Las conversaciones entre Estados Unidos y Cuba (I)
Elías Amor Bravo, economista
Se veía venir. El secretario de Estado de Estados Unidos,
Marco Rubio ha dicho no estar conforme con las últimas reformas económicas en Cuba que
califica de “insuficientes” a la vez que insiste en que es necesario un cambio
de régimen en la Isla. La partida sigue al más alto nivel.
Hace menos de una semana, Díaz Canel reconocía públicamente
las conversaciones con el vecino del norte y daba instrucciones a sus ministros
para que empezaran a dar cuenta de las “transformaciones” que deberían promover
cambios en la economía cubana. El martes comparecía primero ante la NBC y luego
en rueda de prensa, el viceprimer ministro Pérez-Oliva Fraga para dar cuenta de
la reforma en la política de inversiones extranjeras para atraer el capital de
la diáspora, de los “gusanos” despreciados por el mismo régimen que lleva 66
años en el poder. De seguido, Marco Rubio cuestionó este planteamiento
calificándolo de “insuficiente”. Y ahora, si la partida continúa, toca al
régimen volver a jugar y apostar o enseñar cartas. Y parece que no tienen buen
juego y que se les puede acabar ir de farol antes de empezar.
Todo ocurrió en una reunión en el despacho Oval, el
miércoles por la mañana, cuando el secretario de Estado, Marco Rubio, en
presencia del presidente Trump y del primer ministro de Irlanda, Martin, dijo a
los periodistas que las reformas económicas anunciadas por Díaz Canel, que
permiten a los cubanos estadounidenses invertir en negocios en la isla, no son
suficientes, al tiempo que anunció también la determinación de su
Administración a conseguir un cambio de régimen en Cuba. Un asunto sobre el que
previamente se había pronunciado el presidente Trump al hablar de “take Cuba”
añadiendo que “vamos a hacer algo muy pronto con Cuba”.
En un intento de descalificar el movimiento castrista hacia
las inversiones de la diáspora, Rubio insistió que el régimen castrista tiene
un sistema político y gubernamental “que no pueden arreglar, la economía no
funciona, así que tienen que cambiar de manera drástica” dejando clara la
posición de la Administración de Estados Unidos. Al mismo tiempo, señaló que
“lo anunciado el lunes no es lo suficientemente drástico. No va a arreglar la
situación, así que tienen que tomar decisiones importantes sobre el comercio”,
mostrando a los dirigentes del régimen en qué dirección se debe mover, a partir
de ahora, la partida.
Como prueba de la descalificación de las medidas anunciadas
por Pérez-Oliva Fraga, Rubio insistió de nuevo en que “la economía no funciona.
Es una economía que ha sobrevivido” y, dijo que actualmente ya no existe
ninguna revolución, y todo lo que han experimentado ha sido “vivir a costa de
subsidios de la Unión Soviética y después de Venezuela, pero no reciben ya esos
subsidios”. Y concluyó, diciendo que “tienen un montón de problemas y la gente
al cargo no sabe cómo resolverlos, así que debe haber otra gente”. Y a partir
de este enunciado, volvió a realizar un “llamamiento a un cambio de régimen”,
que se va planteando como la posición defendida por la Administración de
Estados Unidos en las conversaciones con el régimen.
A partir de este movimiento, donde Cuba presenta cambios en
la inversión de los exiliados y Rubio insiste en el cambio de régimen, es
evidente que las posiciones de las dos partes están muy alejadas y será muy
difícil aproximar y tender a una convergencia que asegure un resultado, como
mínimo, de consenso, cuando ninguna de las partes logra todas sus posiciones,
pero se conforma con unas cuantas que considera imprescindibles.
Todo ello apunta a que el proceso, la partida, puede durar más de lo previsto e incluso, conociendo el estilo del régimen castrista, retrasarse de forma indefinida, ganar tiempo, echar los problemas hacia delante para ver cómo evolucionan los acontecimientos. De hecho, ya han lanzado los primeros ataques desde la prensa estatal comunista. Cubadebate, por ejemplo, se ha hecho eco de unas declaraciones de Díaz Canel en las que dice,
"Ante el peor escenario, a Cuba la acompaña una certeza: cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable".
Una vez más, la estrategia del conflicto cuando en realidad, la cuestión es que la crisis
humanitaria en Cuba alcanza proporciones dantescas y la población puede
estallar en cualquier momento (las protestas y cacerolazos van en aumento), y
de otro lado, la Administración Trump es conocida por su determinación. No son
las mejores condiciones para perder tiempo. Así que habrá que estar atentos
para lo que pueda ocurrir.
De lo que no cabe duda, es que este primer movimiento del
régimen ha dejado quemado para el futuro, a Oscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer
ministro y ministro de Comercio Exterior y la Inversión de Cuba, sobrino nieto
de los hermanos Fidel y Raúl Castro. Sus planteamientos para atraer la
inversión de la diáspora han sido un absoluto fracaso y, una broma de mal
gusto, que no han gustado a nadie. Esto ofrece una idea de qué pueden ofrecer,
en estos momentos, los dirigentes que están bajo la Administración de Díaz
Canel.
No es extraño que el New York Times citara, de fuentes
informadas de la negociación, que ya se ha pedido marginar al dirigente
comunista del proceso de conversaciones, por su talante obstruccionista. Mientras que eso ocurre, si finalmente se
produce dicho movimiento, el problema para Pérez-Oliva Fraga es que,
posiblemente, ha pasado a mejor vida y sus opciones para jugar en un futuro
democrático se han disuelto como un azucarillo en café muy caliente. Es lo que
tiene nadar y querer guardar la ropa.
Los hay que pierden oportunidades de ser algo, y se queman
sin saber. Lo que está claro es que ha comenzado el desfile, mejor aún, el
casting de dirigentes castristas potencialmente aprovechables para la
transición. Descartado el núcleo duro vinculado a la familia, alguien debe
surgir de que ofrezca algún tipo de garantías para el cambio, como ocurrió en
España en la transición de 1975. Puede que Pérez Oliva Fraga lo vuelva a
intentar, ya que ha anunciado que el gobierno castrista está abierto a autorizar
el comercio con empresas estadounidenses. Parece que ser sobrino-nieto de Fidel
y Raul Castro puede no resultar tan favorable como cabía esperar. Pero, sin
duda, no quiere quedarse fuera del relevo en la cúpula del poder. Tiene una
buena data de actuaciones a desarrollar en la paralizada economía castrista y,
por ello, seguirá en la partida. Ya verán.
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