¿Por qué la diáspora no va a invertir en Cuba?
Elías Amor Bravo, economista
Después de
la entrevista en NBC, el viceprimer ministro y titular del Comercio Exterior y
la Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga, siguió cumpliendo el guion
establecido, e informó con más detalle de las medidas que van dirigidas a
fomentar la participación en la economía nacional de lo cubanos residentes en exterior.
El punto de partida es el mismo que en la entrada anterior de este blog.
Mientras que en Cuba no se
sienten las bases de un sistema democrático y de libertades públicas, con
respeto a los derechos humanos, sin presos políticos en las cárceles y con
instituciones democráticas de participación que garanticen la separación de
poderes, es difícil canalizar a la Isla a proyectos de inversión de la
diáspora. Básicamente, porque mientras no desaparezcan las razones políticas
que provocaron la salida del país de más de 2 millones de cubanos, no parece
lógico que se realicen inversiones en la economía nacional. Sería un absoluto
despropósito que, en nada podría contribuir a la recuperación de las libertades
y la democracia en la Isla.
Pero
vayamos al contenido de la presentación de Pérez Oliva Fraga.
Anunció que
las decisiones “están dirigidas fundamentalmente a buscar una mayor
descentralización de la economía, a propiciar una mayor participación del
capital extranjero en nuestro desarrollo económico y social, y también a
diversificar la participación del sector privado en distintos ámbitos de la
economía”.
¿Ha leído el viceprimer ministro la constitución de 2019? ¿O tal vez necesita que alguien
lo haga? Pues bien, en su Título II donde se establecen los fundamentos
económicos del régimen, hay dos preceptos que no guardan relación con la
afirmación anterior. En efecto, el artículo 18
dice: “En la República de Cuba rige un sistema de economía socialista basado en
la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción
como la forma de propiedad principal, y la dirección planificada de la
economía, que tiene en cuenta, regula y controla el mercado en función de los
intereses de la sociedad”. Y más en concreto, el artículo 19 dice: “El Estado
dirige, regula y controla la actividad económica conciliando los intereses
nacionales, territoriales, colectivos e individuales en beneficio de la
sociedad. La planificación socialista constituye el componente central del
sistema de dirección del desarrollo económico y social. Su función esencial es
proyectar y conducir el desarrollo estratégico, previendo los equilibrios pertinentes
entre los recursos y las necesidades”.
¿De qué descentralización de la economía habla Pérez Oliva Fraga?
La economía cubana es socialista, los medios de producción son propiedad del
pueblo y la dirección planificada dirige y controla al mercado. Además, el
estado dirige, regula y controla la actividad económica, en un ejercicio de
máxima centralización del poder económico en el que no cabe descentralización alguna. Así es como se definen las cosas, y
por ello, la “descentralización” de Pérez Oliva Fraga es una artimaña, una ensoñación que
exige reformas profundas en la constitución comunista de 2019. ¿Será capaz de
implementarlas? Hay muchas dudas.
También anunció como novedad la apertura de la inversión al sector financiero bancario y la creación de fondos de cooperación e inversión, previa licencia del Banco Central de Cuba. Otro despropósito. Advertir respecto del funcionamiento de esta entidad, completamente subordinada a las órdenes del gobierno y carente de autonomía como ocurre en los países democráticos. Habrá que prestar atención a qué licencias concede el Banco Central para crear instituciones financieras no bancarias, bancos de inversión y otras entidades comprendidas en el Decreto-Ley 362 con el capital de la diáspora. Se podrán contar con los dedos de las manos. La eventual apertura a la participación de la comunidad de cubanos residentes en el exterior en el ámbito del sector financiero bancario nacional va acompañada también de la posibilidad de participar como proveedores de servicios de activos virtuales. ¿¿El régimen estimulando las cripto??
