El pueblo habla pero el régimen no escucha
Elías Amor Bravo, economista
La crisis energética ha estallado en las narices del régimen comunista de Cuba, y los cubanos, indignados por los apagones, la escasez de combustible, la falta de alimentos y la sensación de que todo está fallando en el país, se han lanzado a las calles a realizar protestas que ponen de manifiesto un alto nivel de descontento con lo que está pasando y un trasfondo económico y político de primer nivel. Las protestas se han dejado sentir, en forma de cacerolazos nocturnos, sobre todo en la capital, pero también están llegando a poblaciones de toda la Isla. Los habitantes de la capital, los más afectados por los apagones interminables, son los que muestran mayor impotencia y desesperación ante los acontecimientos, porque no acaban de ver el final de la crisis.
Las caceroladas son protestas que se realizan en la oscuridad más absoluta de la noche para mostrar la indignación y protestar por las prolongadas horas sin electricidad. Los cubanos están hablando, o al menos, intentan comunicarse con sus dirigentes políticos que no sólo han silenciado estas protestas sociales en la prensa oficial, sino que han hecho oídos sordos a las demandas que se escuchan, ¡abajo el comunismo! ¡Patria y vida!
Son, entre otras, las consignas que se escuchan entre el ruido de las cacerolas vacías, porque tampoco hay mucho para comer. Muchas madres cubanas se quejan de que sus hijos van al colegio sin desayunar, y los ancianos pensionistas ya tienen que buscar en las basuras que se acumulan por todos los barrios de la capital para encontrar algo que comer. Y el régimen no escucha a los ciudadanos y se atrinchera con más represión, con el desarrollo de la inteligencia y la contrainteligencia, mientras que nadie apuesta por ofrecer nada a la Isla, y su modelo de dependencia de gratuidades externas hace aguas y desaparece para siempre.
Las voces que se escuchan durante los apagones, los mensajes
que se trasladan por los cubanos son un formato de conversación con los
dirigentes comunistas, poco dados a atender este tipo de manifestaciones
populares, aunque disfrutaban con los desfiles organizados en la plaza de la
revolución para rendir culto a las autoridades. Ahora los cubanos hablan de
forma espontánea, gritan, protestan y con sus teléfonos móviles difunden las
escenas de represión e intimidación de la policía política, arma cada vez más
utilizada por el núcleo de poder dirigente.
Cuando los apagones duran más de 24 horas, alternando cuatro
horas de electricidad con 15 horas de apagón que han obligado a las mipymes a
producir en horario nocturno cuando el servicio parece más estable, la sociedad
no puede recuperar su ritmo habitual. La protesta de las cazuelas y las
proclamas son la única vía de expresión que tienen los cubanos para decir a los
dirigentes comunistas que den un paso a un lado y se marchen, porque es
evidente que ellos ni el modelo en que creen, sirve para resolver los problemas
de Cuba.
Hasta los estudiantes universitarios, afectados por la
enseñanza online y la semi presencialidad de las medidas de la opción cero,
hicieron una protesta en el Alma Máter de la Universidad de La Habana y
confirmaron que el clima social hacia el régimen se ha deteriorado a niveles
difíciles de anticipar. Los estudiantes, al parecer, sí fueron atendidos
por los funcionarios a cargo, mientras se mantenía un despliegue de agentes de
la seguridad del estado sin precedentes, en un intento de minimizar el impacto
de la protesta.
Y la represión no tardó en producirse. Poco después de la
protesta universitaria, la oficial Federación de Estudiantes Universitarios
(FEU) convocó a los alumnos que no pueden acudir a las clases a asumir trabajos
para las autoridades locales, en sus municipios de residencia, como recogida de
basura, limpieza de hospitales o impartir clases en escuelas primaria. El
descontento fue generalizado y las respuestas de los representantes de la FEU,
insuficientes. Muchos se preguntaron dónde estaban los trabajadores que
habitualmente realizan estos servicios. El caos es total y absoluto, acentuando
la imagen real de estado fallido.
El régimen sigue sin escuchar ni querer conversar con los
cubanos de a pie. Prefieren negociar a oscuras una salida de contenido
económico, que es más un sálvese quien pueda que una opción real de
transformación política, económica y social que necesita Cuba. Mientras tanto,
sin electricidad, ni atención a las necesidades básicas, las protestas sociales
seguirán en aumento y los cubanos volverán a las calles y las cacerolas. Pero
el régimen no va a escuchar. Son muchos los que se preguntan qué podría ocurrir
con esas negociaciones que se están desarrollando si el régimen saca la vara de
la represión y ataca al pueblo, provocando una espiral que nadie desea. El
castrismo se está moviendo por el filo de una navaja y no sabe qué hacer.
Seguiremos.
Comentarios
Publicar un comentario