El "embargo/bloqueo" y el trabajo por cuenta propia

Elías Amor Bravo economista

Estos días se están diciendo cosas sorprendentes con respecto al embargo/bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. De todas ellas la que más llama la atención es la estimación de las pérdidas que calculan las autoridades por el efecto del bloqueo en la economía cubana. Ni más ni menos que entre abril de 2019 y diciembre de 2020, 9.157 millones de dólares. La cifra es tan detallada, casi al milímetro, que alguien debería explicar cómo se ha calculado. No tendría que ser difícil, se está hablando de casi el 10% del PIB de la economía cubana en un año. Sorprendente.

Si se analiza la distribución del PIB de la economía cubana en 2019 (anuario de ONEI) se observa que el “valor” del embargo/bloqueo se convierte, así sin más, en uno de los principales capítulos de la economía, tan solo superando por la Salud pública (10.508 millones) y el Comercio (10.249 millones). A continuación vendría el “sector” del embargo con la cifra estimada por las autoridades, muy por delante de Transporte y comunicaciones (6.197 millones) o toda la Industria manufacturera (6.080 millones). Por citar un solo caso, la Agricultura, ganadería y silvicultura, que solo genera una producción de 1.873 millones.

El “embargo/bloqueo” aparece así como un sector muy potente de la economía cubana. Y de ahí que el régimen esté obsesionado con la idea de que afecta a toda la economía, y por ello, hace unos días, dedicaron una mesa redonda a analizar el impacto del bloqueo en los trabajadores por cuenta propia, que es precisamente, uno de los que reciben la máxima protección por parte de los impulsores del embargo.

Y claro, cuando se juega con la demagogia y la desinformación, cualquier cosa sirve. Por ello, fue muy fácil hablar en la Mesa redonda sobre cosas que en realidad no dependen del embargo/bloqueo, sino de las circunstancias del entorno.

De modo que se identificaron cinco áreas fundamentales que afectan desde el embargo/bloqueo al sector privado. 

La primera de ella es la de los viajes.

Cierto que el bloqueo acordó reducir el número de aeropuertos entre los dos países, pero el descenso real de los viajes tuvo su origen en la pandemia del COVID-19 que obligó a los países a paralizar el transporte aéreo internacional. Un fenómeno que no solo afectó a Cuba, sino también a las principales potencias turísticas del mundo, e incluso a otros destinos competitivos del Caribe.  Lo que ha ocurrido después es que mientras otros países han hecho todo tipo de esfuerzos para combatir la pandemia, abriendo poco a poco los espacios para la actividad económica, Cuba cada vez está dando peores datos y ello, frena a los viajeros y retrasa la recuperación del turismo.

Nada que ver con el embargo/bloqueo, sino con la responsabilidad de las autoridades para superar la enfermedad. Todo los negocios que se desarrollaron para dar servicio a los flujos de turismo está pasando una etapa negativa, no solo en Cuba, sino en el resto del mundo, y las pérdidas son millonarias. Pero igualmente, el turismo se recuperará con intensidad en cuanto la pandemia quede atrás, y para ello hay que prepararse y adoptar medidas correctas. Y eso, las autoridades cubanas no lo están haciendo. Que no engañen con el bloqueo.

La segunda área es la banca. Se afirma que está afectada por el embargo/bloqueo, lo que ocurre es que en Cuba, donde los bancos son oficinas estatales, el trabajo por cuenta propia es inexistente en este sector. Por lo tanto, se ha producido una introducción interesada de este sector para abordar supuestas dificultades de los agentes privados para usar los servicios bancarios. Dicen que por el hecho de ser cubano si alguien acude a una sucursal bancaria en el exterior y desea hacer una operación todo es un problema, desde el propio momento en que desea abrirse la cuenta hasta la hora de concretar esta trasferencia.

No sé de dónde han sacado esta afirmación, porque yo hago todas las operaciones que quiero con mi cuenta en un banco español, incluso pagar transferencias. Además, Estados Unidos ha insistido en numerosas ocasiones en dejar fuera de las prohibiciones a los trabajadores por cuenta propia. Lo que el régimen comunista tiene que intentar comprender es la desconfianza general que existe entre los cubanos hacia el sistema bancario estatal. Medidas como l prohibición de depósitos en dólares alejan a los cubanos más de los bancos que el embargo/bloqueo. Que se lo hagan mirar.

Decir que las remesas han sido una de las grandes víctimas del embargo, pero es otra mentira de patas tan cortas que se atrapa enseguida.  