No cabe duda
de que esta decisión, de ser viable, tiene pocos visos de llegar a algún sitio
concreto, ya que se encuentra muy condicionada por las limitaciones de un
mercado, el financiero y bancario, que en Cuba es muy escaso y se encuentra
distorsionado por la ineficacia de la política monetaria, y la escasa capacidad
de ahorro de la población, en presencia de altas tasas de inflación de dos dígitos
que hacen inviable cualquier apuesta por el ahorro. Los “fondos de cooperación”
son instrumentos de la agenda municipal cuya viabilidad depende de su utilidad
social.
El
viceprimer ministro informó de la aprobación para que los cubanos residentes en
el exterior, a través de empresas constituidas en otros países, puedan
asociarse con empresas privadas cubanas al amparo de la Ley 118 de Inversión
Extranjera. Hasta el momento, esta figura solo era posible con entidades estatales.
Otra ley
que tendrá que ser modificada, ya que este tipo de asociación no está reconocida
actualmente. De modo que, si se pretende abrir este espacio para la participación de la
comunidad residente en el exterior, en el desarrollo económico y social del
país, hay que abordar la cuestión de la reforma de esta Ley de 2014 que ha
limitado notablemente el cumplimiento de los objetivos establecidos en su
momento.
Además, si
se quiere realmente que se puedan establecer alianzas entre el sector privado
cubano y el capital foráneo vinculado a la diáspora, lo primero que tiene que
lograr Pérez Oliva Fraga es que los empresarios privados cubanos tengan los
mismos derechos a invertir en sus negocios que estos que ahora se establecen
para la diáspora. Esa asimetría puede impedir que se logren las alianzas
buscadas. Como siempre, el régimen creyendo que la publicación de normas en la
Gaceta oficial puede servir para que funcione la economía cubana.
Y la guinda
del pastel, por si alguien tenía alguna duda. El régimen siempre a la búsqueda
de dinero fresco del exterior. Se establece que para facilitar la operatoria de
los nuevos actores económicos, los cubanos residentes en el exterior que vayan
a establecer empresas en Cuba tendrán que abrir y operar cuentas bancarias en
divisas en igualdad de condiciones que cualquier persona o institución
residente en el país. La inseguridad jurídica es un factor a tener en cuenta y
más aún, el destino de esos fondos una vez que entren en el circuito bancario
controlado por el régimen.
Pérez-Oliva
Fraga informó de la creciente participación de la comunidad cubana en el
exterior en acciones solidarias con Cuba. Y aquí es donde perdió buena parte,
por no decir todo, del atractivo de sus planteamientos, al achacar la
responsabilidad de la crisis de la economía “al recrudecimiento del bloqueo
impuesto por Estados Unidos” para añadir que “es el principal obstáculo para el
desarrollo de todas las transformaciones que nuestro país está implementando en
el ámbito económico”.
Falso, porque en realidad Cuba comercia, recibe inversiones, capitales y turistas de todos los países del mundo, excepto está de su vecino del norte por motivos más que conocidos. Si Cuba no tiene acceso actualmente a capitales, a mercado, a financiamiento, es por sus reiterados incumplimientos como pagador, lo que le ha supuesto condenas en los tribunales internacionales. Alejar la actual crisis humanitaria de la Isla habría sido posible si el comportamiento internacional del régimen hubiera sido responsable en los últimos años.
Los daños causados
actualmente se deben exclusivamente a una pésima operatoria en los mercados financieros
internacionales y en la gestión pública. Si el viceprimer ministro quiere que
las empresas de Estados Unidos vuelvan a interesarse en Cuba no debe achacar la
responsabilidad a la legislación del vecino del norte, sino a la propia, en los
términos detallados anteriormente. Los únicos que hablan de un
conflicto bilateral pertenecen a la parte cubana, que mantiene intenciones
expresas de seguir utilizando de forma torticera el argumento del bloqueo en
todos los pronunciamientos.
