El régimen castrista y los empresarios privados cubanos: 1er round
Elías Amor Bravo, economista
La prensa estatal comunista se ha hecho eco de una reunión
inesperada de Díaz Canel con representantes del sector privado cubano. Inesperada,
porque no se había informado nada al respecto, aunque conociendo la falta de
transparencia de los dirigentes castristas, a nadie ha extrañado el procedimiento
y el cauce.
No obstante, a diferencia de otras informaciones, esta
reunión no ha trascendido a todos los medios, que prácticamente se copian unos
a otros las noticias, con la habitual falta de libertad de prensa que se impone
en la Isla al ejercicio de la profesión. En esta ocasión, ha sido Cubadebate el
medio que ha recogido la reunión referida, en tanto que Granma, al menos cuando
se redactan estas líneas, no ha hecho el menor caso.
De modo que, con tono enfático, Cubadebate decía que el presidente
se reunió con representantes del sector privado en Cuba, y añadieron que "el contacto será
constante con el sistema empresarial cubano, que es uno solo e incluye a las
formas estatales y no estatales". Para añadir, además, que “no podemos construir
todo lo que queremos hacer en beneficio del país si no logramos esta
comunicación, dijo durante el encuentro, en el que participaron empresarios de
los sectores de la alimentación, agricultura, energía, transporte,
asesoramiento jurídico y otros”.
Tomen buena nota de esto. Porque aquellos que seguimos la historia
de la economía cubana desde la fatídica llegada al poder de los revolucionarios
comunistas en 1959 no podemos menos que calificar esta “reunión” como una
derrota histórica de las ideas de Fidel Castro. ¿Qué ideas? Muy fácil, que la
economía debe ser estatal en su totalidad, que no deben existir los
intermediarios, ni el mercado como instrumento de asignación y que el
enriquecimiento privado no se puede aceptar y si aparece, debe ser extinguido.
En base a estos postulados absurdos, se ejecutaron los terribles procesos
de incautación de derechos de propiedad al sector privado, primero en la agricultura
con la nefasta reforma agraria, después en las empresas de servicios, a continuación,
con el sector manufacturero, y más tarde el comercio y los inmuebles o la banca.
Todo el capital privado y con él la clase empresarial, desapareció por obra y
gracia de las doctrinas marxistas y leninistas de Castro que cerró en 1968 los
procesos de confiscación de propiedad privada con la nefasta ofensiva revolucionaria
que convirtió en empleados públicos hasta los limpiabotas habaneros.
Pues bien, los mismos que se han reunido con Díaz Canel en
estos días, son los que defienden un modelo económico contrario al fracaso
histórico comunista en Cuba al que se asiste en tiempo real (representado por el propio Díaz Canel, y también por Morales Ojeda, Pérez-Oliva
Fraga, Osnay Miguel Colina, Jorge Luis Broche o Lázara Mercedes López Acea). Toda esta cáfila de dirigentes comunistas, ahora, 67 años más tarde, se ponen de rodilla ante los empresarios privados
cubanos en demanda de un apoyo más o menos indefinido, a un supuesto “diálogo
sistemático” que de ser realidad y tener consistencia, sería una magnífica
oportunidad para empezar a soñar los cambios hacia la democracia y la libertad.
Dicho de otro modo, asistimos a un momento histórico, en que el poderoso régimen
comunista de Cuba pide a los empresarios privados de la Isla que aumenten la
producción de alimentos, bienes y servicios; reduzcan los costos improductivos
y la dependencia de las importaciones de productos acabados; e incorporen
tecnología, conocimiento e innovación. De veras Díaz Canel cree que tiene que
pedir este tipo de cosas a los empresarios. No. Se equivoca. Esto se encuentra
en el ADN de los que emprenden y tratan de salir adelante con sus propios
proyectos, al margen de la presión estatal, que no cesa.
