Análisis crítico de la declaración del régimen de La Habana sobre GAESA
Elías Amor Bravo, economista
Tan solo un día antes de su 95 cumpleaños, Raúl Castro se debió sorprender cuando le presentaron la “declaración del gobierno revolucionario” reivindicando la historia y existencia de la desconocida GAESA, justo en un momento en que la dinámica de las negociaciones con Estados Unidos entra en una etapa definitiva. Al viejo general poco le importa todo este rifirrafe creado por el régimen de La Habana con la declaración, pero, además de las consideraciones económicas que se desprenden del texto de la misma, hay varias ideas que parecen estar claras.
En primer
lugar, los redactores de este texto utilizan en todo momento el término “Revolución cubana”, no, gobierno cubano, lo que es un asunto que no debe pasar desapercibido. Más aún
cuando identifican al "gobierno de los Estados Unidos como el agente dispuesto a
actuar con premeditada intención en el afán por construir pretextos para
desacreditar a la Revolución cubana”. Al señalar el contencioso del gobierno de
Estados Unidos con la Revolución cubana, los redactores de la declaración del régimen pretenden
situarse en un nivel de “superioridad moral” en su contencioso con
Estados Unidos.
En segundo
lugar, la declaración está llena de “falsedades” que, o bien responden al desconocimiento
de la realidad o al deseo de crear un totum revolutum para todos aquellos que
se identifican como enemigos. Esto se percibe claramente cuando dicen que “todo
responde a una hoja de ruta diseñada por ideólogos de la ultraderecha
cubanoamericana, que se jactan de ser creativos e impredecibles”. Pues no es
así. Si existe una hoja de ruta, es cierto que no se puede atribuir a nadie en particular, sino que está aceptada no solo en Estados
Unidos y también por la amplia mayoría de la diáspora, donde lejos de estar pensando
en “herramientas que incrementen de manera extrema e inusitada la política de
máxima presión” lo que se pretende es identificar una ruta definitiva para la
libertad y la democracia en Cuba.
Y así, en
tercer lugar, la declaración entra de lleno en su objetivo principal que es
defender GAESA, bueno, el GAE, se elimina la sigla SA de la
parte final del término, aunque realmente sea la misma cosa. Para la
declaración, la orden presidencial del 1 de mayo identifica como blanco al
Grupo de Administración Empresarial (GAE), esta vez, “en articulación con las
denominadas sanciones secundarias dirigidas a todo actor extranjero que realice
operaciones de cualquier tipo con este Grupo, haciendo énfasis en las presiones
contra las instituciones financieras”. Y ni cortos ni perezosos, los
castristas reconocen que “se
trata de la escalada más intensa, desproporcionada y peligrosa en la historia
reciente de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos”. Se ve que olvidaron intencionadamente
la crisis de los misiles o las salidas masivas de la embajada de Perú y
Guantánamo como escenarios de una escalada humana mucho más intensa.
La escalada
actual afecta, según el régimen, las vertientes diplomática, comercial,
financiera y energética para imposibilitar la sostenibilidad de la nación;
condicionar el diálogo y evaluar variantes de agresión militar. Y concluyen que
“necesitan construir y consolidar una narrativa de descrédito reputacional
contra todas las instituciones que constituyen el sostén de nuestro proyecto
social”.
Dicho lo anterior, en cuarto lugar, el tronco central de la declaración trata infructuosamente, de arrojar algo de luz sobre el GAE, del que se construye una historia “heroica” procedente del perfeccionamiento empresarial del ejército, y por la necesidad imperiosa de obtener divisas. Este último, un reconocimiento evidente del fracaso del modelo de la economía marxista para generar recursos en el exterior. La declaración subraya que el GAE posee “una visión creativa, propia, autóctona y genuinamente cubana, agrupando empresas con capacidades en la generación de divisas y recursos que el Estado requiere para mantener y desarrollar las conquistas sociales y contribuir al fomento de sectores y ramas de la vida nacional”. Sin ir más lejos, el problema es por qué el Estado comunista es incapaz de generar divisas y se ve obligado a utilizar este tipo de artilugios para ello.
