La "pista falsa" del IDH en Cuba: negar la realidad no va a ningún sitio

Elías Amor Bravo economista

Los economistas utilizan distintos indicadores para el análisis de las economías. La mejora de la calidad de la información estadística que sirve de base, el desarrollo de los modelos econométricos de previsión, el auge del big data con las nuevas tecnologías y sus múltiples aplicaciones y el avance de las teorías que sirven de base para el análisis estadístico, han permitido un desarrollo sin precedentes de los datos e informes económicos, lo que resulta fácil de contrastar comparando publicaciones de organismos oficiales en distintos momentos del tiempo.

Los gobiernos se han empleado a fondo en la mejora de la información estadística porque en ello se juegan mucho, en términos de credibilidad y confianza en los mercados internacionales. Conforme ha ido avanzando la globalización en nuestro tiempo, ese contraste, vía algoritmos entre las economías, que realizan los inversores internacionales, exige contar con información estadística de calidad contrastable, y por ello, se han dedicado recursos económicos y humanos a la mejora de la información cuantitativa y cualitativa sobre el desempeño de las políticas públicas.

Este proceso de auge de la información estadística se ha dirigido a definir de la forma más exacta posible el agregado principal y representativo de las economías, que es el Producto Interior Bruto, PIB, como corriente de bienes y servicios producidos en un país durante un período de tiempo dado, que suele ser el año natural. Este indicador ha exigido convenios internacionales para acordar la valoración, en precios corrientes y constantes, de los bienes producidos en cada país y evitar así que los cálculos se distorsionen.

También se han establecido acuerdos sobre la composición de la cesta de bienes producidos en el país, con respecto a los ingresos obtenidos en el exterior por los nacionales, o los obtenidos por los extranjeros en el país. Se han fijado acuerdos para definir y valorar el capital empleado en la producción, su amortización (sobre todo cuando se trata de nuevas tecnologías) y, en suma, toda una serie de elementos que ayudan a mejorar el cálculo del indicador principal de las economías.

La guinda ha venido de la apuesta por la estimación trimestral del PIB lo que ha permitido identificar los cambios de coyuntura a corto plazo, y, además, se han acelerado los plazos para la publicación de los datos, de modo que así se corrigen los desfases y retrasos asociados a la utilización de la variable en los modelos. La utilización del PIB en valores corrientes, constantes, per cápita o en poder de compra se ha extendido a nivel internacional y no existen informes de prestigio que no recurran al indicador para comparar entre los distintos países.

De modo que justo en el momento en que más esfuerzos se han hecho para apostar por el PIB como indicador representativo del desempeño económico, ha habido autores y también países que han mostrado su oposición a ser sometidos a un escrutinio internacional con base en el PIB numérico como referencia. Y de esta oposición, han surgido indicadores sintéticos de desempeño económico, como el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, IDH para ofrecer una definición alternativa de los países a efectos de comparación. Este Índice, uno más de los muchos que existen, se viene elaborando desde 1990, y con sus resultados ordena a un total de 189 países en 4 niveles, a partir de los valores alcanzados por una serie de variables, como la esperanza de vida, la educación e indicadores de renta per cápita per cápita. Los economistas no dan crédito a los resultados.

La comparación ordinal de los países según su PIB, PIB per cápita o cualquier otra definición, no produce los mismos resultados que con el IDH. Un buen ejemplo es Cuba, que ocupa un puesto elevado en este último, pero se sitúa entre los más bajos en términos de su PIB. En general, conviene señalar una mayor coincidencia entre los dos indicadores ya que los países han hecho esfuerzos por mejorar la información de basse, pero Cuba aparece ante el mundo como un caso único.

