El relato del embargo y las sanciones está agotado

Elías Amor Bravo, economista

La versión lacrimógena del régimen comunista de Cuba sobre las sanciones que aplica Estados Unidos ya aburre. Después de construir un relato falso, y mantenerlo vivo en todos los espacios de la prensa oficial del régimen, hay algo que inquieta al castrismo, que es la escasa atención que la opinión pública mundial ofrece a los argumentos del régimen comunista cubano contra Estados Unidos. Esta desatención se ha convertido en un motivo de preocupación. Para los comunistas, desde luego. Basta contemplar el contenido de la prensa oficial para ver que no se habla de otra cosa.

Lo que hemos denominado “relato lastimero de las sanciones” se presenta como el último recurso por parte de aquellos que no asumen que su tiempo ha llegado al fin y que, objetivamente, perdida la financiación de Venezuela para siempre, son incapaces de promover una economía estable y en desarrollo que supere la grave crisis humanitaria a la que han conducido a la nación. Consecuencia, la obsesión por retener el poder, a cualquier precio, conlleva a una grave crisis para la población que el régimen, en su relato alejado de la realidad, atribuye al impacto de las sanciones.

Al parecer, las alarmas del régimen han saltado con motivo de las últimas sanciones contra el Banco Internacional de Comercio S.A. (Bicsa), entidad estatal cubana, que es acusada de prestar servicios al banco iraní Karafarin. No tanto por lo que pueda afectar a esta entidad, sino por todas aquellas que, en las mismas condiciones, reciban un castigo similar de Estados Unidos.

¿Con cuántas entidades iraníes desarrollará sus negocios el régimen y cuál será el importe? Difícil respuesta. Pero hay un dato que se debe conocer antes de proseguir. El comercio entre Cuba e Irán es altamente beneficiario para la Isla, que vende por 11,6 millones de dólares y compra por unos 126 mil dólares. ¿A dónde va ese gigantesco superávit comercial?

Es casi seguro que el proceso de investigación que viene realizando Estados Unidos sobre actividades del régimen que generan inseguridad en el norte, no ha llegado a su fin, y el temor de La Habana es que aparezcan más entidades comprometidas que podrán recibir las pertinentes sanciones. Que Estados Unidos, por medio de estas nuevas medidas, califique a Cuba “como un puesto avanzado para actores malignos y grupos terroristas, incluida la República Islámica de Irán” debe ser un motivo de preocupación para los comunistas cubanos.

A partir de aquí, en vez de abrir puertas y ofrecer transparencia y claridad, el relato del régimen no se agota, sino que se realimenta, y una vez más lanzan duras críticas a las sanciones porque buscan estrangular financieramente a la Isla, y se han intensificado de manera notable. En realidad, las sanciones están diseñadas para afectar de forma directa al grupo de poder económico familiar y militar vinculado al régimen. Al cubano que lucha por conseguir algo que llevar a la comida de su familia, le importa un bledo que este Banco Internacional del Comercio reciba alguna sanción. Es más, no le afecta.

El cerco se va estrechando, eso es cierto, pero se cierne sobre el conglomerado de poder económico al que hemos referido. El régimen aprovecha cualquier oportunidad para generar desinformación, como ocurrió cuando tuvo lugar la eliminación de la autorización a los bancos estadounidenses para procesar pagos en dólares relacionados con Cuba, siempre que el origen y destino estuvieran fuera de Estados Unidos, combinado con la eliminación de la autorización a los bancos de Estados Unidos a abrir y mantener cuentas a nombre de ciudadanos cubanos que operaran como emprendedores privados. Por primera vez en 67 años el régimen castrista defendiendo al sector privado. Increíble. Lo cierto es que, transcurridos más de 15 días de estas medidas, no se han recibido numerosas reclamaciones de afectados.

¿La razón? Porque las sanciones se concentran para afectar las operaciones financieras “indirectas” con entidades cubanas sancionadas, principalmente aquellas vinculadas al conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Gaesa). Cirugía fina. Compleja de investigar, planificar y ejecutar, pero hasta ahora, parece que da resultados por el tipo de comportamientos que se observan en la cúpula del régimen.

Y puestos a destruir el relato del régimen, sería bueno explicar cuál de las sanciones que se han ido aprobando desde junio, ha podido afectar de forma directa al pueblo cubano. Cuando se aprobaron sanciones a cinco entidades estatales cubanas, entre ellas el Banco Financiero Internacional (BFI) y Rafin, el pueblo cubano ni se dio por aludido. Antes, en mayo, la Orden Ejecutiva 14404, ampliaba el marco de sanciones e introdujo medidas secundarias contra empresas extranjeras que mantenían operaciones en sectores estratégicos como energía, minería, defensa y servicios financieros. Las empresas huyeron de la Isla, pero de nuevo, el pueblo cubano quedó al margen de estas actuaciones.

Y ahora, la sanción contra Bicsa se presenta por el régimen como un eslabón más en una cadena de agresiones, pero igualmente su incidencia en la vida cotidiana de los cubanos es nula. El recuento comprende las treinta y cuatro entidades bancarias internacionales que decidieron suspender o negar la realización de operaciones con Cuba por temor a las sanciones secundarias, cancelando cuentas o rechazando transferencias para la compra de alimentos, medicamentos y combustibles. A ver si ese rechazo no viene de la data de impagos del régimen castrista, que ni siquiera paga los honorarios de los abogados que lo defienden en el tribunal de Londres frente a reclamaciones por impagos.

Por otro lado, el régimen quiere salir, como sea, de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo porque según dicen, aumenta la reticencia de entidades internacionales a mantener relaciones con Cuba, por miedo a represalias estadounidenses. Desde el régimen se insiste que, por culpa de las sanciones, la economía cubana ha perdido proveedores tradicionales, que cesaron relaciones comerciales para evitar el riesgo de ser sancionados. Pero la cuestión es que Cuba sigue manteniendo comercio, inversiones, turismo con todos los países del mundo, y no parece que existan impedimentos para ello (ahí están los resultados del comercio con Irán). La denuncia de la imposición de sobretasas de interés como consecuencia de la clasificación de riesgo país aplicada a Cuba, lo que ha reducido drásticamente el acceso a financiamientos vuelve a tener mucho que ver con los impagos del régimen.

El balance de daños que se presenta en el relato del régimen sigue con las plataformas digitales y servicios tecnológicos, registrándose suspensiones de pagos a anfitriones cubanos, interrupción de servicios de correo electrónico a empresas de la Isla y cierre de cuentas de campañas de solidaridad. Y en este recuento, hasta se denuncia que las misiones diplomáticas cubanas enfrentaron graves dificultades con entidades bancarias que tradicionalmente les prestaban servicios, afectando el procesamiento de pagos consulares.

¿De dónde viene tanto ruido? Pues bien, de un lado, de agitar el fantasma del embargo/bloqueo por medio de la referencia a las sanciones. De otro, calentar y preparar el ambiente para la presentación en la ONU a finales de octubre y, por enésima vez, el informe de daños del bloqueo, con datos que nadie sabe cómo Bruno Rodríguez ha podido manipular para justificar lo injustificable. El canciller calificó las sanciones como “una demostración del empeño criminal de aplicar al máximo el castigo colectivo contra el pueblo de Cuba y como un intento de cerrar toda válvula a la economía cubana”. Y preparando el clima para la ONU, advierte que “la comunidad internacional, que año tras año condena el bloqueo en la ONU, tiene ante sí la responsabilidad de exigir el fin de estas medidas coercitivas unilaterales, que violan el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas”. ¿Le harán caso?

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