El blanqueamiento
de GAESA se describe por los “incontables servicios prestados a la Patria por
el Grupo de Administración Empresarial, de los que se citan básicamente tres, al
parecer la construcción de más de 10 mil viviendas en diversas provincias del
país(en 30 años de existencia de GAESA, nos sale a un cuarto de vivienda construido
por día), también la creación de un Campamento de pioneros y planes
vacacionales para la infancia (una actividad muy importante y de alto
coste para su financiación basada en las gratuidades comunistas) y luego la
lucha contra la pandemia de COVID-19 (aquí sin decir cómo).
Los servicios incontables de GAESA, donde se citan inversiones en la termoeléctrica Lidio Ramón Pérez (Felton) de Holguín (y los apagones qué), al diseño y consolidación de grandes obras hidráulicas (y los cortes del suministro de agua potable), entre ellas los trasvases Este-Oeste y Norte-Sur. Ahí están las inversiones y reparaciones hechas a policlínicos, casas del médico de la familia y a escuelas, son realmente de "una gran envergadura social y merecen ser destacados", pero sin un solo dato contrastable y fiable. La declaración afirma que “todas estas actividades han sido informadas sistemáticamente a la dirección del Partido, el Estado y el Gobierno y, en todos los casos, objeto del máximo control y fiscalización de las autoridades y mecanismos competentes”.
Y puede que sea cierto, pero la ausencia de GAESA de registros mercantiles y empresariales, el no someterse a las evaluaciones externas de la Contraloría y el status de privilegio que tiene la entidad, la aleja del conocimiento del pueblo cubano y lo que es mucho peor, de los mismos socios de GAESA, que por mucho que los comunistas digan lo contrario, configura una “estructura opaca y paralela al Estado cubano” actuando como un instrumento cuya eficacia es cuestionable, si no se dispone de la información de las cuentas anuales, el balance de situación, las personas que detentan el capital y demás datos que la exigencia jurídica de las empresas exige para operar con confiabilidad en los negocios. El hecho de ser una entidad auspiciada por el gobierno comunista debería convertir a GAESA en un ejemplo en cuanto a la presentación de sus datos y cuentas, con la máxima difusión a la población. No hacerlo traslada una imagen de provisionalidad y oscuridad que no beneficia al que auspicia este sistema empresarial.
Pero la
declaración va mucho más allá de una descripción propagandista de la vida y
obra de GAESA. Hay que tener en cuenta que este pliego de descargo de los
dirigentes del régimen comunista sobre el invento que surgió del período
especial y ha llegado a nuestros días opaco y poco transparente, tiene como
principal objetivo dirigirse a los socios actuales y potenciales del Grupo, que
han empezado a recoger sus despachos y oficinas en La Habana y volver a sus
países de origen.
La razón es obvia. En los
países occidentales, las empresas se ven obligadas a cumplir con procesos y
normas jurídicas de responsabilidad, que impactan directamente en sus cuentas de resultados. Y
cuando surgen advertencias y hechos que cuestionan determinadas actividades
por su naturaleza, se ponen pies en polvorosa. El régimen de La Habana esta
viendo como algunos de los socios de GAESA se están marchando y no tiene otro
remedio que dar traslado a los actuales y potenciales de un mensaje de
confianza. Este es el sentido de la declaración, a la que le importa poco lo
que pueda conocer el pueblo de Cuba o los negociadores de Estados Unidos.
El párrafo final de la declaración describe el objetivo de transparentar, con trazos generales, la actividad del GAE cuando se afirma que este “no es obra del secretismo, ni de élites y mucho menos la vía de enriquecimiento de unos pocos”. El descargo de la declaración revela, además, miedo, temor en sentido puro a la hecatombe empresarial que puede suponer para GAESA quedarse sin los socios internacionales que sostienen su actividad. El régimen de La Habana lo tiene muy claro y eleva a GAESA a las alturas, a señalar que “es uno de los tantos ejemplos que a lo largo de nuestro camino nos ha permitido resistir la agresión permanente del gobierno de Estados Unidos”, imputando su creación precisamente a Raúl Castro. Tal vez la única verdad de toda la declaración. Estoy seguro que le aguaron la fiesta de cumpleaños al general.
Un consejo final. Los redactores de esta declaración ya pueden ir preparando nuevos comunicados con datos reales y contrastables de GAESA, porque pueden dar por seguro que con este tipo de declaraciones no calmarán a los socios actuales y potenciales.
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