Adiós bancarización, adiós
Elías Amor Bravo, economista
Los cubanos no se fían de los bancos del estado y han obligado al régimen a dar marcha atrás en el llamado proceso de bancarización iniciado hace mes. Ni operaciones con las cuentas corrientes, ni transferencias. Los cubanos quieren tener dinero en efectivo para realizar sus pagos y el régimen, muy en contra de sus intereses de promover el uso de la banca electrónica para todo, ha tenido que dar marcha atrás. Y lo ha hecho el Banco Central de Cuba, BCC, anunciando una serie de medidas
para mejorar el acceso al efectivo y fortalecer los pagos digitales. Hasta aquí
llegan las contradicciones o las dos caras de una moneda en la que, al menos de
momento, la primera, el acceso al efectivo, es la que ha salido todas las
veces.
La razón es obvia. Los cubanos no tienen confianza en la operatoria de los bancos, y
hacen bien. La banca es una actividad que solo tiene sentido en el ámbito de
una economía en la que existen y se respetan los derechos de propiedad y el
mercado funge como institución para asignar los recursos. En la economía
cubana, es bien conocido que los bancos actúan como agentes al servicio del gobierno, que ni ayudan a
fortalecer la circulación monetaria, ni a incentivar los pagos digitales, ni a facilitar
el acceso a los servicios financieros. Pretender ahora que hagan lo que nunca
han hecho, es chico pleito.
Pero aquí está el BCC, y teniendo en cuenta las dificultades
de la población para acceder al efectivo y las tensiones que ello ha generado en
el sistema bancario, ha anunciado un conjunto de medidas destinadas a
conseguir estos objetivos. Otra cosa es que lo consigan. Optimista al respecto
se mostró la ministra presidenta del BCC, Juana Lilia Delgado Portal, la misma que ha propuesto que las pensiones de los jubilados las paguen los comercios y los trabajadores por cuenta propia, al destacar que “la falta de efectivo es una
consecuencia de varios elementos que son propios de la situación que vive la
economía”. El más importante de todos, el déficit público, que supone un motor
de inyección de efectivo en la economía a través de la actuación del sector
presupuestado.
La presidenta del BCC fue clara al reconocer el fracaso de la
bancarización, al señalar que “aunque más del 80% de los salarios y las
pensiones se pagan mediante tarjetas bancarias, el aumento sostenido de las
extracciones de efectivo ha modificado la dinámica para la cual el sistema
financiero se venía preparando, centrada en la expansión gradual de los pagos
electrónicos”. Lo dicho, los cubanos han tumbado el invento al régimen.
Entonces, y con el ánimo inflacionario y perverso de "acomodar la actividad financiera al
comportamiento de la población", la presidenta anunció la definitiva incorporación a la
circulación de billetes de 2.000 y 5.000 pesos, los cuales ya comenzaron a
distribuirse en las sucursales bancarias del país, una medida que se venía anunciando desde hace tiempo, porque, gracias a ellas sería posible “agilizar
las operaciones en las cajas bancarias, reducir los costos asociados al manejo
del efectivo y mejorar la atención a la población, con prioridad para el pago
de salarios y jubilaciones”. Se equivoca.
Al mismo tiempo, anunció que “se crearán nuevas facilidades
para incentivar el retorno del efectivo al sistema bancario; entre ellas, una
mayor flexibilidad para que los actores económicos realicen depósitos y,
posteriormente, puedan extraer efectivo de acuerdo con programas coordinados
con las instituciones financieras”. A ver como lo consiguen si las transacciones que se pagan en efectivo precisamente lo hacen de este modo para escapar del control bancario.
De igual forma, dijo que “se fortalecerán los vínculos entre
los bancos y los principales actores mayoristas, con el propósito de favorecer
que las cadenas de suministro funcionen cada vez más mediante pagos digitales,
reduciendo así la necesidad de operar en efectivo”. Habrá que ver de qué mayoristas habla la presidenta del BCC cuando se sabe que esta figura sigue proscrita dentro del sistema económico cubano.
Otra de las medidas contempla “la disminución de las
comisiones aplicadas a los comercios que utilicen el servicio de pago en línea
y a ello se suma la incorporación de estos establecimientos al sistema de
bonificaciones, incentivo que hasta ahora beneficiaba únicamente a los consumidores”. Incentivos que ya han sido probados y tampoco dan resultados.
