¿Inversión de cubanos del exterior en Cuba? No, gracias
Elías Amor Bravo, economista
Continuando con el guion anunciado la semana pasada por Díaz
Canel, cuando dijo que había conversaciones entre Cuba y Estados Unidos, el
primero en dar la cara ha sido el viceprimer ministro Oscar Pérez Oliva
para anunciar, a bombo y platillo, que Cuba permitirá a sus nacionales residentes
en el exterior invertir en negocios propios en la Isla. Una decisión que dice
muy poco de quien la plantea en estos términos.
Y lo ha hecho en declaraciones a NBC, en una entrevista exclusiva,
que ha dado rápidamente la vuelta al mundo. A falta de mayor con concreción
sobre lo que se quiere hacer, Pérez Oliva ha dicho que “Cuba está abierta a
tener unas relaciones comerciales fluidas con las empresas de Estados Unidos” y
también que “esas relaciones se podrán establecer con los cubanos residentes en
Estados Unidos y sus descendientes”, pero no ha ofrecido detalles de cómo se pretende
alcanzar esa situación deseada.
Lo que ocurre es que las cosas nunca son de color negro o
blanco, sino que existe una amplia gama intermedia de grises y aquí estamos en
un caso excepcional.
Pero ¿Cómo se puede mentir de forma tan descarada?
Primero, porque Cuba está abierta a los inversores extranjeros desde hace muchos años. Cuba recibe inversiones de todos los países del mundo desde hace más de 10 años cuando se aprobó la Ley 118 de 2014, y existen formatos novedosos para atraer el capital extranjero, como el Mariel, y los intereses mineros de Canadá y Holanda, o los turísticos de España, confirman que la inversión extranjera ha fluido a la Isla. No hay novedad alguna.
Lo que sucede es que el balance ha sido desastroso, porque nadie arriesga su dinero en un país donde la economía, según la constitución, es marxista leninista y prohíbe en el artículo 30 de dicho texto el enriquecimiento privado. El régimen no ofrece datos, pero el balance de la inversión extranjera en la Isla es muy deficiente comparado con República Dominicana o Costa Rica.
La razón es que, en la economía cubana, no existe un marco
estable y predecible para el ejercicio de los derechos de propiedad y el
mercado como instrumento de asignación de recursos es sustituido por la planificación
central. Con este modelo económico no se puede esperar que el inversor extranjero
se dirija a Cuba, cuando puede hacer negocios en muchos otros países. Por tanto,
hay que rebajar las expectativas de Pérez Fraga antes de poder tomar posición a
su ofrecimiento.
Segundo, Pérez Oliva empieza muy mal, si quiere atraer a los
inversores de Estados Unidos, porque ataca al bloqueo como amenaza a los esfuerzos
de Cuba para superar la actual crisis energética. Pérez Oliva sabe muy bien
cuál es el origen de la crisis humanitaria actual de la economía cubana y qué
hacer para dejar atrás esta situación, y desde luego, no lo va a lograr
atacando al único que puede ayudar realmente, que no es otro que el vecino del norte.
Sin embargo, Pérez Oliva mantiene el guion del embargo y
afirma que “el bloqueo, la política de hostilidad de Estados Unidos contra Cuba,
es indudablemente un elemento que afecta el desarrollo de los cambios que se necesitan,
y a los lazos que se pretenden construir con Estados Unidos”. Y entonces, ¿es
que acaso Cuba no tiene también que hacer deberes para merecer esa relación? ¿No
se impone la necesidad de un cambio político e institucional hacia un sistema
de libertades, prensa libre, sin presos políticos y con separación de poderes?
El dirigente castrista respeta el guion y señala que “el
bloqueo priva a la economía cubana de acceder a la financiación, el acceso a la
tecnología, a los mercados y en años recientes, la limitación al acceso al
petróleo por parte de la economía cubana”. No existe bloqueo alguno. Si
continua por ahí no va a llegar muy lejos. En realidad, Cuba comercia, recibe inversiones,
turistas, etc., de todos los países del mundo, el problema es que no paga y eso
limita su atractivo para las empresas.
La cuestión es que ahora el régimen castrista dice estar
realmente abierto a tener unas relaciones comerciales fluidas con las empresas
de Estados Unidos. La experiencia lo demostrará, o no. Pero que nadie tenga la
menor duda que otra cosa bien distinta es atraer el capital de los cubanos
residentes en el exterior, ya sea de Estados Unidos, España, Francia o donde
sea.
El régimen comunista carece de un marco adecuado de relaciones
con los más de 2 millones de cubanos que forman parte de una diáspora poco
favorable a entenderse con aquellos que provocaron su salida del país en diferentes
momentos del tiempo en los últimos 67 años. Hace falta más que anuncios para
lograr ese nuevo marco de relaciones. Y esto no se ve por ningún sitio.
Pérez Oliva forma parte de esa cuadrilla de altos cargos
designada por Díaz Canel para dar traslado de una serie de “transformaciones”
de la economía que pretenden crear un entorno dinámico para la actividad
económica. Esto se pretende conseguir con reformas en distintos ámbitos, pero en
ningún momento se plantea la cuestión principal que es el sistema político e
institucional, una dictadura comunista, que se debe orientar hacia la democracia,
las libertades, el respeto a la prensa libre, la liberación de presos políticos
y la separación de poderes. Un país democrático podría resultar atractivo para
la inversión extranjera. De otro lado, la constitución de 2019 no garantiza un
sistema capaz de fomentar la actividad económica como en otros países del
mundo. Sin esa reforma constitucional, no será posible activar la inversión
extranjera en sectores como turismo, infraestructuras, energía o minería que
están en la cartera del régimen.
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