En respuesta a Cubadebate sobre el proceso inflacionario en Cuba
Elías Amor Bravo, economista
Cuidado, que puede llegar a ser mucho peor. Un artículo publicado
este 24 de octubre, en Cubadebate, sin firma, pero mostrando su autor
un conocimiento profesional competente sobre el funcionamiento de la economía, titulado
“Sobre el actual proceso inflacionario y las regulaciones estatales de precios”,
concluye diciendo algo que es importante, “combatir la inflación, y en un
sentido similar, alcanzar un escenario de mayor prosperidad material para todas
las familias cubanas no será el resultado de medidas administrativas de corto
plazo, ni de un impulso de supervisión de unos pocos meses, sino de la
capacidad real de implementar las transformaciones económicas aprobadas, y que
estas, aun en un contexto internacional tan hostil, sean capaces de revertir el
declive de la actividad productiva en el país, y con ello dar sustento material
a los salarios, pensiones e ingresos de las familias cubanas”.
Increíble. Que se atribuya a las “transformaciones” la
solución al grave problema de inflación que arrastra la economía cubana es no
saber, no querer, no entender ni una letra de lo que está pasando y de lo que
puede pasar. Por ello, conviene revisar el contenido del artículo de Cubadebate,
y plantear algunas observaciones en esta entrada del Blog.
La Economía, como Ciencia, ha desarrollado una extensa literatura
científica que más tarde ha devenido en programas de política económica para
luchar contra el acelerado aumento de precios que provoca una inflación descontrolada
sobre los comportamientos de los agentes económicos.
La estabilidad de precios es un objetivo de los gobiernos
responsables, que lo suelen encargar a los Bancos Centrales para que, con autonomía
e independencia del poder ejecutivo, puedan actuar dentro de sus competencias fijando
una estrategia acorde. Todo lo demás (topes de precios, precios controlados, regulados, etc.) sobra, es pura superchería marxista.
Cubadebate confirma algo que las autoridades del régimen esconden en
cuanto pueden. Se reconoce que el inicio de la crisis económica actual tiene su
origen en 2019 (mucho antes que en 2025, cuando se interrumpieron los suministros
de petróleo de Venezuela) y que una de las consecuencias de la crisis es que la
economía cubana ha convivido con episodios de alta inflación, una especie de
montaña rusa que las autoridades han sido incapaces de afrontar con éxito.
Los datos ofrecidos son correctos. En el mes de agosto de
2026, la tasa de inflación mensual registrada, un 5%, se posicionó como la
mayor de los últimos 48 meses. Un dato que Cubadebate afirma que “no solo
responde a factores coyunturales, como la escasez de bienes básicos, producto a
las disrupciones logísticas de las cadenas de importación, sino que hay factores
estructurales internos de la economía cubana que están ejerciendo una
influencia mucho más negativa en los aumentos descontrolados de los precios”.
En conclusión, como dice Cubadebate, “es necesario reconocer que la aceleración
en el crecimiento de los precios ha sido constante y acumulativa durante todo
lo que va de 2026”.
En este blog siempre hemos destacado que la inflación es un
síntoma de males mayores que afectan a una economía, de modo que conocer sus
causas debe ser una tarea de la máxima importancia para las autoridades, ya que
solo en dicho caso se podrán adoptar las medidas más adecuadas para sanar al
enfermo. De la inflación cubana lo único que cabe decir es que los factores que
la explican son múltiples, especialmente complejos y obedecen, en buena medida,
a la gestión realizada por el gobierno.
Cubadebate sitúa cuatro factores para explicar el proceso
inflacionista.
En primer lugar, los factores de oferta, por la insuficiente producción interna que, en presencia de una demanda dada, provoca
una tensión alcista continua de los precios.
En segundo lugar, los factores de costes de importación
-precio internacional, flete, seguros- y el tipo de cambio al que se accede a
la divisa.
En tercero, los factores de demanda, cuando la liquidez en
manos de los hogares y actores económicos no estatales crece más rápido que la
oferta de bienes disponibles, lo que tiene igualmente relación con los factores
de oferta. Tal vez habría que preguntarse qué ocurre con la liquidez en manos del sector
estatal, porque seguramente crece mucho más rápido y se concentra provocando
tensiones en los precios.
