Los mercados de barrio: fracaso antes de empezar
Elías Amor Bravo, economista
Cubadebate ha hecho sangre donde más duele. Una de las “transformaciones” estelares del régimen, los llamados “mercados de barrio” no sirven de nada. Ya lo anticipamos en una entrada anterior en este Blog. Ahora se pronuncian en los mismos términos más de cincuenta lectores del diario que respondieron a una encuesta sobre estas nuevas infraestructuras comerciales que acaban de empezar a funcionar.
Entre que la gente se despachó a conciencia, y que algunos comentarios recibidos fueron aderezados por el diario del régimen con una clara intencionalidad, los entrevistados rechazan este nuevo experimento del régimen comunista, y lo culpan, principalmente, de operar con unos precios que no se corresponden con los ingresos de quienes viven de un salario o una pensión.
Y es que en la economía no se puede ir parcheando los problemas
y dando soluciones parciales a situaciones críticas que solo se pueden atender con instrumentos
generales. Los 62 mercados de barrio que ya funcionan son, en cierto modo, una gota de agua en
un océano en el que se necesitan cambios estructurales profundos para que los
productos fluyan sin interferencias de la producción al consumo, como en cualquier
otro país del mundo. Esto que ocurre en Cuba es otra manifestación del bloqueo
interno del régimen a la población y de la incapacidad para resolver la grave
crisis que amenaza al país.
Insisto, 62 mercados de barrio inaugurados en las
provincias de Pinar del Río, Artemisa, La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Sancti
Spíritus, Ciego de Ávila, Camagüey, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y
Guantánamo no representan muestra suficiente para obtener conclusiones de ningún
tipo. Además, 50 entrevistados pueden estar configurando unas respuestas sesgadas
que no se correspondan con la realidad. No obstante, vale la pena prestar
atención a algunos de los resultados obtenidos.
Tal y como era de esperar, casi todos los comentarios giran
en torno a los precios, que al parecer se consideran iguales o incluso
superiores a los de las mipymes cercanas. Como hemos señalado en múltiples ocasiones,
el problema de los precios no es el mercado ni la mipyme, sino las condiciones
de producción que provocan que en la economía cubana los precios mantengan una
tensión alcista, fuera de control por parte de las autoridades. Hasta agosto,
el IPC había aumentado un 28,4% de media, y en el caso de los alimentos, un porcentaje
aún superior. Los mercados y las mipymes se ven obligados a vender a esos
precios, porque en caso contrario, deben cerrar. No hay vuelta de hoja. Si los precios bajasen, no tengan la menor duda, venderían a precios más bajos.
Otros entrevistados se quejan de que los mercados no tengan diferencias
marcadas con su entorno, que los precios sean similares a los mercados vecinos
y que suban al mismo tiempo, que abran con horarios reducidos y los domingos
permanezcan cerrados. Esta sí que es otra mala noticia que indica que la
rentabilidad no está siendo la esperada. Si estos comercios ganaran dinero,
tengan por seguro que estarían abiertos día y noche. La cuestión no es solo dar
servicio a los clientes, sino obtener ganancias. Otras prácticas denunciadas,
como la limitación en la cantidad de productos vendidos a los clientes es una
consecuencia más de la insuficiencia de la producción y la necesidad de
repartir la miseria. Responsable: el régimen.
Y claro, si los precios son elevados, el problema es que los
salarios y pensiones no dan para acceder a los bienes, ni tan siquiera para los
más baratos. Y es aquí donde la prensa oficial formaliza su comentario particular
al señalar que “el sentir de muchos al plantear que un mercado de barrio lo
sería de verdad si sus precios se fijaran en función del ingreso medio del país”.
Doctrina marxista fracasada que si se aplica sería aún peor, porque los precios
de los mercados no tienen por qué relacionarse con los niveles de renta. Esa
selección se realiza de forma natural, como el hecho de que aquellos que
reciben remesas del extranjero pueden realizar compras en tiendas en divisas de
forma regular, aunque sus ingresos en pesos cubanos no lo permitan. Los
análisis apriorísticos rara vez tienen buenos resultados en materia de asuntos
económicos.