Las remesas siguen llegando a Cuba, realmente es la fuente principal y casi única de divisas que llegan al país, a pesar de las prohibiciones y las exigencias que impone el régimen como que se tienen que hacer por transferencia y a través de Fincimex y Ais, cuando hay media docena más de entidades prestadoras de estos servicios que no dependen del ejército o la seguridad del estado, y que sin embargo, no están autorizadas en Cuba para dar los servicios. Además, si tanto se quiere apoyar al trabajador por cuenta propia, que autoricen el ejercicio de la actividad privada de remesas, y ya verán. Las remesas que llegan a Cuba están absolutamente controladas por el gobierno y no sirven para sus fines (las bóvedas llenas de billetes que no se pueden usar a nivel internacional describen el guion de una ópera bufa que solo se cree el régimen).

La cuarta área afectada son las importaciones y las exportaciones que se encuentran limitadas por el bloqueo. 

Y aquí hay que decir lo mismo, faltan a la verdad. El comercio mundial se ha visto afectado por la pandemia, y las producciones han ido recuperando su mercado conforme las economías se iban activando. De hecho, hay demanda mundial de productos mineros, por ejemplo, que está beneficiando al comercio exterior de estos productos por parte de Cuba, y nadie dice nada. A los trabajadores por cuenta propia lo que de verdad les limita a realizar sus operaciones comerciales con el exterior es el modelo Malmierca, que les obliga a contar con un intermediario estatal que no solo “vigila y controla” la operación con los extranjeros, sino que además, se queda con una comisión por no hacer nada. Si suprimen este modelo, se darán cuenta de qué rápido podría aumentar el comercio exterior.

Y por último, y no por ello menos importante, el impacto del Título III de la Ley Helms-Burton sobre las inversiones extranjeras. 

Esto es cierto, pero hay que señalar que obedece a razones que es preciso reivindicar con respecto al respeto que debe existir al marco jurídico de los derechos de propiedad que fue alterado por el mismo régimen que existe en La Habana, y por el que debe responder en los tribunales. Las escasas sanciones que los tribunales han venido aplicando hasta ahora, por desgracia, sirven para que los potenciales inversores en Cuba sepan que existen propietarios de activos que, en su día, fueron confiscados por el régimen y que, en definitiva, son los titulares de unos derechos que nunca han prescrito. 

Por lo tanto, habrá que prepararse para las compensaciones que, tarde o temprano, llegarán. Pero una vez más, el régimen miente ya que si los inversores extranjeros no realizan operaciones con los trabajadores por cuenta propia no es por culpa de la Ley Helms Burton, sino porque el régimen impide que se canalicen inversiones a los privados. Un ejemplo más del bloqueo interno, del que nadie suele hablar.

Conclusión. Los emprendedores privados deben saber que sus habitaciones vacías no se deben al embargo/bloqueo, sino a una muy deficiente política turística del gobierno que otorga la máxima prioridad a los hoteles de playa de los paquetes turísticos con que viajan los turistas. Si alguien en Madrid quiere pasar una semana en Cuba en habitaciones privadas, no encuentra a quien recurrir. Las agencias venden lujosos paquetes en los resorts de la costa. Este es el embargo/bloqueo interno que limita a los emprendedores cubanos a llenar sus pequeños alojamientos. Si no se incorporan a la oferta turística, ya saben a quién tienen que quejarse.

Lo mismo cabe indicar a los productores independientes del sector de las nuevas tecnologías y desarrollo de productos informáticos. Su problema es el modelo Malmierca que impone el régimen para las relaciones comerciales con el exterior, y el escaso papel que desempeñan las entidades intermedias estatales, salvo cobrar su comisión en plazo y forma. Ir a buscar clientes a Estados Unidos para estos servicios puede ser una buena idea, pero considero que está mal enfocada, y que existen mercados mucho más adecuados en tamaño, necesidades y volumen de negocio en el mismo Caribe, para este sector a la hora de proyectar sus actividades. Si en Estados Unidos no salen contratos, pues no pasa nada, y se buscan en otros mercados. Esto resolvería los problemas de pago, las transacciones y las cifras de negocio. Recomendación, prueben con España, donde pueden colocar sus diseños y al mismo tiempo, comprar tecnología española, sin problema alguno.

El problema es que mucha gente pensaba que Biden iba a dar un cambio drástico a la situación y no se ha producido. Y saben que si se dedican a atacar de forma despiadada a la nueva administración presidencial, el maná de los 9.157 millones puede desaparecer para siempre. ¿Qué deberían hacer? La solución está al alcance de la mano: dedicarse a trabajar y producir para conseguir ese valor añadido con los sectores productivos de la economía cubana. ¿Es posible? Por supuesto. Pero no con el modelo social comunista que limita las capacidades productivas de la nación? Otro modelo es posible y necesario. En vez de esperar la limosna y atacar a quién no la da, hay que producir y generar riqueza y empleo que son las claves del bienestar de las naciones.


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