Finalmente, los factores de expectativas derivados de la
tendencia de los actores económicos a fijar precios en función de la inflación esperada,
las denominadas expectativas, que tienden a formarse a partir de la experiencia
reciente y de los acontecimientos previstos. Cuando los actores económicos prevén
aumentos futuros de precios, la inflación se vuelve persistente, incluso cuando
el aumento inicial de la inflación se ha agotado.
A resultas, Cubadebate sitúa el diagnóstico del proceso inflacionario cubano como resultado de la reducción de la oferta importada y la producción real; y el descontrol monetario, que tuvo un pico inicial en 2021 con la denominada Tarea Ordenamiento, y que, aunque experimentó una tendencia a la moderación hasta 2024 a partir de ese año, se vio impulsado nuevamente por el descontrol de los déficits fiscales del estado comunista y su impacto sobre el aumento de la cantidad de dinero en la economía.
La magnitud del problema tiene más dimensiones. Entre enero
y septiembre de 2026 el IPC acumulado de la economía cubana aumentó un 24,8%,
frente al 10,9% registrado en el mismo período de 2025. La inflación interanual
se multiplicó por el doble, aumentando del 12,5% en enero a 28,4% en
septiembre. El ritmo de crecimiento de los precios causa alarma, sobre todo por
el notable descontrol producido en un breve período de tiempo. Y, sobre todo,
lo que preocupa es la inacción de los responsables.
Cubadebate analiza el comportamiento de los precios por
trimestres desde enero pasado, y observa que, tras un comienzo de año de
relativa estabilidad en la inflación, con un acumulado de 5,5%, inferior al 6,1%
de 2025, en el segundo trimestre ya se percibe un aumento de la inflación mensual
que sube a 1,6%, 1,9% y 2,8% alcanzando niveles superiores al año anterior
(algunos consideramos que el empujón de la inflación en este trimestre fue debido
al componente de Bebidas alcohólicas y tabaco del IPC). Pero es que, en el
tercer trimestre, las cosas empeoran ya que la inflación mensual alcanza su
máximo de 4,9% en agosto si bien, se modera a 3,4% en septiembre, niveles
superiores a los de meses anteriores. Y aquí ya llueve sobre mojado.
Cubadebate atribuye la espiral inflacionaria de 2026 a tres
factores fundamentales.
El primero, una vez más, es la contracción de la actividad
económica. Y aquí aparece por vez primera el relato de la responsabilidad del
recrudecimiento de las sanciones. La CEPAL estima la caída del PIB en un 10% para
2026. El segundo factor es la aceleración del ritmo de crecimiento de la
cantidad de dinero en la economía, que resulta de un mayor
déficit fiscal del presupuesto estatal del régimen (mencionan de forma expresa el
aumento de las remuneraciones en el sector público) que incrementa los saldos
monetarios de los hogares. El tercer factor se encuentra en "los impactos
derivados de la posible reducción de importaciones por la disrupción logística
de contenedores hacia Cuba".
En este punto, se plantea qué hacer a partir de una definición
precisa de las causas de la inflación: oferta, costos, demanda y expectativa.
El proceso olvida, sin embargo, que la actual situación de la economía cubana
no se debe valorar solo en términos de la aguda inflación que existe, sino que,
como hemos señalado en varias entradas de este blog, el problema de la economía
cubana tiene un nombre, estanflación, es decir, la combinación de una caída del
PIB con aumento de precios. Ignoramos por qué este fenómeno se olvida en el análisis
de Cubadebate, entendiendo que resulta fundamental su comprensión para fijar
los instrumentos que se deben utilizar en la lucha contra la inflación. Y, en
seguida, surgen las contradicciones.
Cubadebate señala que “en un contexto donde la aceleración
inflacionaria esté gobernada por factores de demanda -exceso de cantidad de
dinero, exceso de gasto público-, se requiere el ajuste de demanda como solución
y para el instrumento son las tasas de interés, que si se incrementan reducen la
inversión y el consumo, y, por tanto, la demanda agregada. Este instrumento suele
ser eficaz para devolver a las economías a su senda inflacionaria natural”.
Sin embargo, Cubadebate reconoce que cuando la inflación
está provocada por factores de costos u oferta, los ajustes de demanda provocados
por el aumento de las tasas de interés presentan un impacto más limitado para
incidir de forma realista sobre los niveles de inflación.