Díaz Canel pidió apoyo a los empresarios privados cubanos,
pero él tiene que pensar que es el heredero de un sistema político y económico
con una larga data de expropiaciones, confiscaciones y robos sistemáticos al
capital privado del país, y que ahora, cuando el escenario es cada vez más complejo y difícil de afrontar, y el riesgo sistémico amenaza, tiene
poco sentido que se ponga a lanzar loas a los actores privados, sin previamente
disponer los cambios necesarios para que la libertad económica se abra camino.
No se puede pedir a la empresa privada cubana lo mismo que
la estatal, que sigue disfrutando de prebendas y protección del aparato político comunista.
Los empresarios privados, abierta la vía de la negociación con el régimen,
tienen que perfilar bien qué necesitan cambiar para poder funcionar en
condiciones de eficiencia y rentabilidad.
Y, sobre todo, hay que exigir a Díaz Canel que cambie el lenguaje que utiliza hacia el sector empresarial privado. Por ejemplo, ¿Qué es eso de atribuir a los empresarios privados ganancias
ilegítimas, las ilegalidades, la evasión fiscal, la corrupción, el acaparamiento
y demás majaderías comunistas?
La rentabilidad empresarial puede estar, y de hecho lo está,
vinculada al esfuerzo, a los resultados, a la productividad, a la eficiencia, a
la innovación. Los empresarios privados son los primeros que cumplen con sus
obligaciones, por cierto, numerosas y de gran complejidad. No existe abuso de
precios cuando el mercado funciona y se respetan las leyes de la oferta y
demanda. Lo que distorsiona los precios y, determinadas ganancias puntuales,
son las intervenciones del gobierno topando, centralizando o controlando los
precios. Estas prácticas, lo mismo que el lenguaje, deben ser desterradas para
siempre.
Y, por cierto, si las empresas privadas no aceptan los pagos por
transferencia, Díaz Canel debe prestar atención a las redes y, sobre todo, la
electricidad y la conectividad, que es lo que impide la continuidad de la
bancarización en la economía cubana.
Es lo mismo que, cuando Díaz Canel plantea convertir las
mipymes y los TCP en pagadores de pensiones, de forma obligatoria. Las acciones
de responsabilidad social empresarial son decididas por las empresas privadas
de acuerdo con sus planes de negocio y no pueden ser el resultado de órdenes
trasmitidas por el poder político. Las empresas privadas pueden hacer más por
el bienestar de pueblo que el estado ineficiente e improductivo que han
generado las políticas comunistas en los últimos 67 años. Pero para lograr ese
objetivo, tienen que poder respirar y tener libertad para funcionar, como en el
resto de los países del mundo. Hay que reclamar a Díaz Canel que el "ordeno y mando" no sirve con el sector empresarial privado.
Además, hacen bien los empresarios privados cubanos en denunciar ante Díaz Canel “los prejuicios y trabas que persisten en niveles intermedios de dirección”. Ahora es el momento para consolidar una plataforma de demandas que se trasladen a la dirección comunista del país para que las empresas privadas desarrollen plenamente sus negocios. El régimen está debilitado. Más que nunca. Contra las cuerdas, y solo es capaz de parar, no siempre con éxito, los golpes que recibe.
Los empresarios privados deben saber que son necesarios y por ello su poder relativo
les debe ayudar para presionar mientras sigue el diálogo. Todo esto es
normalización política y habría que preguntarse, si no existiera una voluntad
firme de la secretaria de Estado de Estados Unidos por implementar los cambios
en Cuba, si esta reunión de Díaz Canel con los empresarios privados cubanos
tendría lugar.
Estamos ante un momento histórico, de eso no cabe duda, pero ni de lejos el castrismo ha mostrado el menor interés por corregir el daño histórico
cometido contra los empresarios privados cubanos de antes de 1959. No obstante, esta
reunión es un hito y hay que valorarla en su justo término. En ello estamos.
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