La formación de directivos en Cuba: un ámbito para reformar

Elías Amor Bravo, economista

Cada día que pasa, y que el régimen insiste una y otra vez en las llamadas “transformaciones”, se confirma que estamos ante una iniciativa poco reflexiva, ajena a las circunstancias concretas de la economía y que lejos de resolver los problemas, los puede agravar mucho más. Mientras tanto, el régimen no pierde una sola ocasión para distribuir su relato. La última ha sido la iniciativa de los dirigentes comunistas para formar cuadros destinados a conducir las “transformaciones”. Pero ¿de verdad creen que las cosas se pueden hacer así y que llegan a tiempo? En absoluto.

Quién se crea estos mensajes, no tiene ni idea de lo que supone la dirección y gestión empresarial, y mucho menos, conoce los contenidos formativos que las escuelas de negocios destinan a sus alumnos. Señores, por favor, un mínimo de seriedad, que la formación empresarial tiene su complejidad y no es para tomársela a la ligera.

Lo digo porque he formado parte durante mi vida profesional de cuadros académicos de algunas escuelas de negocios especializadas en la formación de directivos y profesionales de las empresas, y ni en sueños, se puede creer que un “cursillito de 40 o 50” horas, improvisado y para salir del paso, sirva de nada. Incluso hasta puede resultar inútil para implementar las majaderías comunistas de las llamadas “transformaciones”.

Todo esto viene a cuento de una información divulgada en la prensa castrista con motivo del aniversario 15º de la Escuela Superior de Cuadros del Estado y del Gobierno, un acto político presidido por Marrero y donde se otorgó un reconocimiento, el enésimo, a Díaz Canel. La prensa estatal ha glosado un evento que, en condiciones normales, no tendría el menor interés formativo, pero que, en el momento en que Marrero proclamó la tesis de que “gracias a esta escuela se podrá formar a los directivos encargados de ejecutar las transformaciones”, se trasciende cualquier umbral al ridículo más absoluto y no queda más remedio que poner los puntos sobre las íes.

Pues bien, si esto de formar directivos fuera cierto, lo que me parece bastante improbable, el problema es que, por mucho que lo intenten, no llegan a tiempo para las “transformaciones”, porque el mismo Marrero dijo que algunas “transformaciones” ya estaban siendo aplicadas, y que se podían comprobar “sus efectos beneficiosos”. La formación de directivos exige intensidad y extensión. Intensidad en contenidos teóricos y prácticos, extensión, en el tiempo. Precisamente, el sacrificio que hacen muchos alumnos que participan en los cursos de escuelas de negocios compartiendo la vida profesional con la académica es uno de los retos más importantes del aprendizaje a lo largo de la vida.

¿Saben qué es lo que creo? Que mientras los comunistas, como Marrero, se dedican a la venta política de las “transformaciones”, estas ni provocan los aludidos efectos beneficiosos, y lo que es peor, los directivos que se formen en esta Escuela no van a llegar a tiempo para dirigir nada. Pongan un año, como mínimo de formación a tiempo completo, y nos trasladamos, como mínimo, a finales de octubre del año que viene, que será cuando los alumnos obtengan el título y estén en condiciones de implementar lo aprendido. Surge entonces una duda, ¿Por dónde estarán en ese momento las “transformaciones”? ¿Qué es lo que puede quedar en pie? Lo más probable es que todo acabe como la tarea ordenamiento, que no estuvo ni medio año en vigor. Otro derroche de recursos más del régimen: la formación de cuadros, inoportuna, costosa y de comprometida aplicación práctica.

Pero es que, además, esta Escuela es poco útil para la gestión del día a día, que es lo que necesitan las “transformaciones”, ya que según declaró la directora del centro, están más enfocados con los programas de estudio relacionados con un pensamiento estratégico y de innovación. Mala combinación de competencias para liderar y asumir los retos urgentes de sacar adelante más producción agropecuaria, construir más viviendas, arreglar los apagones o recoger las basuras, que es de lo que se trata.

Tengo la impresión de que esta escuela se encuentra muy posicionada en lo suyo, y no me parece mal, pero esa idea de desarrollar una preparación de cuadros sistemática, gradual y flexible tiene poco que ver, en realidad apenas conecta con lo que se tiene que hacer con las “transformaciones”.

Y puestos a soñar, y a captar inversión extranjera en cualquier reducto de la economía comunista, a Marrero se le ocurrió decir que “ratifica el empeño en dignificar la institución de enseñanza y convertirla en referente nacional e internacional”.

Lo tiene difícil. Por muchos convenios internacionales que acredite esta Escuela, y que mantenga colaboraciones con instituciones de ocho países (por cierto, Marrero, ¿dónde está el bloqueo/embargo para esta Escuela?) los 8.000 cuadros, funcionarios y profesores que han participado en numerosas actividades no han debido otorgar una valoración positiva a la misma, porque la escuela no aparece en los distintos rankings que se elaboran a nivel internacional de este tipo de instituciones.

Digamos que la escuela es conocida por Marrero, y punto. Ah bueno, y por algunos directivos de China, Rusia y Vietnam, que al parecer han sido alumnos de esta escuela. Solo faltaba que hubiera también directivos procedentes de Corea del Norte o de Yemen, que son bastiones internacionales del marxismo leninismo. Lo dicho, con este curricula, más que una escuela de negocios estamos ante un centro de “camilitos”.

La cuestión que parece clara es que, en una Cuba futura, este tipo de instituciones deben existir, pero van a precisar un enfoque nuevo, no sólo para formar a los profesionales y empresarios que necesitará la nueva economía de la nación, sino para ofrecer servicios internacionales ajustados, que atraigan a candidatos procedentes de todo tipo de países del mundo, y no sólo los que se nutren de las doctrinas marxistas leninistas.

Por ello, habrá que revisar en profundidad sus programas, cursos y actividades, y realizar una auditoría e inspección de todos los programas, lo mismo que en otros muchos sectores y entidades. No cabe duda de que estas instituciones son necesarias para acometer la verdadera transformación económica que Cuba necesita, que, en ningún caso, será improvisar de un día para otro. Pero, reconocida esta misión, no se le pueden pedir peras al olmo, y que nadie se crea que con cursitos de 50 horas se va a formar un directivo eficiente y capaz de nada con relación a las “transformaciones”. No hay recetas mágicas. Que no engañen.

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