Es decir, si el escenario de inflación coincide con que la
oferta disponible de una economía -producción nacional más importación- se reduce
de forma significativa (como ocurre en un escenario de estanflación), el
impacto de la aplicación de medidas de ajuste de la demanda tendrá un efecto
limitado para reducir el nivel de precios, y mucho menos conseguirá aumentar los
niveles de consumo real de la población.
Este es el problema que plantea la estanflación. Las recetas
clásicas y simplistas de la política económica no funcionan. Tampoco los ejercicios
de improvisación. Cubadebate reconoce que ni tan siquiera los aumentos de salarios
o la aplicación de regulaciones administrativas, para aumentar el consumo real
tienen sentido en un escenario en que la oferta agregada se reduce. La complejidad
es grande. Y se corre el riesgo de que esas dificultades objetivas desanimen la
adopción de las medidas necesarias por parte de los responsables.
Cubadebate concluye que “en el escenario de la economía
cubana, donde la inflación pareciera, al menos en esta última etapa de 2026,
estar gobernada por factores de oferta y costo, el rango de acción de la
política económica es sumamente limitado”. Y, por eso, llegados a este punto, se
plantea distinguir entre medidas paliativas a corto plazo y transformaciones
que permitan modificar las condiciones estructurales de la que están en el
fondo del proceso inflacionario.
Cubadebate insiste en que “las transformaciones de fondo destinadas
a ampliar la oferta, la cantidad de divisas para importaciones o la reducción
del déficit presupuestario, aun cuando sean correctamente ejecutadas, producen
un impacto lento y demoran meses o años en surtir efecto en la magnitud
necesaria para tener impactos perceptibles sobre los niveles de vida y la
inflación”.
Por ello, plantea que a corto plazo pueda existir algún
nivel de medidas paliativas que resulta necesario analizar.
En primer lugar, se citan las regulaciones administrativas
de precios que, "si bien pueden salvar el efecto de altos márgenes de ganancia
sobre los precios en algunos mercados con una una baja competencia, en la
práctica son insuficientes en un contexto donde la inflación viene gobernada
por factores de oferta".
Por otro lado, los topes de precios no garantizan un acceso
focalizado a las familias más vulnerables, permiten que familias con holgura
económica se beneficien de los “precios topados” y al mismo tiempo si el precio
topado se retrasa respecto a las condiciones reales de los costos de reposición
en pesos -tipo de cambio, fletes- puede llevar una contracción de las
importaciones y niveles productivos agravando la escasez.
En segundo lugar, la disminución de impuestos generales
sobre el consumo, como lo que se plantea para los denominados “mercados de
barrios”, puede ser otro instrumento posible de contención de precios. La
experiencia muestra, sin embargo, que estos mercados han surgido con precios elevados
que han provocado no pocas protestas ciudadanas.
Se señala que la reducción de impuestos permite que se beneficien familias
con holgura económica, sin garantizar acceso a las de menos ingresos. En la
economía cubana es sumamente complejo verificar que una reducción de impuestos provoque
un precio sustancialmente inferior al de mercado, y la multiplicidad de cadenas
de suministro privada hace que dichas reducciones se dispersen por una amplia
variedad de surtido de productos y precios finales.
En tercer lugar, otra alternativa para contener la inflación
a corto plazo podría ser la intervención directa en el mercado cambiario. La
depreciación del tipo de cambio informal es un factor persistente de incremento
de costos con un elevado impacto en la inflación minorista. El problema es que,
sin reservas de divisas abundantes, una intervención cambiaria que trate de
fijar un precio de la divisa artificialmente bajo se encontrará con la competencia
de un mercado informal, que no por su carácter informal deja de ser
determinante en mucha de las operaciones económicas del país.
Cubadebate concluye que son reducidos los espacios de
política con que se cuenta para incidir eficazmente sobre los precios en el
corto plazo. La pregunta que en este contexto se impone es: ¿Qué medida podría
en la práctica tener un impacto sobre la inflación en el país?
Enunciados genéricos y voluntaristas, como tratar de
minimizar los impactos de la inflación misma sobre sectores concretos de la
sociedad en vez de garantizar una lucha contra la inflación general, realmente
no ayudan al pueblo que está desesperado por no poder acceder a los productos
básicos.
Hay una solución, pero Cubadebate ni la menciona en el largo artículo citado.
