Cuba: ¿potencia petrolera?
Elías Amor Bravo, economista
La crisis energética en Cuba está dando mucho que hablar,
pero los problemas siguen sin solución. Lo último ha sido la polémica por las
importaciones procedentes de Estados Unidos, que llevó al ministro de Energía y
Minas, Vicente de la O Levy, ha declarar en la prensa oficial que “las
importaciones de combustible del sector privado no cubren las necesidades
energéticas de Cuba”. Se veía venir. De paso aprovechó para aportar una retahíla
de datos del sector y ofrecer una serie de informaciones sueltas sobre su
gestión, enfocada al muy largo plazo, a tenor de sus palabras.
Nadie debe tener la menor duda que al régimen comunista no le
gustan estas operaciones comerciales de combustible protagonizadas por el sector
privado de la Isla, sobre todo, en medio de las restricciones que afectan al
país. Y lo dicen con toda claridad para que a nadie le quede la menor duda.
Según la información de Reuters hasta el mes de julio, las
importaciones de combustible procedentes de Estados Unidos y realizadas por el
sector privado cubano, crecieron de forma espectacular, rompiendo todos los
récords anteriores. Y, sin embargo, el ministro fue obligado a comparecer para
descalificarlas porque “representan una proporción ínfima de las necesidades
energéticas del país y no resuelven las demandas de la generación eléctrica ni
de las principales actividades de la economía estatal” y están destinadas
fundamentalmente a satisfacer las necesidades de los negocios privados. ¿Y eso las desacredita? Vaya, no lo sabíamos.
El ministro dijo que el Estado cubano “no se beneficia en ese tipo de combustible”. Por supuesto, así debe ser, si no lo paga, por qué tiene que meter sus garras en el negocio. Si se mantienen los déficits de generación eléctrica y las limitaciones de combustible el único responsable es el estado comunista al que los mercados internacionales de petróleo dan la espalda por insolvente. De nada sirve el argumento de que el petróleo de las mipymes no se usa para el traslado de medicamentos, insumos y materias primas, así como para la producción y el riego. Ese combustible tiene unos objetivos y para ello se realizan las operaciones.
Pero no contento con ello, el ministro descalificó
como “falsas las cifras de cantidad de combustible que entra al país”, y señaló
que “no tiene nada que ver con las cantidades que se hablan en esas noticias”
al tiempo que acabó señalando que “no llegan al 3% de las necesidades de
combustible que tiene el país”.
Quitando importancia a las entradas de combustible de
Estados Unidos, el ministro dijo que “las importaciones permiten solamente sostener
determinadas actividades del sector privado, entre ellas la paquetería, la
mensajería, los servicios agrícolas, las ferreterías y algunos niveles de
transportación. Aunque la población consume los productos y servicios que
ofrecen esos negocios, no se satisface la mayor parte de las necesidades
energéticas nacionales”.
Y volvió a cargar contra el vecino del norte, al señalar que
“la economía completa y los servicios, la población, todo se ve afectado cuando
faltan los portadores energéticos, porque la energía eléctrica y los
combustibles son transversales a todas las actividades económicas”. Y además,
negó cualquier tipo de negociación o conversaciones con Estados Unidos para flexibilizar
las sanciones, incluida la eventual privatización de la estatal Unión
Cuba-Petróleo (Cupet), y se ajustó al relato del régimen señalando que “la
intención de los Estados Unidos es doblegar al pueblo de Cuba y a la Revolución
Cubana y eso no va a suceder nunca”.
Entonces, y con vistas a ampliar las posibilidades de
abastecimiento, el ministro dijo que recientemente se autorizó la
comercialización mayorista y minorista de combustibles por parte del sector
privado. Una medida que incluye los productos que esos actores económicos
puedan importar y comercializar, y permite acceder a servicentros o invertir en
la creación de estaciones de servicio. Además, la autorización no queda circunscrita
al diésel y la gasolina, sino que incluye el gas licuado, las grasas y los
lubricantes, entre otros productos. La medida forma parte de las 176
Transformaciones y se relaciona con la búsqueda de alternativas para enfrentar
las restricciones de acceso a los portadores energéticos.
¿En qué quedamos? Hay malestar por las importaciones de derivados de petróleo por las mipymes, pero luego se defiende la ampliación de las fuentes de abastecimiento. ¿Qué busca el régimen? ¿Tal vez confiscar ese petróleo privado que no es suyo? En este sentido, el ministro defendió la necesidad de Cuba de incrementar la eficiencia
de sus producciones, ampliar el intercambio internacional, acceder a
financiamiento y desarrollar las fuerzas productivas. “Para eso se necesita
dinero, se necesita recursos, se necesita no tener bloqueo”.