Varios lectores se quejan en la encuesta de que, en
ocasiones, el pago por transferencia, anunciado como una de las ventajas, no
siempre funciona. ¿A quién le interesa esta modalidad de pago? ¿Al cliente, al
vendedor? La operación en efectivo es mucho más simple y se facilita incluso en
condiciones de apagón. Son pocos los que consideran que el pago en línea supone
algún tipo de ventaja a la hora de operar en estos mercados. A los cubanos, les
da igual.
Otros lectores, sin indicar cuantos o qué porcentaje,
declaran no conocer ningún mercado de estos en su zona, y se denuncia que en
algunas ocasiones se encuentran cerrados y sin fecha de reapertura. Está claro
que la “transformación” deja mucho que desear en su aplicación y desarrollo. Un
caso que algunos lectores califican como “objeto de improvisación” a estos
mercados, comparándolos con las bodegas que ya existen y que sería más fácil
recuperarlas. Otro lector se preguntó si se cumple la contrapartida acordada,
que según plantean, consiste en vender un 15 % por debajo de los precios
habituales a cambio de beneficios como la exoneración temporal del
arrendamiento.
Ante este aluvión de críticas por el mal funcionamiento de
los mercados, el enfoque de los dirigentes es pedir tiempo porque, a pesar de
todo, se piensa que la experiencia “puede y debe tener futuro” como competencia
a los precios del sector no estatal. Claro,
esto solo se puede cumplir “siempre que se ofrezcan a precios correctos los
productos de producción nacional y se elija a funcionarios con capacidad y
entrega”. La premisa es paradigmática: que los productos nacionales se vendan a
precios correctos. Vale, ¿Quién dice qué precios son correctos? ¿acaso el
planificador comunista local? ¿Dónde queda realmente el juego oferta y demanda?
Lo segundo, funcionarios con capacidad y entrega, es más de lo mismo de
siempre. El comunismo no entiende de motivación, ganancia, ni resultados. Y así
es va.
Para acabar de redondear el ejercicio, la prensa oficial
recoge las propuestas que, supuestamente, proceden de los lectores para
resolver esta situación. Tomen asiento:
1.- Mesas de diálogo en los barrios para acordar
precios de referencia: más problemas para determinar los “precios correctos”.
No hay mesa de diálogo que aventaje al equilibrio oferta y demanda en la fijación
de precios.
2.- Venta directa del productor. Con esto lo que se consigue
es una diferenciación de establecimientos en función de las condiciones de oferta
específicas.
3.- Una canasta básica protegida. Lo mismo de antes,
parcelación del mercado y singularidad de trato no es la solución al problema
general.
4.- Ferias semanales con precios máximos, a ver quién puede
adaptar sus compras a esos ejercicios semanales.
5.- Descuentos para jubilados y trabajadores de bajos
ingresos, ya se ha observado que los vulnerables no se ven beneficiados por
este tipo de subsidios encubiertos.
6.- Listas de precios visibles y compras colectivas. Deberían
ser obligatorios.
7.- Establecer un sistema que pague al productor en el
momento. ¿Qué ventajas tiene este sistema, alternativo a otro que aplace los
pagos?
8.- Las balanzas digitales, por el derecho del cliente a
conocer lo que paga. Absolutamente lógico.
La prensa oficial después de este derrumbe controlado concluye el opúsculo diciendo que “en los comentarios se repite una misma esperanza con los mercados de barrio”, combinando dos vectores en los que se basa esa “esperanza “que nadie se quede sin lo necesario y que el esfuerzo de los trabajadores alcance para vivir con dignidad”. Ciertamente, encomiable.
Que a estas alturas se tenga que
estar pensando en el régimen cubano en fórmulas para garantizar estos dos vectores
sociales que están resueltos en la práctica totalidad de los países del mundo,
no deja de ser un dato curioso. Y más aún que Cubadebate denuncie que el
cuestionario remitido a las autoridades del Ministerio del Comercio Interior
(Mincin) para obtener respuestas a las preguntas e inquietudes planteadas por
los lectores sobre el funcionamiento de los mercados de barrio, no ha sido
respondido. Interesante.
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