Por el
contrario, divaga sobre una eventual implementación de las medidas de las
acciones de descentralización y flexibilización contenidas en las
Transformaciones económicas y sociales, como fórmula para iniciar una nueva vía.
Una tesis errónea, que puede dar lugar a consecuencias negativas como las que
produjo y se reconoce, la Tarea ordenamiento en 2021. Nadie debe esperar que se
reduzcan los impactos del actual proceso inflacionario sobre los segmentos más
vulnerables de la población por medio de la aplicación de las “transformaciones”.
Otras propuestas del estilo de crear un esquema de compras
mayoristas y distribución regulada por el Estado para familias de bajos
ingresos, no funciona, básicamente porque es más de lo mismo que ya existe y
que no funciona. La injerencia del Estado en la economía es uno de los peores
instrumentos para intentar moderar el impacto de la inflación sobre el
incremento de múltiples bienes básicos.
Por medio de este esquema se otorga al Estado una
preeminencia en la compra al por mayor de productos básicos a proveedores
privados para su distribución posterior, a precio de costo o con subsidio, a
los hogares vulnerables. En tal caso, el recurso al presupuesto estatal
volvería a expandir el déficit que es la principal causa del descontrol
monetario. Este mecanismo se utiliza en determinados insumos o productos de
forma puntual, la propuesta es que se extienda como un mecanismo temporal de
protección. La peor solución, sin duda alguna.
Cubadebate reconoce que el citado esquema no elimina la
inflación, pero podría separar la protección a los más vulnerables del precio
general. Si tal vez pudiera ser, pero a un coste de las arcas del Estado
insostenible. Se acabaría volviendo a
una canasta estable, pero vacía o fragmentaria. Cubadebate sostiene que “a
diferencia de los topes o de las rebajas generales de impuestos, el apoyo llega
a quien lo necesita y no distorsiona los precios del resto de los consumidores”
pero lo hace a un coste insostenible para las cuentas públicas. El Estado
pagaría el costo total más un margen de ganancia justo pactado con los
suministradores, garantizando así un mercado seguro y rentable para los mismos,
pero el origen presupuestario de los fondos obligaría a reducir otras partidas.
Cubadebate admite que el mayor impacto negativo de este
esquema podría ser el impacto fiscal. El Estado podría vender al costo de
adquisición los productos a las familias, en cuyo caso no existiría un subsidio
presupuestario. En la práctica un esquema de este tipo siempre podría demandar
un nivel de subsidio para compensar el bajo nivel de ingresos en algunos
segmentos que accedieran al esquema. Y vuelta a empezar.
Hace bien Cubadebate cuando señala que el esquema antes
propuesto no implica una transformación de fondo, sino una medida paliativa en
un contexto donde la inflación más que un fenómeno puramente macroeconómico de
origen fiscal es el resultado de una severa contracción de la actividad
productiva. Lo que está claro es que en dicho escenario intentar reducir la
inflación mediante regulaciones administrativas de precios y reducción de
impuestos, tiene un impacto real limitado para palear los impactos de la
inflación sobre los segmentos más vulnerables.
Cubadebate afirma, a modo de conclusión, que, debido a su
esencia estructural, “es necesario insistir que la inflación en Cuba no es el
resultado de un grupo de inescrupulosos que inflan artificialmente los precios
o de una especulación sin base material alguna”. La inflación actual en Cuba es
un fenómeno derivado de una severa contracción de las variables de oferta que
hacen en el fondo imposible mantener los niveles de consumo previos e impulsa a
los precios a elevarse para restablecer el equilibrio entre la menor
disponibilidad de productos y un nivel de demanda –medido por la cantidad de
dinero- similar o superior.
Tantas vueltas sobre el mismo punto, no deben hacer olvidar
la receta que se mantiene como la determinante para lucha contra la
estanflación de la economía cubana. El camino consiste en eliminar la expansión
de liquidez improductiva e ineficiente generada por la actividad estatal. En la
economía cubana las actividades del sector presupuestado y sus empresas estatales
y organismos de diversa índole suponen unos gastos inasumibles para un presupuesto
cuyos ingresos se reducen de forma sistemática por la caída de la actividad económica.
Llega el momento de avanzar en el ajuste del sector estatal a dimensiones
compatibles con la sostenibilidad de la economía cubana. Los avances en este ajuste
del sector estatal se irán trasladando a los precios en forma de una mayor
moderación.
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