Informó que el sector trabaja en alternativas propias a
partir de los recursos disponibles, entre ellos el viento, el sol, las mareas,
el crudo nacional y el gas producido en el país, pero reconoció que “se trata
de un proceso largo y difícil, condicionado por la falta de recursos materiales
y financieros”. Además, el ministro sostuvo que “se sale adelante poquito a
poco, no a la velocidad que se quisiera. Se mantienen largas horas de apagón,
no hay combustible para cocinar, ni para el transporte”. Los apagones van a
seguir, la cosa va para largo.
Puso como ejemplo la recuperación de determinadas
capacidades de generación eléctrica por medio de la incorporación progresiva de
fuentes renovables. Citó la existencia de un plan para recuperar potencia en
las termoeléctricas y en la generación distribuida, mientras que continúa la
instalación de parques solares fotovoltaicos, de los que ya hay 144 instalados con
una potencia de 1.418 megawatts.
A esa capacidad se suma la incorporación de paneles solares
en viviendas, empresas, fábricas, instalaciones estatales y otras entidades,
que aportan más de 500 megawatts, de acuerdo con las cifras del ministro que
consideró que, sin las inversiones realizadas en parques solares, las
afectaciones al suministro eléctrico serían mayores.
Por otra parte, la producción nacional de crudo también ha
tenido que hacer frente a limitaciones de recursos e insumos porque para
mantener los pozos y garantizar la extracción se requieren tuberías, válvulas,
bombas, equipamiento de superficie y medios de transporte, entre otros
elementos. El ministro dijo que la producción de petróleo se mantiene y que
casi la totalidad del crudo nacional se consume en las termoeléctricas y destacó
que se han conseguido avances en el refinado del crudo nacional, aunque los
resultados todavía están lejos de cubrir las necesidades nacionales.
Y así, mientras el ministro iba desglosando indicadores de
su gestión, centró sus explicaciones en la actualización de la legislación
petrolera por el régimen para incrementar la producción en el país y, que,
además, va a entrar en vigor de forma inmediata. Una vez más, el régimen confiando
en exceso en que la economía puede funcionar con disposiciones publicadas en la
Gaceta oficial. Mal asunto.
El Decreto Ley 135 de Petróleo y Gas y su Reglamento, el
Decreto 184, tiene el objetivo de incrementar progresivamente los niveles de
producción y reservas de petróleo crudo y gas natural, cubrir la demanda de
combustible del país, así como acompañar la transición energética hacia la
soberanía. Esta norma aumenta la participación de nuevos actores y formas de gestión en toda la
cadena de valor del sector: desde la exploración y extracción de petróleo hasta
la comercialización, incluyendo la refinación, el almacenamiento y el
transporte.
Pedro Abigantus, director de Inversiones y Negocios de
petróleo y gas del Ministerio de Energía y Minas señaló “el control estatal
sobre un recurso estratégico no renovable y propiedad de todo el pueblo, en
correspondencia con algunos artículos de la Constitución, que establecen que
los yacimientos y recursos naturales del subsuelo y de la zona económica
exclusiva son de propiedad socialista de todo el pueblo”.
Un aspecto novedoso del Decreto-Ley es que amplía la
participación en las actividades petroleras con nuevos actores y formas de
gestión, una fórmula que el régimen viene aplicando en todos los sectores como medio
a la desesperada por aumentar la producción. En particular, se ratifica y
amplía la apertura a la inversión extranjera en la industria petrolera. En esencia,
la búsqueda de divisas con las modalidades de contrato de producción
compartida, concesión petrolera, contrato de servicios petroleros, entre otras.
El Contrato de Producción Compartida para la exploración,
desarrollo y explotación del petróleo y el gas, obliga a las partes a asumir
los riesgos técnicos y financieros, en correspondencia con los términos y
condiciones pactados. Además, puede incluir actividades para el incremento de
la producción, recuperación secundaria y mejorada, según proceda, en el área
requerida, y también se tendrán en cuenta intereses nacionales en materia de
defensa y seguridad nacional.
Por medio de la Concesión Petrolera se otorga el derecho de
realizar, por cuenta y riesgo del concesionario, las actividades de exploración
y explotación de los yacimientos de combustible, o una de ellas, en el área
geográficamente determinada.
El Contrato de Servicios Petroleros se concierta entre
entidades que ejecutan actividades petroleras con sujetos que realizan trabajos
especializados, a cambio de una remuneración pactada.
La legislación también contempla la apertura de la actividad
a personas naturales y jurídicas nacionales, incluidas las mipyme, las empresas
privadas con más de 100 trabajadores y los trabajadores por cuenta propia,
sujetos a las regulaciones específicas para estos actores.
