Con las medidas encima de la mesa, ¿Cuál es el siguiente paso hacia la libertad de Cuba?
Elías Amor Bravo, economista
La suerte está echada. Aprobado por el partido único y la
asamblea, Díaz Canel se ha encontrado, casi sin querer, con un documento de 176
medidas agrupadas en 23 ejes para intentar superar la grave crisis económica y
humanitaria que golpea a la Isla. Sin embargo, desde el Departamento de
Estado de Estados Unidos, se han apresurado para contestar diciendo que estas reformas
económicas no son otra cosa que “señales de humo superficiales”, descartando
que puedan suponer un cambio real en el modelo político de la isla.
Y hacen bien, porque estas “transformaciones”, que forman
parte de un relato construido por el régimen de La Habana para ganar tiempo,
están pensadas en clave de supervivencia por un régimen político que lleva 67
al frente del poder, y que, por tanto, no entiende de las prioridades de los
países democráticos de cuatro años. Por desgracia, los procesos de decisión de
las autoridades cubanas se parecen más a los que emplean los chinos, por ejemplo,
que al resto de países del mundo democrático liberal. Los chinos trabajan sus
planes y proyectos en términos de generaciones. Los cubanos no tanto, pero se
toman con poca prisa las cosas urgentes y prioritarias.
El Departamento de Estado de Estados Unidos tiene por delante
una convocatoria de elecciones midterm en noviembre, en las que se juegan posiciones
de poder político, y no se puede andar con baboserías, sobre todo cuando hay un
electorado comprometido que espera cambios, y ya mismo. No es extraño que la
primera reacción del entorno de Marco Rubio haya sido calificar las medidas
como “graduales y modestas, llegan con gran retraso y, en última instancia, son
señales de humo superficiales del régimen cubano”. Más claro, blanco y en
botella.
Entretanto, para animar el cotarro, el cangrejo se ha descolgado
con unas declaraciones a una cadena de televisión extranjera, acompañado de un
alto cargo del régimen relacionado con las inversiones exteriores, y colocó una
alfombra roja para todo el que quiera participar del “gran negocio” que se
acaba de abrir en la Isla. Mientras tanto, Díaz Canel por enésima vez observaba
como se le está desautorizado como portavoz y que, muy probablemente, su tiempo
está llegando a su fin. Además, la división interna en el núcleo de poder es
perceptible.
De modo que, ante una estrategia típica del régimen para crear
la ilusión de un compromiso con el cambio, que ha despertado la atención mediática
en medio mundo y muchos parecen convencidos de que La Habana actúa de buena fe,
la realidad es mucho más oscura y difícil.
Porque la economía de Cuba se muere lentamente y estas
“reformas económicas” no llegan a fin de mes y no tienen ni la sustancia ni el rigor
necesarios para alterar el curso de los acontecimientos.
¿Por qué decimos esto y en qué nos basamos?
Primero, ninguna de estas medidas supone el regreso de Cuba
a la economía de mercado, o capitalismo, da igual. Se mantiene inalterado el
diseño constitucional comunista de la constitución de 2019, donde el modelo económico
sigue siendo marxista leninista. Nada apunta a que ese modelo vaya a ser sustituido
con alguna de las medidas.
Segundo, algunas de estas “transformaciones”, si se aplicasen
realmente, supondrán un grave riesgo para la economía nacional, para el
conjunto de la sociedad cubana. Por ejemplo, sin ir más lejos, ¿a quién se le
ocurre que la autonomía municipal puede ser una estrategia de desarrollo,
permitiendo a los gobiernos locales exportar, importar, aprobar empresas,
recibir inversiones extranjeras, etc.? Con este tipo de medidas se pueden
generar peligrosas desigualdades económicas en el territorio, provocando más
daños que beneficios esperados.
Tercero, los redactores de estas medidas demuestran ser imprudentes
temerarios en materia de asuntos económicos, porque creen que poniendo
tiritas allí donde el paciente se desangra, requiriendo una cirugía altamente
especializada, pueden resolver la herida. Lo único que hacen es agravar más los
problemas. Por ejemplo, ninguna de las medidas aborda las urgencias principales
de la economía cubana en estos momentos que son la inflación descontrolada
y la cotización del peso, por los suelos. ¿Hasta cuándo sin hacer nada?
Cuarto, cabe una pregunta, si las medidas no son
técnicamente viables ni van a dar los resultados deseados en tiempo y forma,
¿para qué se alardea presentando el programa de transformaciones? y lo que es
más grave aún ¿qué sentido tiene querer engañarse una vez más? Del régimen de
La Habana siempre es conveniente desconfiar. Saben jugar las cartas marcadas y
las sacan en el momento oportuno. En materia de economía, y sin ir más lejos,
con la tarea ordenamiento de 2021 hicieron creer a medio mundo que llegaban los
cambios. Por el contrario, resultó en un fracaso estrepitoso. Esta vez se ha
podido comprobar. El relato de La Habana de unas medidas transformadoras
de la economía que van a salvar a los cubanos abriendo la Isla al capitalismo
se lo ha creído casi todo el mundo. Y es rotundamente falso por donde quiera
que se mire.
La mejor forma de constatar esa falta real de voluntad
política para emprender cambios económicos y políticos que promuevan el nacimiento
de una nueva república democrática es que ninguna de las medidas “transformadoras”
aborda la cuestión crucial y principal de la devolución del patrimonio privado
expropiado y robado a sus dueños por el régimen comunista. Este es el punto
de partida para volver a poner el contador de la economía cubana en posición de
START, y mientras tanto, nada puede salir bien si no se arregla de forma
definitiva este contencioso que exige voluntad política fuera de las
coordenadas del marxismo.
Y luego, los autores de estas medidas deberían ser conscientes
de la carga social que tienen y dejarse de hablar de tanto bloqueo/embargo y
demás maldades del vecino del norte. En La Habana saben bien cuál es el origen
del desastre de la economía cubana y también qué se tiene que hacer para salir
del agujero negro. Pero no van a mover ficha hasta que la partida esté llegando
a su final. Mientras tanto, alguien tendría que recordar a estos “transformadores”
de la economía cubana, que más de 2 millones de cubanos están demandando una
petición de perdón por los daños ocasionados en estos 67 años por el régimen
que ahora se va difuminando en foto fija. Todavía están a tiempo, y quizás
ganarían mucho más de lo que creen haciéndolo.
Ayer Manuel Cuesta Morúa del Consejo de Transición fue retenido y reprimido en su vivienda por fuerzas de la seguridad del estado del régimen comunista. La libertad se tiene que abrir camino.
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