Lo que se pretende hacer para afrontar la crisis energética (la industria)

Elías Amor Bravo, economista

El ministro de Industria, Eloy Álvarez Martínez, presentó también en Mesa Redonda su relato del plan de actuaciones para evitar “las paralizaciones de fábricas, interrupciones laborales y desabastecimientos, provocada por la crisis energética”, y yendo más lejos que algunos de sus colegas, afirmó que la “industria cubana ha tenido que reinventarse”, con las estrategias implementadas y las prioridades establecidas para mantener activo al sector. A ver si tanto “reinvento” no va por la línea más adecuada y se acaba entrando en una fase irreversible.

No obstante, el relato para aprovechar el minuto de gloria del dirigente castrista fue el mismo que el de otros colegas, y apuntó a la responsabilidad única del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos, “cuyo recrudecimiento se suma ahora a las limitaciones en el suministro de combustibles” como principal amenaza. Por ello, al ministro se le ocurrió la cuenta del ABC empresarial, es decir, “una de las primeras decisiones fue concentrar los esfuerzos en aquellas fábricas con mayores posibilidades de funcionamiento”. ¿Correcta, desacertada? Que cada uno juzgue. Desde luego, para salir del paso rápido, es la mejor.

Además, en el régimen castrista las relaciones laborales son de plastilina y los sindicatos no tienen por costumbre defender a los trabajadores. Sólo así se entiende que el ministro pudiera ajustar “los horarios laborales a los momentos en que existe disponibilidad eléctrica” (casi siempre, de madrugada). Esta medida fue calificada de compleja, porque “ha requerido una estrecha coordinación con los colectivos de trabajadores, quienes acuden a sus centros cuando hay electricidad, logrando así mantener niveles productivos y asegurar servicios esenciales para sectores estratégicos de la economía”. Increíble que en el paraíso de los trabajadores se llegue a estas prácticas, cuando realmente no sirven de gran cosa.

Igualmente dijo que “se han aprobado seis esquemas de autofinanciamiento para los grupos empresariales, entre ellos la empresa Copextel, lo que permite retener parte de sus ingresos y utilizarlos para resolver problemas puntuales, creando a su vez condiciones para dinamizar la industria”. La idea es dar alguna “motivación y un reto para directivos y colectivos laborales, que en medio de las complejidades deben identificar soluciones, buscar financiamiento, ajustar horarios y encadenarse con sectores que generan ingresos para que la economía no se detenga”. La cuestión es si lo podrán hacer realmente y si este tipo de prácticas no hace otra cosa que crear agravios y asimetrías en el tejido productivo, ¿por qué unos sí, y otros, ¿no?

El ministro defendió el papel de las alianzas productivas “como una vía clave para sostener la industria” y dijo que se han potenciado los negocios con capital extranjero y las relaciones con socios tecnológicos y comerciales, “lo que ha permitido, aunque no a plena capacidad, mantener activas esas inversiones, consignar materia prima y acortar los tiempos de respuesta”. Incluso, han impulsado “la integración entre la industria civil y la industria militar para identificar capacidades y dar respuesta conjunta a producciones priorizadas”. Dando tumbos a ver qué sale de todo esto, el resultado puede acabar siendo peor de lo esperado.

De igual modo, el ministro señaló que “otra variante exitosa ha sido el encadenamiento con otras formas de gestión estatal, que ha permitido reactivar capacidades productivas. Gracias a esta estrategia, hoy se produce un nivel importante de envases y artículos de talabartería y confecciones textiles, entre otros productos”. Y cito el refractario donde se logró un encadenamiento que posibilita “fabricar materiales para la construcción con sus propias capacidades”, mientras que la Empresa de Cable comenzó a producir un nivel de cable a partir de una “alianza con una mipyme privada”. Una especie de sálvese quien pueda a todas luces.

En materia de autonomía energética, el ministro informó que “hoy existen 104 instalaciones industriales que generan su propia energía, como resultado de un programa iniciado hace varios años. Para 2026 se prevé que otras 68 instalaciones alcancen también soberanía energética, lo que permitirá rescatar determinadas producciones”. Y de nuevo vuelve a surgir la misma cuestión, ¿qué representan estas 104 o 68 instalaciones sobre el total? Y ¿qué beneficio aportan al sector?

Habló también de la autogestión financiera y citó el Grupo de Reciclaje, que con sus propios ingresos ha desplegado una importante cantidad de instalaciones. Este año está previsto que funcione su base de proceso, donde se clasifica, prensa y prepara la materia prima para la exportación y otros sectores de la economía. Además, “el reciclaje ha potenciado la movilidad eléctrica, con la fabricación de triciclos y motos eléctricas que agregan valor a la materia prima recuperada”. La apuesta por la economía circular es otro de los asuntos pendientes de la economía castrista, muy atrasada en este rubro si se compara con otros países.

En la industria ligera, particularmente en la de confecciones, dijo que “existen seis talleres con autonomía energética, y se prevé incorporar otros seis este año, en la medida de las posibilidades financieras. Aunque la limitación energética afecta a la industria, el ministro insistió en que esa es una batalla que nadie podrá bloquear”.

En el sector energético, el ministro dijo que “la participación de la industria en el montaje de paneles, a través del Grupo de Electrónica, el Grupo Sideromecánico y la empresa Copextel, en un programa que ya casi concluye y que tiene un gran impacto en las familias cubanas. También se trabaja en un programa para centros hospitalarios, que avanza según las prioridades definidas por el Ministerio de Energía y Minas”. Un asunto del que habló también el viceministro de energía y que ofrece las interrelaciones burocráticas de la administración castrista y su rastro de ineficiencia.

En cuanto a la fabricación de piezas de repuesto señaló que “no se ha detenido, con la participación de la industria sideromecánica, la química, la militar y la propia Unión Eléctrica, que cuenta con su fábrica de medios mecánicos”.

En el sector del transporte, dijo que “se mantiene el programa de reparación de 100 ómnibus, y continúa la fabricación de 150 triciclos eléctricos, de los cuales ya se han entregado 50. Paralelamente, se avanza en la instalación de estaciones de carga (solineras) para aliviar la carga sobre el sistema electroenergético nacional y fomentar la soberanía energética”.

Y, como no, el relato incluye la sempiterna referencia a la ciencia y la innovación, de las que dijo que se mantienen como “pilares fundamentales para reducir la dependencia de las importaciones” con alrededor de 200 proyectos de solución, en distintas etapas de implementación, con impacto en diversos sectores de la economía. El sector industrial cuenta con 28 entidades científicas que trabajan en conjunto con las universidades, en un esfuerzo por producir con recursos nacionales y sustituir importaciones.

En suma, y a modo de resumen, el ministro reconoció que a pesar de los esfuerzos “los niveles de producción actuales de la industria son insuficientes para satisfacer las demandas de la economía y la población” y que, sin embargo, “se han establecido prioridades imprescindibles para sectores sensibles. En la salud, por ejemplo, se mantiene la producción de oxígeno, nitrógeno y CO₂, y se ha garantizado el combustible para todo el programa de distribución nacional. Las 48 pequeñas plantas productoras del país continúan trabajando. Para el sector de los recursos hidráulicos, se ha priorizado la producción de cloro, clorito y aluminio, esenciales para la potabilización del agua, con una conciliación permanente para minimizar afectaciones”.

Y se fue tan tranquilo.

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