Las transformaciones del comercio interior: viaje a ninguna parte
Elías Amor Bravo, economista
¿Quién lo iba a decir? Hasta el comercio interior se ha incorporado
a la carrera loca de las 176 transformaciones. El sector más decrépito de la economía comunista cubana, ejemplo del fracaso
absoluto de las políticas económicas de esta ideología, ha anunciado nuevas
resoluciones dirigidas a apostar por un modelo de gestión mixta en el sector.
Y aquí viene lo mejor, porque la ministra de comercio interior,
aparentemente ajena a la dura realidad de una crisis humanitaria en Cuba, donde
el alimento diario resulta muy complicado de resolver, y donde los cubanos se
enfrentan a permanentes situaciones de escasez en todos los productos y
servicios, reconoció que con estas medidas del comercio “se debe continuar
potenciando, desde la infraestructura que tenemos, los mecanismos para que a la
población lleguen los productos con determinadas ventajas y determinados
incentivos”.
Este es el panorama que se van a encontrar en este momento
en el régimen castrista. La ministra de comercio interior hablando de “ventajas
e incentivos” para los productos, y los cubanos haciendo colas kilométricas en
la puerta de las vacías bodegas para conseguir algo que llevarse a la boca.
Desde esta perspectiva, no parece extraño que la publicación
en varias ediciones de la Gaceta oficial, de una serie de resoluciones destinadas
a integrar a los actores económicos estatales y no estatales en la gestión de
servicios comerciales, a la vez que se estimula el desvencijado comercio
interior en la Isla, dentro de las transformaciones económicas y sociales,
haya pasado prácticamente desapercibida.
No hace falta detallar en exceso que el comercio es uno de
los sectores peor tratados por el régimen comunista en los últimos 67 años. Del
auge mercantil y comercial existente en el país antes de 1959, las
confiscaciones, primero y las nacionalizaciones, después, acabaron por promover
un comercio marginal, ineficiente, burocrático y armado en torno a una libreta
de racionamiento que, en cierto modo, ha sobrevivido a todos estos años. El
comercio se hundió definitivamente al excluir a la iniciativa privada de esta
actividad, y, sobre todo, la persecución a los intermediarios de la
distribución, convertidos por obra y gracia de los dirigentes comunistas, en
enemigos de la revolución.
La cuestión que cabe preguntarse es ¿Puede este conjunto de
resoluciones con que el régimen dice que quiere estimular el comercio interior
en la Isla, conseguir sus objetivos? Parece que han llegado tarde. El enfermo
está tan grave que quizás lo mejor es propiciar su desaparición y construir algo
completamente nuevo para el futuro. Pero ya se sabe, las transformaciones
económicas y sociales no van por esta vía, y por ello, presenta cierto interés analizar
cómo el régimen quiere que el comercio se estimule y desarrolle.
Una primera actuación incluida en la Resolución 14/2026,
está dirigida a dedicar atención al Sistema de Atención a la Familia (SAF) un
programa creado por Fidel Castro, y que en la actualidad apenas atiende a 66.000
beneficiarios en 4.400 establecimientos.
Una primera propuesta planteada consiste en que las unidades
gastronómicas de estos SAF puedan ser gestionadas por actores económicos
estatales y no estatales, al margen del sistema comercial.
De tanto buscar las patas al gato, se han encontrado que
este SAF se había convertido, como la mayor parte de los programas públicos, en
un pozo de ineficiencia que limitaba su capacidad de producción y de atención
del servicio. La ministra de comercio interior defendió esta iniciativa, señalando
que una empresa, que ha alcanzado determinados resultados e ingresos, puede ahora
gestionar esa unidad SAF si así lo cree conveniente y lo solicita. E insistió
que debe atender primero a los beneficiados del SAF, y después, en los horarios
que no comprenda la prestación del sistema de atención a la familia, ofrecer un
servicio de gastronomía ligera a la comunidad. Este último no tendría el
carácter de prestación pública, sino que se podría vender a precios de mercado
a los clientes.
Transformar las unidades SAF en puestos de venta de comida
preparada se presenta como una iniciativa para “potenciar el comercio” en el régimen
castrista. Lo cual da una idea precisa de los niveles en que se mueve el
régimen. Lo cierto es que en los componentes del IPC que publica mensualmente
la ONEI el componente de hoteles y restaurantes, que incluye la venta de comida
preparada, es uno de los que más han aumentado sus precios desde 2010.
No obstante, la ministra informó que los beneficiarios del
SAF “seguirán siendo determinados por los grupos de política social, y el
servicio mantendrá su costo actual, al igual que se mantiene la responsabilidad
del resto de los organismos que intervienen”. En definitiva, se pretende con esta
medida que los distribuidores del SAF obtengan unos ingresos complementarios
que ayuden a consolidar una actividad que se financia con fondos públicos.
Además, la ministra pretende que los actores que asuman el
compromiso con esta iniciativa complementaria del SAF, también lo hagan manteniendo
una dieta balanceada y que atiendan a más personas que necesitan acogerse al
servicio. En esencia, fomentar el comercio por medio del reparto de comida asistencial
a partir de un programa financiado con fondos públicos es un buen ejemplo de
ineficacia e ineficiencia administrativa.