Asimismo, se anunció “la suspensión del límite para los
pagos en efectivo establecido anteriormente por la Resolución 111, mediante la
entrada en vigor de la Resolución 74 del Banco Central de Cuba publicada este
viernes, con el propósito de ofrecer mayor flexibilidad mientras continúan
fortaleciéndose las condiciones para ampliar el uso de los canales electrónicos”.
Dentro de esta panoplia de medidas, uno de los anuncios de
mayor impacto es el que pretende que los comercio o los TCP paguen las pensiones de los jubilados, que forman uno de los grupos más afectados por las
dificultades para acceder al efectivo. La presidenta destacó que se quiere
evitar que las personas mayores hagan colas por largas horas en las sucursales y señaló al respecto que "para nosotros es realmente uno de los problemas más difíciles que estamos
enfrentando". Y entonces, en vez de centrarse en resolver el problema interno global de la economía, la
presidenta insistió que “el Banco Central, en coordinación con los gobiernos
locales y los actores económicos, impulsa un mecanismo mediante el cual
comercios estatales y no estatales podrán asumir, de forma voluntaria, el pago
en efectivo de las jubilaciones a personas residentes en su entorno”.
Se piensa que por medio de esta iniciativa “los jubilados cobrarán sus
pensiones en establecimientos cercanos a sus viviendas, reduciendo los
desplazamientos y la concentración de personas en las sucursales bancarias”. Se
pretende que “los comercios participantes actúen como agentes bancarios
mediante contratos de Caja Extra y para ello se desarrolló una plataforma
digital que facilita la formalización de los convenios, el registro de los
jubilados beneficiados y el control de las operaciones”. Aunque esta modalidad
ya funciona en varios municipios del país, continuará extendiéndose de manera
gradual con el apoyo de los gobiernos territoriales. Ya veremos cuando los jubilados acudan a cobrar y la Caja Extra no tenga más fondos, y no sepan decirles cuándo llegarán.
Y más incentivos para nada porque “los establecimientos que participen en esta
modalidad recibirán la comisión correspondiente por la prestación del servicio,
mientras que los jubilados podrán acogerse al nuevo mecanismo o continuar
cobrando sus pensiones en las sucursales bancarias, si así lo prefieren”.
En otro ámbito, y quizás tratando de salvar los restos del naufragio de la bancarización, la presidenta anuncio que “con el propósito de favorecer el empleo de los canales electrónicos, el Banco Central incrementará los umbrales para las operaciones bancarias establecidos desde hace algunos años. De modo que el nuevo límite se fija en 2.500.000 pesos mensuales por cliente, cifra que sustituye los montos vigentes de 80.000 diarios y 120.000 mensual y responde al actual contexto económico e inflacionario”.
Con esta
medida se quiere promover que las personas vayan al pago digital. El incremento de esos límites permitirá a personas
naturales y jurídicas efectuar operaciones de mayor cuantía mediante los
canales electrónicos, sin necesidad de realizar trámites adicionales que hasta
ahora resultaban frecuentes. Lo único que va a conseguir la presidenta del BCC es lo que ya está apareciendo, un mercado en efectivo vinculado a los pagos digitales, con la aplicación de elevados descuentos por la disposición de los fondos.
Entre las acciones previstas también figura “la creación de
incentivos para favorecer el depósito de efectivo en las instituciones
financieras y facilitar posteriormente su extracción, en correspondencia con
las necesidades de los actores económicos”. Al mismo tiempo, “el sistema
bancario avanza en el perfeccionamiento de sus plataformas tecnológicas y la
interoperabilidad de los servicios digitales para implementar próximamente
nuevos servicios; además del fortalecimiento de la infraestructura energética
de las sucursales mediante la instalación de sistemas fotovoltaicos, con el
propósito de garantizar una mayor estabilidad en la prestación de los servicios”.
Delgado Portal reiteró que las medidas anunciadas persiguen fortalecer el sistema financiero nacional, incrementar la disponibilidad operacional del efectivo y avanzar en la transformación digital de los servicios bancarios. Y con esa bicefalia característica de estos tiempos, concluyó diciendo que "no estamos planteando eliminar los pagos en efectivo. Lo que sí queremos es dar todas las facilidades para que se prioricen los pagos digitales". Lo dicho, el BCC creando mercados informales. No está mal.
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