Para
afrontar ese bloqueo más mental que otra cosa, Pérez Oliva Fraga anunció la
decisión de crear fondos para estimular la cooperación, respetando siempre la
voluntad del donante, lo que permitirá una organización superior y mayor
impacto en los destinos que más lo necesitan. La pregunta es, ¿pero es que
acaso hasta ahora toda la cooperación internacional recibida por Cuba, que no
es poca, no ha respetado la voluntad del donante? ¿Cuántas entidades que han
donado a la Isla se plantearán realizar auditorias para verificar si se han
cumplido sus prioridades?
En buen lío
se ha metido el viceprimer ministro con este tipo de mensajes que lo único que pueden
producir es cierta sensación de incertidumbre internacional con respecto a la gestión
de las donaciones. No parece que, a la luz de estas evidencias, que haya posibilidad
alguna de que la comunidad cubana residente en el exterior participe en fondos
de inversión para el desarrollo de proyectos en el territorio cubano para
financiar la implementación de iniciativas de interés para el desarrollo
económico y social del país.
El viceprimer
ministro informó que una de las decisiones adoptadas es promover la
participación de los cubanos residentes en el exterior en las producciones
agrícolas, especialmente a nivel territorial, en correspondencia con la
política del país de potenciar el papel de los municipios.
Y citó como
ejemplo las empresas vietnamitas que producen arroz en la Isla, pretendiendo
que con la comunidad cubana residente en el exterior se puedan desarrollar experiencias
similares, en los que se concede derecho de usufructo sobre la tierra para
producir alimentos. Aquí el viceprimer ministro ha sido bastante claro y ha señalado
que la propiedad de la tierra nunca será de los inversores.
Y es obvio
que así está recogido en la constitución comunista de 2019, el artículo 29 “la
propiedad privada sobre la tierra se regula por un régimen especial. Se prohíbe
el arrendamiento, la aparcería y los préstamos hipotecarios a particulares. La
compraventa o trasmisión onerosa de este bien solo podrá realizarse previo
cumplimiento de los requisitos que establece la ley y sin perjuicio del derecho
preferente del Estado a su adquisición mediante el pago de su justo precio”. Co
estas limitaciones en el marco del sistema económico se entiende que en Cuba el
sector agropecuario apenas tenga capacidad de producción.
Y claro,
como no hay dos sin tres, para conseguir lo antes descrito, el viceprimer ministro,
que sigue sin enterarse de nada, informó de la intención de perfeccionar los
mecanismos internos de atención a estos intereses, “incluyendo una concepción
más dirigida de la cartera de oportunidades de negocio y un mejor control y
procesamiento de solicitudes para evitar demoras innecesarias”. La cartera de
negocios, otro instrumento de control que limita la voluntad del inversor a
solo actuar en aquellos proyectos que son autorizados y el procesamiento
burocrático de solicitudes, un auténtico calvario administrativo para los
inversores extranjeros que se decidieron a apostar por proyectos en Cuba al
amparo de la Ley 118.
Cambios burocráticos que parecen ir dirigidos a intentar captar no solo los tradicionales proyectos pequeños y cortoplacistas que llegan a la Isla sino a proyectos de mayor nivel de inversión vinculados a sectores claves para el desarrollo. Y quiere, además, el viceprimer ministro, que sea la diáspora la que financie estas iniciativas. Pérez Oliva Fraga desconoce realmente cómo son los cubanos residentes en el exterior y una vez más el régimen muestra con luz y taquígrafos por qué todas sus medidas e iniciativas son un fracaso.
Por mucho que los mismos
comunistas que dirigen el país desde 1959 muestren ahora una supuesta voluntad de estrechar los vínculos
con “sus hijos residentes en otras latitudes, reconociendo su papel en la
construcción de una patria cada vez más próspera y sostenible, en
correspondencia con los principios de justicia social que han guiado el proceso
revolucionario desde sus inicios”, mi recomendación al viceprimer ministro es
que le sobra la última parte de la frase anterior. Con ella ha acabado por enterrar
cualquier idea que alguien pudiera tener de invertir en Cuba. Que lo tenga por
seguro.
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