Podrían haber elegido cualquier otro diseño para la
cooperación público y privada, pero han seleccionado el peor, el que puede
tener más complicaciones conforme entre en funcionamiento. Por mucho que la
ministra haya declarado lo contrario, ¿Qué va a ocurrir si los fondos del SAF
se reducen y llegan los beneficiarios al comercio a recibir su prestación,
mientras hay clientes privados pagando por el servicio de comida preparada en
ese mismo momento?
Una segunda propuesta de comercio interior se encuentra en
otra ocurrencia sobrevenida, el denominado Mercado de Barrio, cuya normativa se
estableció en la Resolución 16/2026. Por medio de esta iniciativa se pretende
dar sentido a la red de bodegas, mercados y carnicerías para su reubicación y transformación
comercial.
Precisamente una red obsoleta, que presenta un aspecto de
abandono y desidia difícil de encontrar en otros países del mundo, y que menos
oferta sirve a la demanda. Para beneficiarse de esta medida, los establecimientos
seleccionados se deben dedicar de forma prioritaria a la venta de productos
alimenticios y de aseo, y si lo hacen, tendrán una reducción del precio de
venta entre un 10% y un 15% con relación al precio establecido en el resto de los
establecimientos que vendan productos similares.
La búsqueda de esta “rentabilidad competitiva artificial” de
la red de bodegas y demás, tropieza con una realidad ya existente, y es que un
trabajador por cuenta propia con un negocio en la puerta de su casa en el que
vende alimentos y aseo, que trae habitualmente al país (por medio de las
importaciones no comerciales y viajes periódicos al exterior) viene prestando
un servicio de mayor calidad y más competitivo que el de las bodegas. Además,
mientras que la población no perciba esa ventaja de precio, la medida es
impracticable. La medida parece ir destinada a ir eliminando a los trabajadores
por cuenta propia que tienen sus pequeños negocios comerciales conforme se
limite la vía de la importación no comercial, que se va prorrogando cada seis
meses desde hace años.
Al parecer, la iniciativa prevé incentivos fiscales para los
actores económicos no estatales que participen en el proyecto, a los que se
ofrecerá, además de la posibilidad de vender a precios más bajos, una
bonificación fiscal del 5% del pago del impuesto sobre venta; así como la
exoneración total del pago del impuesto sobre la venta a los actores que
comercialicen de forma mayorista con las entidades seleccionadas del sistema de
comercio Interior. Hay que destacar en este enunciado, la eventual recuperación
del comercio mayorista que había sido borrado de la faz de la economía de la
Isla.
Además, las entidades de comercio que participan en el
acceso al fondo de compras públicas y compren productos a las diferentes formas
de gestión no estatal, también tendrán beneficios, según lo establecido en la
Resolución 160 del Ministerio de Finanzas y Precios. A partir de las
disponibilidades, se autorizará una decisión entre el actor económico y los
factores del territorio para destinar productos a los más necesitados, que
tendrán un destino controlado buscando atender a quienes más lo necesitan.
La tercera propuesta del comercio interior tiene que ver con
la recuperación de la figura del Mercado de Abasto, Resolución 13/2026, destinados
a actuar como lo que eran antes de 1959, espacios mayoristas en los que podrían
realizar sus operaciones personas jurídicas y naturales. La diferencia con aquellos
años es que ahora, esas operaciones comerciales en los mercados de abasto se
podrán realizar tanto en divisa como en pesos cubanos. Un paso más hacia esa
dolarización parcial de la economía de la que se habla en las 176
transformaciones.
Los mercados de abasto se situarán en lugares periféricos,
en las salidas de la ciudad, y contarán con accesos viales adecuados, y en sus
sedes se otorgará prioridad a la comercialización de insumos, materias primas,
alimentos y productos de alta demanda, con una oferta diversificada, adecuada
relación calidad-precio, y reducción de los costos de apropiación de la
logística de la última milla. La somera enumeración de estos productos indica
que la figura del mercado de abasto no ha sido pensada para resolver los problemas
de alimentación de la población, sino para atender otros rubros del comercio,
dirigidos a los productores, de ahí la preceptiva venta en divisas de estos productos.
Además, se sanciona la autorización a los mercados de abasto
de realizar solamente ventas al por mayor, para lo que se definen por el
comercializador lotes o cantidades mínimas para las personas naturales. Los
mercados de abasto incorporarán medidas para incentivar la implementación de
mecanismos de membresía, con facilidades de descuentos en los precios u otros.
Igualmente, podrán emitir facturas en el proceso de venta, asegurar los canales
de pagos electrónicos y emplear el comercio electrónico, incluido el pago desde
el exterior.
Esto no da más de sí. Estas son las primeras transformaciones del comercio en Cuba que han visto la luz, y pertenecientes al eje 19 donde quedan todavía siete medidas que tendrán que ser aprobadas. Con el aprovechamiento del SAF, la red de bodegas y los mercados de abasto no se llega muy lejos promocionando un sector que necesita un cambio total, un giro de 180º para recuperar elementos de consistencia, eficacia, eficiencia y productividad.
Las medidas aprobadas por la ministra solo son golpes de maquillaje barato, en línea
con el resto de las 176 transformaciones. Los cubanos lo saben, y son conscientes de que, con
estos cambios, todo seguirá igual. Alguien debería asumir responsabilidades.
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