¿De verdad está la situación agropecuaria en Cuba como para andar intercambiando "buenas prácticas" para incrementar la producción de viandas, hortalizas, granos y frutas? Pues parece que esto es lo que hicieron en la plenaria nacional de las cooperativas y productores de avanzada de los polos productivos de los cultivos varios.  Tremendo nombre.

Según Granma, que realizó la cobertura informativa, de tan importante reunión, se analizó “la gestión integral de las cadenas agroindustriales para generar productos y servicios de alto valor agregado, así como se socializaron las buenas prácticas de los productores, con el propósito de incrementar la producción de viandas, hortalizas, granos y frutas” y participaron en el evento el viceministro Tapia, el ministro de la agricultura Ydael Pérez, junto a otras autoridades de ANAP.

Ante los pésimos resultados del sector agropecuario en 2021, que al parecer  continúan igual de mal en 2022 como reconoció el ministro Gil en la última reunión del consejo de ministros, citando los numerosos “incumplimientos” en las entregas de productos, los dirigentes comunistas organizan estos “juegos florales” en los que participan las cooperativas que integran un denominado "Movimiento de Vanguardia Político Productivo" por los 100.000 quintales de cultivos varios y productores de avanzada, 

Al parecer vinieron precedidos de otras tantas 19 plenarias municipales en los polos productivos agroindustriales de vocación agrícola, el último invento colectivista del régimen, y cuatro provinciales. Y claro, ante tanta reunión agropecuaria de “vanguardia productiva” uno de pregunta, ¿Quién queda en el surco trabajando a diario para producir más?

A los comunistas, ante el evidente fracaso de las 63 medidas, y de cualquier iniciativa que tenga su origen en el modelo social comunista que rige la agricultura cubana en las últimas seis décadas,  no se les ocurre otra cosa que “distraer” a los productores, en vez de dejar que trabajen libremente, qué decidan cuánto producir, en qué dimensiones de parcela y a qué precios. 

La injerencia del régimen en la agricultura es el origen de todos los males de un sector que aspira a tener libertad para decidir. La reforma agraria fue un desastre, el INRA sustituyendo al antiguo ministerio, otro. Ha llovido mucho desde entonces, pero los males de la agricultura cubana siguen siendo los mismos: estatismo, burocracia, injerencia, control y represión. 

No es con intercambios de buenas prácticas como se puede producir más y mejor.  El invento comunista de los llamados "polos productivos" dedicados a producciones de cultivos varios, tampoco va a dar resultado, por cuanto supone ejercer una fuerza coercitiva sobre los productores, basada en decisiones burocráticas y políticas, que tienen poco o nada que ver con la realidad socio productiva del agro cubano.

Un buen ejemplo de esa deficiente creación de los llamados polos, la ofreció Granma al citar que esta fórmula, pese a que ha contado con todo el apoyo del régimen, incluidos estos “intercambios de buenas prácticas” tan solo han producido 706.200 toneladas, apenas el 26% de la producción total lograda en el año. Una minucia. Y en el primer cuatrimestre del año en curso, en que se informó de incumplimientos por el ministro Gil, los Polos Productivos no han mejorado su contribución, con tan solo 232.485 toneladas, que suponen el 25,3 % de la producción total, un punto menos.

Después la directora nacional de Comercialización del Ministerio de la Agricultura habló de la política de comercialización para señalar lo que todo el mundo sabe, “que vuelve a ser una tarea difícil, sobre todo, por el escenario que vive Cuba actualmente”. La solución la tiene al alcance de la mano, y si no la ponen en marcha es porque no quieren: suprimir Acopio para siempre y dejar absoluta libertad a la comercialización de los productores con distribuidores privados competitivos. Esa si que es una buena práctica.

En realidad, y aunque esta plenaria sirvió para reivindicar, por enésima vez, las 63 medidas de la producción agropecuaria, lo cierto es que ni se ha logrado más producción, y ahí están los resultados oficiales de la ONEI y las declaraciones del ministro Gil, y tampoco han servido para mejorar la comercialización. Los comunistas cubanos siguen sin entender que lo que no se produce no se puede distribuir, y que antes del cántaro, hay que disponer de la vaca para producir leche.  Los logros en materia de nuevos productos, nuevos puntos de venta y nuevos actores económicos que ofertan productos en otras variedades se los ha llevado el viento, en un 2021 perdido para siempre, y un 2022 que no va mejor.

Y frente al fracaso de las 63 medidas, los dirigentes insisten en que es necesario seguir “avanzando en la divulgación de esta política, en que se entienda su importancia y ventajas, sobre todo los productores”. El autor de este blog ha consultado a varios productores agropecuarios cubanos que insisten en que el problema no es el conocimiento de las medidas, sino de su inutilidad, que simplemente, no van a lo que realmente se necesita y por ello, les dan la espalda.

En la reunión también se habló los precios agropecuarios, un asunto de la máxima importancia, que según el IPC elaborado por la ONEI mensualmente, son los que más crecen de los distintos componentes del índice, con su influencia negativa en la población. Las evidencias apuntan a que el actual proceso inflacionario que vive la economía cubana, y que irá a peor en los próximos meses, está originado y a su vez influye en los precios de las materias primas y alimentos. 

Y que, o las autoridades afrontan este problema con soluciones eficaces y prácticas, o la probabilidad de una crisis alimentaria en Cuba parece muy alta. Perder el tiempo confiando en una posible solución al problema por parte de las empresas estatales, no tiene sentido, a la vista de la experiencia pasada. Los polos productivos tampoco lo son. El régimen no tiene soluciones dentro del modelo social comunista para hacer frente a la crisis agropecuaria, una situación que, de manera similar, llevó a los vietnamitas a aplicar el Doi Moi, ¿Por qué en Cuba no?

Con este tipo de intercambios de "buenas prácticas" y el apoyo al estatismo, el régimen comunista va camino de una situación de grave crisis estructural en el sector agropecuario que nadie quiere, pero que está a las puertas. Desde hace tiempo, el guajiro cubano sabe cuáles son las buenas prácticas en su sector, y aunque no las pueda reclamar con libertad por el temor a la represión, es muy clara: libertad, derechos de propiedad privada y mercado libre. Lo demás, es perder el tiempo.

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