Con respecto a la infraestructura del sector –refinerías,
bases de almacenamiento, terminales y grandes instalaciones–, Irenaldo Pérez,
director adjunto de Cupet, insistió en que son recursos estratégicos en los que
“el Gobierno mantiene un control firme, pero ello no implica que estas
instalaciones estén cerradas a la negociación con la empresa privada, nacional
o extranjera».
En ese sentido, “las condiciones a negociarse van a depender
del capital que se pueda aportar y de los términos bajo los cuales se negocia,
porque son infraestructuras que están en disposición de poder gestionar toda la
cadena de valor, que indiscutiblemente es abierta”.
Los dirigentes reconocieron que la atracción de la inversión
extranjera se ve comprometida por las sanciones. Pero confían que “la claridad
de las modalidades de participación, la ampliación de los sujetos que pueden
intervenir en la cadena de valor y la seguridad jurídica, contribuyan a atraer
la inversión necesaria para desarrollar la industria”.
El Decreto Ley 135 se complementa con el Decreto 184/2026, estableciendo
el Reglamento para su aplicación.
Entre los elementos más relevantes del Reglamento destaca la
simplificación del proceso de acreditación de compañías, que ahora se organiza
en tres categorías: A, para operaciones en aguas profundas con tirantes
superiores a 300 metros; B, para aguas someras de hasta 300 metros; y C, para
áreas terrestres. Las compañías acreditadas en una categoría superior pueden
operar en las inferiores. El capital de trabajo exigido se redujo de 20 a 5
millones de dólares, y la evaluación financiera se ajusta al tipo y envergadura
del negocio que se pretende desarrollar.
El Reglamento también detalla el régimen fiscal aplicable a
los contratos de producción compartida y a las concesiones petroleras, con
porcentajes de recuperación de gastos que pueden alcanzar hasta el 65% de la
producción bruta en yacimientos terrestres y aguas someras, y hasta el 75% en
aguas profundas. Incentivos que no existen en otras actividades productivas. Para
las concesiones se establecen cánones de superficie y regalías diferenciadas
por tipo de recurso y zona de extracción, con ajustes variables en función de
los precios internacionales y los niveles de producción, pero la propiedad
privada sigue sin manifestarse en estas fórmulas petroleras.
La norma regula los requisitos de seguridad industrial,
protección ambiental y salud ocupacional, y tipifica las contravenciones en
materia de exploración y explotación, con multas que oscilan entre 10 y 200
pesos cubanos para personas naturales y entre 50 y 1.000 pesos para personas
jurídicas, según la gravedad del daño provocado o potencial.
El ministro dijo también que la transición hacia la
movilidad eléctrica constituye otra de las líneas de trabajo del sector
energético. A tal fin, Cuba desarrolla estaciones de carga para vehículos
eléctricos, conocidas popularmente como solineras, de las que ya existen 44
estaciones de este tipo en el país. En Cuba circula más de un millón de motos y
triciclos eléctricos, pero reconoció que estos medios no sustituyen las
prestaciones de los grandes ómnibus climatizados ni permiten cubrir todas las
necesidades de las rutas de larga distancia, aun cuando representan una
alternativa ante las limitaciones de combustible.
El ministro se refirió también a la instalación de sistemas
de generación renovable en instituciones de salud y otros servicios básicos,
entre las prioridades del programa de transición energética. Todos los
policlínicos del país disponen de alguna potencia instalada a partir de fuentes
renovables, suficiente para sostener servicios básicos como la iluminación, la
ventilación y la refrigeración de medicamentos que requieren condiciones
específicas de conservación. Se avanza también en el aumento de la potencia
instalada en esas instituciones y en los hospitales, cuyas necesidades
energéticas son mayores.
El programa comprende, además, los hogares maternos, los
hogares de ancianos y las funerarias, así como oficinas de trámites y
dependencias del sistema bancario. En el caso de las funerarias, las
instalaciones de energía renovable permiten garantizar condiciones básicas de
iluminación y ventilación, incluso cuando existen afectaciones del servicio
eléctrico. La protección de estos servicios se mantiene como una prioridad en
medio de las restricciones energéticas.
Lo expuesto permite constatar que hay bastante de desorientación en la gestión de la política energética del régimen. Se mezclan tantos frentes, todos ellos tan diversos, que abarcar el conjunto con una cierta visión estratégica no hace más que complicar la situación. Por un lado, se aspira a que los actores privados participen en el sector, pero no se valora positivamente que importen derivados de Estados Unidos. Se mantiene el control energético, pero se quiere atraer la inversión extranjera. La potencia renovable apenas alcanza cifras insostenibles que impiden modificar la matriz energética. Y la solución a los problemas se traslada a un futuro desconocido. Mal asunto.
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