Y en este contexto es como se debe situar la apuesta del régimen comunista cubano para dedicar la portada de Granma, en su edición de hoy, al valor alcanzado por la Isla en la estimación del IDH de este año. En momentos difíciles, con la economía real colapsada, sin poder afrontar los pagos de la deuda externa y con el déficit estatal por encima del 20% del PIB, no es extraño que en el régimen hayan celebrado una fiesta con el “regalito” de Naciones Unidas. Y, además, recurriendo a la eterna propaganda, se han dado el lujo de relacionar el dato del IDH con lo que denominan “movilización de la creatividad territorial y el uso del conocimiento, la ciencia y la innovación, ajustado a las necesidades propias de ese ámbito y con una visión intersectorial e transdisciplinaria”. Ni más ni menos.

Díaz Canel ha aprovechado el dato para señalar al desarrollo local, como la “política pública de importancia estratégica”, que alcanzará mayor relevancia en cuanto se reconozca la autonomía y personalidad jurídica a los municipios y provincias prevista en la constitución comunista. Según su criterio las normas jurídicas que se han aprobado recientemente para “impulsar el desarrollo territorial y conducir, sin tantos escollos burocráticos, tanto el financiamiento como los procedimientos bancarios, presupuestarios y de precios, para la gestión de los proyectos locales” también han sido un éxito.

¿Y cómo se justifica ese éxito? Pues ni más ni menos que celebrando por todo lo alto que “han sido 29 municipios cubanos los que han alcanzado la categoría de IDH muy alto, según el Informe elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en coordinación con el Centro de Investigaciones de la Economía Mundial y la participación de varias instituciones cubanas”.

Los resultados se presentan en el documento titulado “Ascenso a la raíz. La perspectiva local del Desarrollo Humano en Cuba 2019”, que, además, señala, que el IDH se considera alto en 51 municipios; medio en 75 y bajo solo en 13. En tanto, ninguna provincia, como cálculo general, presenta un IDH bajo, mientras que La Habana, Villa Clara, Matanzas y Pinar del Río obtienen los mejores resultados. Como ocurre siempre con el manejo de datos, existen dudas objetivas sobre la capacidad del IDH para dar representación a unidades territoriales inferiores al ámbito de la nación.

Una cuestión técnica. Aplicar el indicador a los municipios, como se ha hecho en Cuba, y obtener esas discrepancias que han salido en el informe, no solo es una cuestión de rigor y credibilidad, sino que en caso de que fuera cierto, estaría indicando una serie de irregularidades con esas desigualdades que, en principio, no deberían existir toda vez que la unidad nacional debe servir para contrarrestar dichas diferencias mediante políticas públicas eficaces.

Conclusión: Díaz Canel defiende, al igual que el documento citado de Naciones Unidas, que “a pesar de los obstáculos que encierra el contexto actual Cuba ha puesto su potencial de desarrollo humano y los escasos recursos económicos en función del enfrentamiento a la pandemia, tanto a escala local y nacional como a escala global, desde la colaboración internacional”. No me dirán que no es un magnífico preámbulo para el documento a presentar dentro de unos días sobre los daños causados por el embargo/bloqueo.

Este documento, por otra parte, le da la razón asombrosamente a Díaz Canel en la apuesta de su gobierno por el desarrollo local, cuando se concluye que existen “oportunidades para los decisores de políticas y estructuras de los gobiernos territoriales en aras de avanzar con mayor autonomía y competencias”.

Se tiene la sensación de que el informe de marras ha sido redactado por un agente del régimen cubano que trabaja en Naciones Unidas. No cabe otra explicación. La misma fotografía que acompaña la información publicada en Granma muestra un país con sus edificios derruidos, en un estado lamentable que indica la desatención del régimen a la vivienda. Claro es que la vivienda no entra en el cálculo del IDH. Por cierto, apenas se ven autos circulando por las calles, o signos visibles de actividad económica, como comercios, es evidente que el PIB no sale.

Hay que tener mucho cuidado con la manipulación interesada de los datos estadísticos. Por suerte, el IDH no entra en los algoritmos de los inversores internacionales. Hacen bien los analistas, la experiencia de Cuba confirma que este indicador no sirve. Todo menos atender el problema de la comida, que es lo que preocupa a los cubanos. El IDH no le interesa a nadie, solo a Díaz Canel y a Granma para seguir ocultando la realidad que no saben cómo resolver. Allá ellos.

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