El Banco Central de Cuba se pone a jugar al monopoly

Elías Amor Bravo, economista

Lo que va a acometer el Banco Central es una medida más que muestra el descontrol absoluto que existe en la economía cubana, que afecta, en este caso, a la circulación monetaria. Se anuncia que serán emitidos nuevos billetes de peso de alta denominación. Lo llaman, para enredar más a los cubanos, “actualización del cono monetario del país” pero en realidad es una “vieja” medida de malos gestores bancarios centrales. Cuando la inflación se descontrola por la expansión del dinero en circulación, emitir billetes de alta denominación puede ser una medida paliativa, pero está lejos de ser la solución. En el caso de Cuba, ni lo uno ni lo otro.

Pero vayamos por partes. ¿A qué se debe que el Banco Central de Cuba tenga que emitir por primera vez en la historia económica del país, billetes de peso con dos nuevas denominaciones, de 2.000 y 5.000 pesos cubanos? ¿Es esta una decisión alocada de la institución que se supone debe contribuir a la estabilidad de la moneda de todos los cubanos? ¿O quizás puede tratarse de un experimento enésimo para intentar capear el actual escenario de crisis humanitaria del país?

Desde luego, no han escogido el mejor momento. Pero, en todo caso, lo importante es que no hay razones reales de suficiente peso para adoptar una medida de este calibre que, incluso, vista en perspectiva, puede parecer inadecuada para conseguir los objetivos que planea. No conviene olvidar que el cuadro de la economía cubana, definido como una grave estanflación, no permite este tipo de juegos peligrosos. El tiro puede salir por la culata.

Se anuncia que la fecha de entrada de los nuevos billetes es inmediata, el 1ro de abril del 2026, primero en La Habana los primeros billetes de 5.000 pesos cubanos y de forma gradual se irán extendiendo a todo el país. De igual modo se procederá con el otro billete de 2.000 pesos cubanos.

Sorprende que se tome con tanta premura la decisión del Banco Central y, además, en un momento tan crítico como el actual. Tal y como señala la prensa estatal, la emisión de los nuevos billetes de alta denominación tiene como objetivo facilitar las transacciones en efectivo, dado el elevado nivel de precios que está alcanzando la mayor parte de bienes y servicios de la economía. En vez de tener que disponer de grandes cantidades de dinero en efectivo para realizar cualquier transacción, ahora los cubanos con estos billetes grandes podrán reducir los costos por la logística del efectivo y ganar en agilidad en la operatoria en los momentos actuales de inflación por la que atraviesa del país.

¿Qué es lo que existe detrás de la emisión de estos billetes realmente?

La respuesta es inflación, tipo de cambio y descontrol del déficit público. Nada de productividad ni de crecimiento económico. Vayamos por partes.

En primer lugar, la inflación medida por el IPC con base 100 en 2010 ha llegado en febrero pasado a situarse en promedio por encima del índice 500, lo que significa que los precios de los bienes y servicios de la cesta que integra el IPC se han multiplicado por 5 veces. Desde 2020 hasta 2025 la inflación ha crecido un 206%. Resultados como estos suponen un notable empobrecimiento de la población, porque salarios o pensiones, por ejemplo, no han crecido ni a la mitad. La pérdida de poder adquisitivo afecta igualmente al sector estatal, ya que los servicios (en su mayoría gratuitos) que suministra a la población, también se ven afectados por ese aumento general de los precios. Es decir, lo que en 2010 costaba 100 pesos, 15 años después cuesta más de 500, o más. Imaginemos la situación de los activos financieros, como los depósitos bancarios, y se podrá comprobar la pérdida general experimentada.

En segundo lugar, del tipo de cambio se puede decir otro tanto. Si se arranca de 2021, cuando la tarea ordenamiento fijó un cambio de 1 dólar por 24 pesos, y se consulta el cambio actual en el mercado informal, que es el único que puede realmente suministrar de forma continua divisas, la relación ha pasado a ser de 1 dólar por 500 pesos. En este caso, la depreciación del peso cubano ha sido de un 95%, lo que significa que 1.000 pesos de 2020 que en aquel momento permitían acceder a 42 dólares al cambio, se han quedado convertidos en 2 dólares en 2026. La pérdida de valor de la moneda cubana con respecto a las monedas internacionales es un buen ejemplo de la debilidad de esta en un contexto sencillo y bilateral. Si se realiza un cálculo de paridad de poder de compra con una cesta de divisas, la pérdida de valor puede ser incluso mayor.

Tenemos, por tanto, elevada inflación y pérdida de valor de la moneda nacional en ausencia de crecimiento económico. Desde 2021 la economía cubana ha experimentado una caída global de un 12,3% que explica la actual recesión.

Entonces, ¿Qué nos queda? Pues habrá que ir al origen de todo el desequilibrio que amenaza por hacer desaparecer a la economía cubana por un agujero negro. Me refiero al peso del estado en la economía, medido por cualquier indicador, y su influencia en la cantidad de dinero en circulación de la economía. Los datos solo llegan a 2024, porque la estadística de 2025 todavía no ha sido publicada, pero teniendo en cuenta el entorno actual de crisis, los indicadores disponibles pueden haber ido a mucho peor en 2025.

Según la Oficina Nacional de Estadística de Cuba ONEI, el déficit público (saldo fiscal) ascendió a un total de 79.528 millones de pesos. En términos de PIB, el porcentaje del déficit alcanzó un 7,3% después de venir de valores medios del entorno del 11% en el período 2021 a 2023. Para concluir, el indicador de oferta monetaria (dinero en circulación) en su participación en el PIB alcanzó un 42,7%. Y, por último, un dato que ofrece una idea del peso “muerto” que supone el estado comunista en la economía cubana. Los gastos del presupuesto estatal por importe de 464.967 millones de pesos representaron el 43% del PIB de la economía.

Estos datos, descontrol monetario, ausencia de crecimiento económico y excesivo peso del estado en la economía, confirman el origen de la grave y, persistente inflación y la depreciación del peso cubano a la vez. Un peso ineficiente, concentrado en actividades de muy baja rentabilidad en el ámbito del sector estatal, y que se encuentran, a su vez, afectadas por la espiral de precios generada.

No es extraño que ante un panorama como el descrito, el Banco Central de Cuba se lance a emitir estos billetes que, además, en un homenaje a los Castro (posiblemente el último) llevan la imagen de Celia Sánchez Manduley.

De modo que a partir de que estos billetes entren en circulación, mañana 1 de abril, un artículo que cueste 30.000 pesos solo necesitará 6 billetes de 5.000 o 15 de 2.000 para la transacción. Ahora, con denominaciones inferiores, la necesidad de papel era mayor. Los comunistas se creen el cuento chino de que menores necesidades de numerario para realizar las transacciones económicas puede ayudar a controlar los precios. Tal parece que les preocupe que los cubanos acaben llevando carretillas llenas de pesos para comprar cualquier nadería. Porque, y en esto de muestran una vez más un notable desconocimiento de cómo funciona la economía, la solución a este problema de artículos que han incrementado su precio a 30.000 pesos no está en emitir billetes de mayor valor, sino en adoptar políticas económicas que contribuyan a que los precios se controlen y estabilicen, y no parece que esto se vaya a por esta vía. Las experiencias que han tenido lugar en otros países no han dado resultados o han exigido ajustes y controles efectivos que, en la economía cubana, simplemente, parecen inviables.

¿Estamos ante un anuncio para coleccionistas de la billetería comunista cubana? Tal vez. Algún turista olvidadizo se irá del país con algunos de estos billetes que seguirán sin tener cambio en los mercados internacionales y acabarán perdiéndose en cualquier cajón en el olvido. Nada que ver con aquel peso cubano de 1958 que cotizaba a la paridad con el dólar en todas las denominaciones.

66 años después, no olvidemos que el billete de mayor valor, 5.000 pesos, equivale al cambio actual a 10 dólares y el de 2.000 pesos a 4 dólares y, de seguir las cosas como van, en pocos meses estos cambios pueden ser incluso menores lo que llevaría a pensar que los dirigentes del Banco Central se han quedado cortos y deberían haber aumentado el valor de los billetes. Esto es lo que ocurre cuando las decisiones económicas se toman sin ton ni son. Y a toda prisa.

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